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LAS CONDICIONES DE LA SARMIENTO"
En el parte final de este viaje el capitán de navio
Yalour presentó un extenso informe en el que
formula interesantes consideraciones relacionadas con
las condiciones de la "Sarmiento" como buque-escuela. respecto dice en una parte del informe:
"Responde la "Sarmiento" a las necesidades de
preparación práctica y entrenamiento, según las ideas
expuestas? Creo que no. La "Sarmiento" ha prestado
grandes servicios a nuestra marina en el sentido de completar la educación escolar de los oficiales, todos,
que han pasado por ella como aspirantes, y a los que han
navegado formando las planas mayores, haciéndole cosechar
grande experiencia en su formación marinera y en sus
conocimientos generales al visitar países que en general
pueden servir de modelo en algunas partes de sus
instituciones. La "Sarmiento" servirá aún por muchos años y
rendirá los beneficios que hasta ahora, pero no responde al
método de entrenamiento propuesto.
Se podría decir: ¿acaso
la "Sarmiento" no es un buque como cualquier otro de
nuestra armada? En el concepto general sí, pero analizándola
en sus detalles — todos particulares por su tipo especial —
no se presta para el entrenamiento del aspirante desde que
ha de alejar su aprendizaje de las necesidades impuestas en
un "Moreno", "San Martín" o "Buenos Aires".
"La "Sarmiento" no puede ofrecer con seguridad el
aprovechamiento íntegro destinado al curso, pues tan. pronto
hace un pozo de mal tiempo, es menester suspender enseñanza,
instrucción y entrenamiento, y éste desde luego trae como
consecuencia fallas en el método.
"La "Sarmiento", si bien facilita en todo grado la
adquisición de lo que los franceses llaman el "pie marin",
esta adquisición resulta demasiado cara en comparación de
las otras condiciones que debe adquirir el aspirante y que
en este buque resulta difícil desarrollarlas.
La "Sarmiento" puede formar buenos
oficiales marinos, pero no será una escuela de entrenamiento
para formar el oficial de buque, el oficial artillero, etc.;
sintetizando: el oficial de combate. Y ¿qué buque es
menester para llenar tales condiciones? Huelga apoyar la
idea de que debiera construirse un buque que reuniera todas
las condiciones para tal objeto y en concepto a ideas
modernas de preparación del oficial; pero, un buque de este
tipo costaría mucho dinero y éste no es lo que sobra en los
presupuestos de la marina, y en tal caso
lo que podamos gastar es preferible hacerlo en cosas que por
ahora son de más urgente necesidad.
"Si el método de entrenamiento expuesto en este parte
general se creyera de aplicación para llevarlo a la
práctica, no habría que gastar sino muy poco para tener un
barco en buenas condiciones. Bastaría tomar el "San Martín",
reducirle su tripulación, destinar una de las baterías para
alojamiento y camareta de aspirantes y arreglar algún
departamento de baños para uso exclusivo de aquéllos. A la
"Sarmiento" le quedaría aún en nuestra marina una gran
misión que llenar y de importancia, la formación de
oficiales de mar y clases, en la categoría, marineros y
timoneles. Agregada a las escuelas de grumetes, la
"Sarmiento" haría viajes continuos de cinco o seis meses de
duración, embarcando personal de marineros v máquinas
solamente y como planas mayores, un comandante, un segundo comandante, tres tenientes de
fragata y diez alféreces de navio. En esta forma la
"Sarmiento" no dejaría de llenar la misión que le fue
encomendada en nuestra marina, la enseñanza, la escuela".
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De Cape
Town al Atlantico |
De Cape
Town al Atlantico |
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De Cape
Town al Atlantico |
Momentos
antes de llegar a Buenos Aires |
DIVERSAS ESCENAS DE A BORDO
Mientras el barco navega sin dificultades de regreso a la
patria, las escenas comunes de la vida de a bordo cobran más
animación, se perfilan mejor. En la triple rueda del timón a mano los timoneles accionan
pesadamente manteniendo el rumbo que de cuando en cuando
verifica el oficial de guardia.
Son las dos de la tarde. Vibran las notas del clarín; corre
la gente a formar en el centro; es la hora del trabajo. Los
cabos con los hombres a sus órdenes recorren aqui los
aparejos forran allí un nervio de acero, remiendan, sentados
en rueda, cuidadosamente una vela desgarrada o picaretean y
pintan los rincones que puede atacar el óxido. Y es de ver
cómo se improvisan los "artistas" cuando se retoca la
pintura preparando el buque para entrar a puerto. Ningún
conscripto embarcado se licencia sin haber tenido un pincel
en la mano.
Más tarde el trompa empuña de nuevo su sonoro instrumento.
Al oír el toque aparecen por todas las puertas que dan a
cubierta los asistentes con sendos tachos en las manos. Es
el toque de agua dulce. Mentira parece que en un buque
continuamente rodeado por la inmensidad del mar, no teniendo
a la vista, debajo del cielo, más que agua, sea ésta una
primordial y constante preocupación. Acostumbrados en tierra
a gastar este elemento sin medida, es necesario viajar por
mar para convencerse del incalculable beneficio que
representa el poder derrocharlo.
El agua dulce hay que medirla escrupulosamente y en las
navegaciones largas hay que mezquinarla para prevenir
desagradables sorpresas.
El cabo trompa es el encargado de su reparto y cumple su
misión con la solemnidad de un rito. En esos momentos asume
aires de protector y dispensador de regios favores; durante
la distribución del agua no conoce a sus amigos.
A la hora melancólica del crepúsculo la banda de música
viene a desarrollar su programa diario sobre cubierta, como
para inyectar una nueva dosis de optimismo en los ánimos
agobiados y aletargados por el trabajo material de la
jornada.
El día que se suprimiera a bordo la banda de música la
"Sarmiento" perdería la mitad de su encanto. La banda con
los acordes vibrantes de las marchas es la que templa los
ánimos por la mañana, disponiéndolos a emprender una nueva
jornada de actividad y provecho. Es la que evoca los nobles
sentimientos patrióticos cuando con los acordes solemnes del
himno y con los pausados compases de la marcha regular
saluda al pabellón nacional en el momento de izarlo o
arriarlo. Es la que, durante las ceremonias religiosas, imita las sonoras orquestaciones del órgano. Y la banda
es la que en todas las fiestas, en todos los ratos de
expansión armoniza el bullicio que intenta escaparse de
todos los pechos y asume la representación de todos los
sentimientos vertiéndolos en notas alegres llenas de energía
y colorido.
A esa hora la música está cumpliendo esta última parte de su
complejo ministerio. Entre algunos trozos clásicos van
salpicados los "shimmys", "fox-trots", pasos dobles y tangos
que son el plato preferido por la tripulación. Alentadas por
los aplausos del público, las parejas de marineros y
conscriptos se entregan a la distracción de la danza que
adquiere variaciones novedosas impuestas por el rolido del
buque.
Después de la música y el baile llega la hora más amarga
para los que no tienen la conciencia tranquila: la lectura
de los plantones.
Hay algunos que han tomado abono en el libro de castigos:
éstos esperan la lectura de sus nombres con resignación.
Otros, los que rara vez se oyen nombrar, sienten subir al
rostro una ola de vergüenza cuando aparecen en público sus
trasgresiones a la disciplina.
Media hora más tarde las notas pausadas y melodiosas del
toque de silencio. La muchachada va a recobrar en el sueño
nuevas energías.
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