Historia y Arqueologia Marítima

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EL DESCUBRIMIENTO DEL LAGO ARGENTINO

 

 

Falkner / Fitz Roy/ Las 1as Concesiones Goleta Chubut/ Ocupacion de Sta Cruz / Tentativas de Exploracion Valentin Feilberg / Exploracion hacia Rio Gallegos
Lo que ocurrio despues / La carrera de Feilberg Lago Argentino o Lago Viedma? Conclusion Bibliografía
LA GOLETA "CHUBUT"

Las perspectivas de un conflicto no eran nada halagüeñas para las autoridades de Bueños Aires. El país acababa de salir de la larga y agotadora guerra con Paraguay, donde se había desangrado lo mejor de la juventud argentina. Borbotones de guerra civil hervían en el subsuelo de un interior descontento; las relaciones con Brasil se tendían peligrosamente amenazando tormenta también por ese lado, y para colmo el ejército carecía de armas y pertrechos modernos y prácticamente no había marina de guerra.

 Frente a la Argentina, un Chile coherente y macizo, con una población entonces similar a la de este lado de los Andes, con un ejército aguerrido y bien armado y una flota de guerra que contaba entre las mejores de América, bien adiestrada y con modernas unidades.

El problema de la marina era el más acuciante. Desde los tiempos de Rosas y el almirante Brown ese sector de las fuerzas armadas había sido descuidado hasta la incuria, cayendo en una involución tan lamentable que no es exagerado decir que en 1870 carecíamos de marina de guerra. Ante la grave situación Internacional hubo que improvisar una fuerza naval sacando buques de cualquier lado. De ese modo entró en la historia la goleta "Chubut".

A mediados de 1865 los galeses habían fundado, a orillas del Chubut, la. población de Rawson. Separados de la capital argentina por espacios enormes dominados por los indios, la única comunicación posible era por vía marítima, y con el fin de cubrir la línea el gobierno de Mitre dispuso la adquisición de un buque para realizar viajes regulares a ese punto. Se compró una goleta sueca de 68 pies de eslora, 26 de manga, 9 de calado y 120 toneladas de desplazamiento, construida con excelentes maderas escandinavas.

 La nave fue rebautizada "Chubut" en homenaje al rio que debía enlazar con el de la Plata, y durante ocho años cumplió con su cometido, trasladando elementos y personas de y para la colonia de Rawson, hasta que a principios de 1873, ya con el conflicto con Chile en el aire, el gobierno de Sarmiento la incorporó a la marina de guerra. Decidida la ocupación permanente del rio Santa Cruz la "Chubut" fue destinada para la delicada misión, colocándola bajo el mando del teniente coronel de marina Guillermo Lawrence, hasta entonces comandante del buque escuela "General Brown".

A principios de abril Lawrence se hizo cargo de su nuevo destino, llevando como segundo al teniente Demetrio Pietrowich y como oficial contador al subteniente Bribaldo Palacios. Formaban también la dotación el contramaestre Jorge Stevens, seis oficiales y diez marineros de cubierta. Los meses siguientes se emplearon en completar la tripulación y preparar a la nave, surta en el puerto de La Boca, para sus nuevas tareas. A fines de julio, ya casi terminados los preparativos, debió ser desembarcado muy enfermo el teniente Pietrowich, que falleció pocas días después, siendo nombrado en su reemplazo el teniente Juan S. Walker.

Se embarcaron tablones de pinotea, chapas acanaladas de zinc, más diversas herramientas y materiales de construcción para levantar la vivienda del proyectado destacamento a orillas del Santa Cruz, y el 20 de agosto hombres y nave estuvieron listos para emprender viaje, a excepción del teniente Walker, que debió desembarcar enfermo. Parece que el cargo traía mala suerte, o por lo menos justificaba sombríos pensamientos. Ignoramos qué habrá opinado al respecto el Joven oficial que fue destinado —el tercero en poco tiempo— para cubrir la vacante. No sabemos qué pensó, pero lo cierto es que con él entró la buena suerte. Era un muchacho de veintiún años, subteniente de marina y de nombre Valentín Feilberg.

El 21 de agosto el comandante Lawrence recibió bajo sobre cerrado las instrucciones a que debería sujetar su misión, con orden de no abrirlo hasta alcanzar la altura del cabo San Antonio. En las primeras horas del día 22, la "Chubut" desplegó velas y tomando viento puso proa al sur. La lista de revista de la goleta, de acuerdo al capitán de navio Luis Cabral, estaba constituida de la siguiente manera: Comandante, teniente coronel Guillermo Lawrence; subteniente y cortador Bribaldo Palacios; subteniente Valentín Feilberg; práctico de la costa sur, Francisco Arrevoir; contramaestre, Jorge Stevens; guardián primero Roberto Marshall; guardián segundo Jose Donovant; carpintero Marcelino Wilkinson; despensero Carlos Reinaldo; cocinero Tomás McMillan; timoneles gavieros Ricardo Martínez, Jorge Labrano, Augusto Galis, Antonio Brione, Henry Wint, William Jacobs y Jorge Hall; marineros, Peter West, Apóstol Zebra, James Conly, Francisco Bregnoli, Pedro Renovares, Manuel Machado, Miguel Max, Ángel Mont, José Pitt, Miguel Dufíi, Francisco Bernano, José Lúea, Antonio Trelles, Cecilio López, Guillermo Grahain, Juan Echeverría, Juan Wilson, Joseph Cordle, James Fisca, Davis Smith, John Lee, Juan Prieto, William Wolf y James van Orden.

El historiador citado, capitán Cabral, describe de este modo las características de la navegación: "...la goleta se hizo a la vela con rumbo al sur y con viento fresco del nordeste; y después de dejar las aguas del Rio de la Plata, el tiempo se tornó malo por los vientos contrarios... Algunos temporales y constantes vientos del sur y sudeste, exigieron guardar días consecutivos de capa, y lo mismo voltejear ciñendo el viento reinante, entorpeciendo así la libre navegación...'

Esto requiere un poco de traducción al español. Navegar a la capa, para un velero, era hacerlo con las velas recogidas, deteniendo o reduciendo al máximo la marcha; en cuanto a voltejear, significa navegar de bolina, virando para ganar el barlovento. Esto es exacto aunque escasamente diáfano para los terráqueos. Vamos a ver: barlovento es el lugar de donde viene el viento. Bolina tiene muchos significados, algunos deliciosos, por ejemplo: "Cabo con el que se hala hacia proa la relinga de barlovento de una vela para que reciba mejor el viento", pero navegar de bolina significa hacerlo de modo que la quilla del buque forme el menor ángulo posible con la dirección del viento. De modo que, en suma, lo que hizo la "Chubut" fue enfrentar las condiciones atmosféricas desfavorables recogiendo velas, disminuyendo velocidad y tratando de oponer la menor resistencia posible al viento. Y si esto no es cierto, merecería serlo. A veces hay problemas en traducir a lenguaje corriente ese encantador e incomprensible idioma de los marinos, sobre todo del tiempo de los veleros. Con la navegación a vapor, ademas de velocidad se ganó en claridad, si bien a costa de ese halo romántico que convertía a un buque en un paraíso de semántica para iniciados.

 

LA OCUPACIÓN DE SANTA CRUZ

Al llegar al cabo San Antonio el comandante Lawrence reunió a sus oficiales y abriendo el sobre de las instrucciones, dio lectura a las mismas. En lo sustancial, debían navegar directamente hasta el rio Santa Cruz, sin escalas, para proceder a la ocupación de sus orillas. Al respecto se prescribía: "... si al llegar la Chubut a Santa Cruz encontrara buques chilenos en la parte sur del rio, sin comprometer el honor de la bandera tomará posesión de la parte norte. . ." Allí se levantaría una casilla para alojar una guardia permanente. Como veremos, estas instrucciones restrictivas disgustaron a algunos oficiales, en especial al subteniente Fellberg.

Dadas las desfavorables condiciones climáticas, la navegación se prolongó a todo lo largo de septiembre y recién avistaron la costa de destino el 12 de octubre de 1873. Más de cincuenta días de travesía para lo que hoy demanda un par de horas en avión. A través del largo viaje no cruzaron una sola nave en el camino, pero tanto la "Chubut" como los hombres que llevaba a bordo llegaron en perfecto estado, sin haber sufrido ninguna contingencia desagradable.

Los expedicionarios tenían al frente la imponente visión del estuario del Santa Cruz, sembrado de peligrosos bancos, movibles y variables en razón de los enormes cambios de marea, que alcanzan un desnivel de 40 pies en pocas horas. Años atrás, el capitán Fitz Roy había descrito de esta manera el estuario: "En pleamar, un río majestuoso, sin obstáculos, se desliza suavemente o está inmóvil; en otras ocasiones un torrente impetuoso rueda entre bancos numerosos, cuyo oscuro color y triste aspecto armonizan con el agua turbia y amarillenta y las orillas peladas, negras y fangosas". Bandadas de aves marinas surcaban el ambiente, llenándolo de graznidos y aleteos.

La "Chubut" hendió las aguas hasta las precarias construcciones del Zanjón de los Misioneros, uno de los pocos lugares protegidos y con cierta provisión de madera de la zona, así llamado por haber sido sede de una frustrada tentativa de dos pastores protestantes, Teófilo F. Schmid y Federico J. Hunziker, por evangelizar a los Indios, acontecida un decenio atrás, en 1862

Los marinos convivieron con los colonos y luego, para cumplir con su cometido, la "Chubut" se trasladó hacia una eminencia que se levantaba en la costa sur, más hacia el interior, llamada Weddell Bluff —Morro de Weddell— así bautizada en homenaje al explorador antartico que entre 1820 y 1824 recorrió la enorme extensión marina este de la Península Antartica, mar que hoy lleva su nombre. Junto al Weddell Bluff la corriente efectúa un codo brusco, contorneando la eminencia: es la verdadera desembocadura del Santa Cruz, que llega del sudoeste. A escasa distancia, hacia el norte, vuelca sus aguas en el estuario el río Chico, procedente del noroeste.

La goleta "Chubut" recorrió ambas márgenes del estuario y la desembocadura del Santa Cruz, hallando pruebas de la reciente presencia chilena en el lugar. Más aún, si el mal tiempo no hubiera retardado a la "Chubut", los argentinos se hubieran encontrado con la "Covadonga", un poderoso navio de guerra chileno, de 570 toneladas, armado con dos modernos cañones Armstrong de 70 libras y con una máquina capaz de dar de 7 a 8 millas por hora, según refiere el historiador Armando Braun Menéndez. Esta espléndida unidad era motivo de doble orgullo para los chilenos, pues aparte de sus condiciones marineras y bélicas, era un brillante trofeo de guerra.

En efecto, la "Covadonga" había sido originalmente una nave de bandera española, y cuando España entró en guerra con Perú y Chile en 1865, formó parte de la escuadra que bloqueó Valparaíso. Con escasa fortuna, ya que los chilenos la abordaron con un buque muy Inferior y se adueñaron de ella, incorporándola a su propia marina. Fue una hazaña de ribetes heroicos. El capitán español se suicidó en su camarote y el único recuerdo que quedó de sus primitivos dueños fue el gato de a bordo, que pasó a servir bajo bandera chilena. Pues bien, la "Covadonga" había estado frente al Weddell Bluff hasta apenas una semana antes de llegar la "Chubut", y cerca de la orilla del río los marinos argentinos encontraron estacas clavadas y materiales de construcción, que señalaban el evidente propósito de levantar una casilla para albergar un destacamento permanente. La "Covadonga" había partido rumbo a Punta Arenas, presumiblemente en busca de elementos para continuar el trabajo.

Ante la presencia de huellas chilenas, el comandante Lawrence interpretó equivocadamente sus instrucciones, disponiendo ocupar la margen norte del Santa Cruz. Se suscitó entonces una diferencia con el subteniente Feilberg, que refutó el parecer del comandante. En efecto, las instrucciones decían que se ocupara la ribera norte en caso de hallarse naves chilenas sobre la banda sur. Dadas las circunstancias presentes, Feilberg consideraba deprimente para su dignidad de marino y un grave error, tanto militar como político, no proceder a la inmediata ocupación de la orilla sur. La discusión entablada entre el comandante y los oficiales fue larga y exhaustiva. De un momento a otro podían aparecer buques de guerra del país trasandino, esas modernas unidades bien artilladas y preparadas, contra las que nada podría la casi inerme "Chubut".

Empero, la energía y decisión de Feilberg forzaron el acuerdo: se desembarcaría para ocupar los terrenos al sur del Santa Cruz. En razón de la vehemencia y ardor con que había defendido tal criterio, Lawrence encomendó al subteniente la tarea de dirigir el levantamiento de la casilla para alojar a la guardia que afirmaría la soberanía argentina en la región.

 

TENTATIVAS DE EXPLORACIÓN

Valentín Feilberg, que en ese momento contaba 21 años de edad, había nacido en Buenos Aires el 3 de noviembre de 1852, hijo del dinamarqués Juan Pedro Feilberg y de Francisca Alsina, argentina. A los 16 años se incorporó a la Armada Nacional, embarcándose corno aspirante en el vapor Gualeguay el 15 de Mayo de 1869.

Tomó parte en los últimos tramos de la guerra del Paraguay y posteriormente en la represión de la primera rebelión de López Jordán. Pese a la corta edad, sus destacados_ servicios le valieron, antes de cumplir veinte años, ser condecorado por el gobierno nacional, el de Uruguay y el de Brasil. El mismo día en que fue ascendido a subteniente de marina, grado correspondiente al actual de alférez de fragata, fue destinado a la "Chubut", iniciando el primer viaje hacia el teatro donde escribiría una de las mejores páginas de su vida.

Feilberg eligió para erigir la casilla argentina el mismo lugar donde los hombres de la "Covadonga" principiaron a hacer la suya. Cinco días de trabajo demandó la tarea. Era una sencilla construcción de un solo ambiente, cuadrada, de cinco metros de lado y cuatro de altura. Lawrence designó para ocuparla un piquete de quince hombres, armados con rifles Enfileld, bajo el mando del subteniente Palacios. La habilitación oficial implicaba también la toma de posesión efectiva de las tierras al sur del Santa Cruz, por lo cual la ceremonia cobró caracteres solemnes. A bordo de la "Chubut", que sólo tenía dos pequeñas piezas de artillería, ambas desmontadas y guardadas en la bodega, se preparó una de ellas, cañoncito de bronce calibre doce, mientras en tierra se levantaba el mástil destinado a ser acariciado por nuestra bandera. Con la tripulación de la "Chubut" formada en tierra, en aquella desolada y lejana costa austral, mientras el pabellón nacional alcanzaba la altura del tope, veintiún cañonazos vibraron en el aire rompiendo el silencio.

Concluida la ceremonia se labró un acta, que fue firmada por el comandante Lawrence y el cuerpo de oficiales. Como afirma el capitán de fragata Luis Cabral: "Con la ocupación del puerto de Santa Cruz en la forma que queda explicada, parte de las órdenes más importantes del gobierno estaban cumplidas convenientemente, no por diplomáticos, sino por un par de marinos subalternos del escalafón militar."

El siguiente paso, prescripto también por las Instrucciones, consistía en explorar el río Santa Cruz de ser posible hasta sus fuentes. Dejando el destacamento junto al Weddell Bluff, Lawrence se internó con la "Chubut" hasta la desembocadura de una pequeña vía de agua, el Zanjón de las Salinas. Más adelante las dificultades opuestas por el río Impedían seguir con la goleta. Había llegado el momento de que un argentino intentara una empresa que hasta entonces se había mostrado superior a las fuerzas de quienes lo intentaron. Y la cosa venia de lejos.

Hasta donde sepamos, los primeros europeos que llegaron al estuario del Santa Cruz fueron los españoles de la "Santiago", componentes de la expedición de Magallanes, que en 1519, bajo el mando del piloto Serrano, se adelantó desde San Julián reconociendo la costa hacia el sur. Con bastante mala suerte, ya que la nave fue a dar contra un banco de la peligrosa entrada, naufragando rápidamente. Después, la poco atractiva costa patagónica, con sus permanentes acechanzas, hizo que los hombres de mar no fueran proclives a acercarse, quedando indefinidamente postergada su exploración.

Dos siglos y medio después Antonio de Viedma, partiendo también de San Julián, caminó hacia el oeste y distinguió un enorme lago que, según le dijeron los indígenas, daba origen al Santa Cruz, pero no verificó la exactitud del dato. Vino después el capitán Fitz Roy, bien equipado y acompañado, para quedarse corto por apenas veinte kilómetros después de un penoso combate con las aguas del rio.

Después probaron los chilenos, ya embarcados en la escalada para correr la frontera, ocupar la Patagonia, salir al Atlántico y encerrar a la Argentina al norte del Rio Negro. Dos veces intentaron subir el Santa Cruz, en una de ellas con una lancha a vapor y dos canoas de remos sirgadas por caballos, pero el arisco rio pudo mas que ellos y no alcanzaron la marca de Fitz Roy, quedando frustrado el propósito de explorar las fuentes.

En 1867 tomó cartas en el asunto Luis Piedra Buena. En su isla de Pavón, sopesando los datos indígenas de que el Santa Cruz nace en un lago cordillerano, decidió enviar un puñado de hombres hacia el oeste para comprobar la veracidad del informe. Lobo de mar, no se sentía atraído por las exploraciones terrestres, por lo cual delegó la tarea en un marino inglés, G. H. Gardiner, que, acompañado de tres connacionales, MacDougall, Peterson y Hansen, emprendió viaje, que no se efectuó remontando el Santa Cruz, sino por tierra, a caballo. Y Gardiner llegó a las fuentes del Santa Cruz.

En el camino encontró, al borde del río, la botella dejada años atrás por Roberto Fitz Roy. Gardiner recogió el mensaje para luego entregarlo a Piedra Buena. Como recuerda Juan Lucio Almeida, el marino no dio nombre al extenso espejo de agua que encontró al cabo de la travesía, limitándose a llamarlo en su informe Santa Cruz River Lagoon, Lago del río Santa Cruz, pero es indudable que había llegado a lo que hoy llamamos Lago Argentino. Empero, Gardiner había dirigido una expedición por tierra, de modo que el río mismo seguía inexplorado en la parte inicial de su curso.

 

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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