Historia y Arqueologia Marítima

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EL DESCUBRIMIENTO DEL LAGO ARGENTINO

 

Falkner / Fitz Roy/ Las 1as Concesiones Goleta Chubut/ Ocupacion de Sta Cruz / Tentativas de Exploracion Valentin Feilberg / Exploracion hacia Rio Gallegos
Lo que ocurrio despues / La carrera de Feilberg Lago Argentino o Lago Viedma? Conclusion Bibliografía
¿LAGO ARGENTINO O LAGO VIEDMA?

Nos queda aún un protagonista del que hablar: el lago al que llegó Valentín Feilberg. El subteniente creyó hallarse ante el Viedma, es decir el que descubriera noventa años atrás el explorador español, y asi lo consignó en sus informes.

En 1877, siguiendo sus pasos y los de Fitz Roy, remontó el río Santa Cruz Francisco P. Moreno, acompañado por un joven mendocino de 22 años, Carlos María Moyano, futuro primer gobernador del territorio de Santa Cruz, que iniciaba como oficial de la marina una brillante carrera en las regiones sureñas. Moreno siguió hasta en detalle a Feilberg escribiendo posteriormente: "He reconocido después que él aquellos parajes y he sirgado el bote de la misma manera; muchas noches he acampado en las mismas playas que el marino inglés y el argentino; al lado de los viejos troncos hachados por los marinos del Beagle, estaban las astillas dejadas por los tripulantes del bote de la Chubut; cuando pasamos el último campamento inglés y aumentaron las dificultades recordamos que las vencieron marineros compatriotas, y fue con verdadero gozo que descansamos el 14 de febrero de 1877, al pie del remo en el que había colgados fragmentos de la bandera dejada por Feilberg".

Moreno recogió el acta depositada dentro de la botella al pie del mástil y fue el primero en publicarla. Mas aún, cumpliendo con un acto de justicia, designó al lugar, donde aún quedaban jirones de la bandera enarbolada por el subteniente, Punta Feilberg, nombre que aún conserva. Pero Moreno consideró que no estaba ante el lago Viedma, sino otro distinto. Por ello se creyó autorizado para dar nombre al gran espejo de agua, e impresionado por la grandiosa belleza que tenía ante los ojos, escribió estas hermosas palabras: "¡Mar interno, hijo del manto patrio que cubre la Cordillera en la inmensa soledad, la naturaleza que te hizo no te dio nombre; la voluntad humana desde hoy te llamará Lago Argentino!".

Y como tal se lo conoce desde entonces. Pero en 1884 Benjamín F. Aráoz, médico de la Armada Nacional, que en tal carácter formara parte de la expedición al sur del comodoro Py en 1878 y que además ejercía el periodismo con el seudónimo de "Argos", rebatió con poderosos argumentos la interpretación de Moreno, asegurando que el lago al cual llegó Feilberg era el verdadero y real Víedma. Una de las bases de identificación había sido, para Moreno, la descripción de Antonio de Viedma: "En el fondo de esta Ensenada, que forman las sierras, hay dos piedras corno dos torres, la una más alta que la otra, cuyas puntas muy agudas exceden a todas las sierras vecinas y le llaman los indios Chaltel. Al Sud, como a media legua, se ve una rambla muy pendiente en la laguna, y es formada de nieve". Teniendo en cuenta que Chaltel significa en tehuelche Volcán, Moreno lo identificó con el monte Fitz Roy que se ve al fondo del actual Viedma, y en cuanto a la rambla de nieve la asimiló con el gran ventisquero que se vuelca en el lago, al que llamo de Darwin.

Aráoz desechó la interpretación, basado en que Viedma habla de dos torres y no de una, encontrando además que la descripción del español concuerda mejor con una formación divisada por Roberto Fitz Roy al fondo del Valle del Misterio, que lo impresionó por su parecido con un castillo en ruinas. Decía Aráoz: "Es que no fue el volcán Fitz Roy el que anotó Viedma en su diario de viaje. Fue aquel Castle Hill que menciona el navegante inglés y que divisó con tristeza como el límite occidental de la Llanura misteriosa, ante la cual tuvo que regresar en su malograda expedición.

Ante la mirada ansiosa de Fitz Roy y Darwin aparecía allá a lo lejos una especie de castillo feudal coronando la cima de un monte de 4.600 pies de elevación, sobre la cual Viedma señaló a la posteridad las dos piedras como torres que dominan la comarca. Castle Hill se encuentra en el Lago Argentino (léase Viedma) ocupando la misma situación N.O. que tiene el volcán Fitz Roy en el otro lago descubierto por Moreno. En el fondo de la ensenada que forman las sierras, Castle Hill domina sobre los montes Avellaneda, Buenos Aires, Frías y Moyano, exactamente como Viedma describe el histórico Chaltel. El subteniente Feilberg encontró allí las piedras que menciona el viejo itinerario, y el mismo señor Moreno, al ocuparse de la configuración de Castle Hill dice que su cumbre imita restos de geológica torre»".

Además, señalaba que la famosa rambla de nieve que Moreno identifica con el glacial Darvvin, no puede ser éste por estar a cuatro leguas y no media, como decía Viedma. Pero el punto central de la crítica de Aráoz se centraba en la ubicación del lago al que llegara Viedma, de acuerdo a las observaciones astronómicas del piloto Gundin, que lo ubicaba en los 50° 11'. Exactamente la ubicación del Lago Argentino. Moreno argumentó que: "Esta latitud puede ser errónea como lo son todas las Indicadas por Viedma; como un ejemplo citaré la de Puerto San Julián 49 grados 21 minutos, cuando las muy exactas de los oficiales ingleses le asignan 49 grados 10 minutos. 11 segundos de diferencia".

Argos fue muy hábil al rebatir. Comenzó por señalar que entre los grados 49 y 51 de latitud se encuentran tres grandes lagos, hoy conocidos de norte a sur como San Martín, Viedma y Argentino. Se trata de saber a cuál llegó Antonio de Viedma. Su piloto halló que el espejo de agua ante el que se encontraba se hallaba en los 50° 11'. Carlos Moyano, compañero de Francisco P. Moreno, ubicó el lago que éste llamó Argentino exactamente a los 50° 11'. La coincidencia es demasiado grande para ser fortuita y ante la explicación de Moreno de que el piloto Gundin se debió equivocar, afirma con razón: "Nada más sencillo que levantar una latitud, especialmente para hombres como Gundin acostumbrados a efectuar esta operación astronómica por lo menos una vez cada 24 horas, al fijar en el mar la posición de la nave".

Y como Moyano y Moreno fijaron al lago que llamaron Viedma a los 49° 33', resultaría que el piloto español se habría equivocado nada menos que en setenta y cuatro kilómetros, un verdadero record de chingada. Y el médico periodista remata: "En la medición de la altura directa por medio del cuadrante y del horizonte artificial, no puede haberse cometido un error de aquella magnitud, pues la incertidumbre de la refracción, como lo sabe muy bien el Dr. Moreno, nunca es superior a 5 minutos... y como la latitud fue tomada por el sol, en verano, la incertidumbre entonces es solo de segundos".

Ignoramos si el gran explorador patagónico respondió a la última andanada de Aráoz, pero debemos consignar que la crítica de éste iba dirigida a una interpretación geográfica del notable Perito y no a su alta capacidad científica, por ello proponía que el actual lago Viedma fuera llamado Lago Moreno, como justo homenaje a quien Argos consideraba verdadero descubridor. Empero nada de ello prosperó. Era muy grande el prestigio de Francisco P. Moreno, muy firme su personalidad, de manera que desde entonces hasta hoy la toponimia por él fijada ha permanecido intacta.

CONCLUSIÓN

Cabría señalar, antes de poner punto final a esta nota, que la posteridad, tan agradecida con Francisco P. Moreno y su enorme labor, ha sido bastante más parca con el recuerdo de Valentín Feilberg, que sin poseer la talla científica del Perito, ganó méritos sobrados para perpetuar su nombre entre los argentinos. Explorador pionero del Santa Cruz y del Pilcomayo, nunca pretendió ser sino lo que era: un marino de profesión que cumplía el deber de develar una geografía nacional entonces difusa e imprecisa. Colaboró en primera línea al mejor conocimiento del país, sin alardes dramáticos ni buscando promociones personales. Por eso el silencio del que nunca salió en vida terminó por ocultarlo en el recuerdo.

Francisco P. Moreno fue uno de los pocos en hacerle justicia, al llamar Punta Feilberg al lejano lugar donde un oscuro subteniente de marina clavara un remo con la bandera argentina ondeando al tope. Nada más lo recuerda. ¿No habrá llegado el momento, al cumplirse el siglo de la hazaña, de que por lo menos un sencillo monolito con el nombre de los expedicionarios de 1873, vuelva a servir de mástil a la bandera, allá en Punta Feilberg, ante la imponencia del Lago Argentino?

En cuanto al lago mismo... Posiblemente el subteniente no se equivocara al llamar Viedma a la masa de agua donde nace el Santa Cruz. Tal vez Moreno cometiera un error de apreciación Empero, el tiempo ha consagrado la designación impuesta por el Perito por antonomasia, y está bien que aquel mar interior, hijo del manto patrio que cubre la Cordillera en la inmensa soledad, lleve el nombre de Argentino. Que no hay mejor designación para aquello que fue dado ¿ conocer e incorporado al patrimonio nacional por ejemplares hijos de esta tierra.

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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