Historia y Arqueologia Marítima

LA EXPEDICION PY A LA PATAGONIA - 1878

Tensiones con Chile Comparacion de los poderes navales argentino  chileno Formacion de la Division Naval Argentina
Zarpada de la expedicion y navegacion a Sta. Cruz Izamiento del Pabellón en Santa Cruz Sucesos durante la estadía
Conclusiones

Sucesos durante la estadía en Santa Cruz 

Amanece el 17 de diciembre de 1878 y a bordo de la corbeta Uruguay hay una actividad fuera de la habitual que rompe la rutina diaria. Ese día serán sometidos a examen los alumnos de la Escuela Naval Militar que se encuentran a bordo. Son 39 cadetes que pertenecen del primero al octavo semestres. Este último lo integran los cadetes Agustín del Castillo, Emilio Barilari y Alberto Cánepa. 

Un cadete perteneciente a este semestre, Juan Picasso, había rendido examen con fecha 8 de octubre, que había aprobado, y luego enviado a Europa formando una comisión naval. Fue promovido a subteniente de Marina pero su antigüedad debía contarse desde la fecha en que rindieran sus pruebas los demás alumnos del mismo semestre. La comisión examinadora estaba formada por el jefe de la división naval, comodoro Luis Py, el segundo comandante del monitor Los Andes, sargento mayor de Marina Rafael Blanco, el de igual graduación Enrique Howard, el auditor Lucio de la Fuente y el doctor Benjamin Aráoz. 

Ningún alumno fue reprobado y las notas oscilaron entre sobresaliente, muy bueno y bueno, y únicamente seis cadetes fueron calificados con regular. Los alumnos que cursaban el último semestre obtuvieron el concepto de muy bueno en sus exámenes y as! quedaron en condiciones de ser promovidos a la jerarquía de oficial. Fueron ascendidos directamente a subtenientes de Marina cuando en realidad correspondía que los nombraran guardiamarinas, pero la falta de oficiales en la Escuadra hizo necesaria la promoción a subtenientes. 

Así se produjo el primer egreso de oficiales de la Escuela Naval Militar. Los desvelos del comodoro Clodomiro Urtubey, que conta- ron con el amplio apoyo del  entonces presidente de la Nación, el ilustre Sarmiento, se veían ahora concretados con el egreso de esos cuatro subtenientes. En lo sucesivo, la Armada Argentina contaría con oficiales profesionalmente bien formados en una escuela en la cual se les había inculcado, además del conocimiento de las técnicas, las reglas de la disciplina, basamento cumbre en la formación militar. A partir de 1879 fueron egresando de la Escuela Naval Militar camadas de jóvenes marinos que nutrieron y siguen aportando a la Armada Argentina una savia revitalizadora. 

Fueron transcurriendo los días y los víve res comenzaron a escasear. La goleta Cabo de Hornos, que los conducía desde Buenos Aires, todavía no habla arribado y únicamente se contaba con galleta marinera y carne salada. Esta era de muy mala calidad pues había sido preparada según un nuevo procedimiento y se echó a perder, a punto tal que los barriles que la contenían debían ser abiertos con suma precaución para evitar su estallido. Fue colocada en bolsas de red que, atadas al tangón, se introducían en el río para que la corriente se encargase de sanearla y hacerla comestible. Cuatro indios aparecieron en el lugar acompañados por un numeroso grupo de perros; se dedicaban a la caza de guanacos mediante boleadoras y fueron contratados corro proveedores de carne de los animales que cazaban. Así se consiguió mitigar la escasez de alimentos, que también era combatida mediante la pesca que en aquel río hacían los tripulantes de las naves. A los indios se les abonó un buen precio por la carne provista. El tabaco faltaba casi por completo y el agua potable también empezó a agotarse, por lo que fue necesario enviar marineros en botes para conseguirla en las inmediaciones de la isla Pavón, por cuanto el agua del río Santa Cruz, en Cañadón de los Misioneros, era salobre. 

Se aprovechaba la marea creciente para remontar el río. Una lancha de la corbeta Uruguay fue enviada río arriba para conseguir agua dulce. Estaba tripulada por cinco marineros: Jaime Murray, Ignacio Galeano, Julián Ereuque, Celestino Vidal y Francisco Rodríguez. Al virar un recodo del río, la lancha tocó en una restinga y se dio vuelta, lo que ocasionó la caída al agua de los cinco tripulantes, que fueron arrastrados por la fuerte correntada y no podían mantenerse a flote. Unicamente Rodríguez, asido a un remo, logró alcanzar la orilla, pero los otros cuatro marineros perecieron ahogados. 

Al poco tiempo de encontrarse aquella división naval que mandaba Py en Santa Cruz, se recibieron en Buenos Aires (6 de diciembre de 1878) telegramas procedentes de Santiago de Chile, que informaban que entre el ministro de Relaciones Exteriores de ese país, don Alejandro Fierro, y el ministro plenipotenciario argentino, señor Sarratea, se había firmado un acuerdo mediante el cual se establecía un statu quo por espacio de dieciocho meses en la cuestión de límites. El presidente de la nación, Dr. Avellaneda, cursó una circular a todos los gobernadores de provincia, en la cual les informaba que "nuestros conflictos con Chile han terminado, quedando la paz afianzada bajo bases seguras y decorosas". -

 Mientras en la República Argentina la noticia fue recibida con júbilo, en Chile, sobre todo en Santiago y Valparaiso, los hombres públicos de esa nación que habían intervenido en la concreción del acuerdo eran repudiados. Seguramente las autoridades chilenas tenían la mira puesta en el futuro conflicto que se avecinaba en el Pacífico, contra Perú y Bolivia, y no podían darse el lujo de enfrentar otro problema bélico con nosotros, en el Sur. 

El 20 de diciembre arribó a Cañadón de los Misioneros el pequeño cúter Los Estados al mando del teniente de Marina Carlos Núñez, con cinco tripulantes. Había partido de Buenos Aires a fines de noviembre y era portador de las primeras noticias que enviaba el gobierno nacional y que indicaban la buena marcha que tomaban las negociaciones diplomáticas. El 4 de enero de 1879 llegó la goleta Cabo de Hornos a órdenes del teniente coronel de Marina Luis Piedra Buena, con un cargamento de víveres, carbón, vestuario, elementos de máquina y una lanchita de vapor, la Monte León, que luego prestaría excelentes servicios en la Subdelegación de Marina, en Santa Cruz. 

Piedra Buena era portador de gratas noticias y le informó a Py la firma del acuerdo con los chilenos. Además llevaba una orden para que la corbeta Uruguay regresara a Buenos Aires para tomar parte de la expedición al río Negro, que estaba relacionada con la campaña que el general Roca emprendería contra el aborigen para dominar el Desierto. El 6 de enero arriba a Cañadón de los Misioneros la bombardero República al mando del teniente coronel de Marina Daniel de Solier. Llegó a Santa Cruz metiendo pingüinos al fuego de su caldera para economizar carbón, elemento que casi estaba agotado. De acuerdo con la orden recibida, el comodoro Py dispuso el regreso a Buenos Aires de la corbeta Uruguay, nave que abandonó el lugar el 8 de enero. Once días después también se alejó rumbo a nuestra capital la goleta Cabo de Hornos. 

Durante el mes de febrero, por noticias recibidas de los capitanes de buques que arribaron a Santa Cruz procedentes de Punta Arenas (del pailebote oriental San ]osé y del ballenero norteamericano Astoria), el comodoro Py fue informado de que Chile había declarado la guerra al Perú y a Bolivia. Este hecho bélico fue confirmado por el comandante de la cañonera Paraná, que llegó a Santa Cruz el 9 de marzo de 1879. En esos momentos Py recibió una comunicación del ministro de Guerra y Marina, que le ordenaba navegar con su división, en demanda del puerto de Patagones, para prestar ayuda al teniente coronel de Marina Martín Guerrico, que debía llevar a cabo una exploración en el río Negro. 

De acuerdo con ello el cornodoro Py dispuso que el cúter Los Estados, al mando del guardiamarina Félix Paz, permaneciese en Santa Cruz a disposición de la Subdelegación de Marina que había sido creada mediante decreto del 12 de noviembre de 1878, el cual también especificaba que el teniente de Marina Carlos María Moyano estaría al frente de la misma. En principio tuvo su asiento en la isla Pavón y su dotación era de once personas. Moyano convino con el comodoro Py trasladar la sede de la Subdelegación desde la isla Pavón a Cañadón de los Misioneros y el 11 de marzo de 1879 con su gente se hizo cargo del lugar en reemplazo de la tropa que mandaba el sargento mayor Adalid, que estaba de guarnición allí. También se acordó que la cañonera Paraná quedase de estación en Santa Cruz, en misión de vigilancia. 

El comodoro Py, en cumplimiento de la orden recibida del Ministerio de Guerra y Marina, se aprestó a dejar el río Santa Cruz. Reembarcada la tropa del Ejército, el monitor Los Andes y las bombarderos Constitución y República zarparon el 14 de marzo rumbo al puerto de Carmen de Patagones, al que arribaron cinco días después tras una navegación sin inconvenientes. El 25 de mayo de 1879 los marinos estuvieron presentes cuando la división expediciona ria del Ejército llevó a cabo una ceremonia en la ribera del río Negro, en conmemoración del sexagésimo noveno aniversario de la RevoIución de Mayo. Luego de una estadía en Carmen de Patagones se dispuso el regreso de los buques a Buenos Aires. 

Zarparon el 2 de julio y siete días después, empavesados de gala, hicieron su entrada en Buenos Aires. El comodoro Py cursó un oficio al ministro de Guerra y Marina, y en él comunicaba:

 "Excmo. señor- El 8 de noviembre del año 1878, en cumplimiento de superiores instrucciones, nota inclusa fecha 7 del mismo, zarpé del puerto de Buenos Aires con el acorazado Los Andes, cañonera Uruguay, bombarderos República y Constitución, todas a mis inmediatas órdenes y con destino a Santa Cruz. Conocido es de todos el motivo de esta Comisión, como lo es también la influencia que la operación tuvo en el arreglo del litigio pendiente con la R. de Chile por derecho de jurisdicción sobre el territorio en cuestión. Si tuvo dos méritos la Comisión, mereciendo premio o censura su desempeño, no entro a juzgar. Me limito solo a mencionarla como vía de antecedente dejando a la superioridad el fallo y observaré que en aquel lejano punto hemos estado de estación próximos a 4 meses, que sólo abandonamos cuando la superioridad así lo dispuso. Inmediatamente de recibir la presente, decía el sefíor Ministro de Guerra y Marina en la nota que acompaño, fecha 26 de febrero de 1879.- «Se pondrá V.S. en marcha con la División de su mando hasta el Puerto de Patagones y prestará todo género de auxilios al Tte. Coronel D. Martín Guerrico, con el objeto de que este Jefe pueda llevar a cabo con los mejores resultados posibles la exploración científica que el Gobierno le ha encargados. Esta orden fue cumplida estrictamente y puedo asegurar que el establecimiento de la línea divisoria entre el salvage y la civilización tuvo por cooperadores a los Jefes, Oficiales y tripulantes de la División del Sud. Lamento el hecho de tener que desempeñar el doble rol de defensor de mis propios actos y de los de aquellos que he tenido el honor de tener a mis órdenes. Si fuera posible limitar mi informe para pedir justicia para los demás con prescindencia de mi propia persona, mis palabras serían más encomiásticas, pero mediando lo ante dicho, no creo deber agregar una frase más. Fdo.: Luis PY." 

El ministro de Guerra y Marina, general Julio A. Roca, expuso ante el Congreso Nacional la labor del departamento a su cargo (14 de abril de 1879), y al referirse a la rama Marina, expresó: 

"Honorables señores Senadores y Diputados: Vengo por segunda vez a daros cuenta de la labor administrativa correspondiente al Departamento de Marina. En la Memoria que tuve el honor de pre- sentaros el año anterior, se hacía notar ya la necesidad de consagrar a este ramo mayor atención y recursos de los que hasta el presente han podido dedicársela, teniendo presente que la República Argentina debe ser en breve tiempo una Nación esencialmente marítima, pues sus mayores intereses se hallan vinculados en el porvenir a la población de sus costas y a la habilitación de sus puertos para el comercio universal. Una Armada no se improvisa, sobre todo si, como sucede entre nosotros, no existe una marina nacional capaz de suministrar a una escuadra el personal competente. Por ello debemos encontrar nuestros mayores recursos en el fomento de la marina, dotando a la escuadra, no sólo de los buques y del personal que le falta, sino también y especialmente de los buques mixtos que han de poner en comunicación continua los puertos de la Patagonia que derramarán en su trayecto la civilización y la vida de esas regiones. Asegurada la campaña del Sur por la supresión del desierto, Bahía Blanca será de hoy en adelante el puerto de salida para todos los productos del Sur de Buenos Aires. Patagones, por su parte será también en breve un puerto concurrido a donde afluirá la navegación atraída por la población que la nueva frontera llevará a las costas del río Negro. En cuanto a los puertos del extremo Sur, el Chubut, Santa Cruz, prestarán importantes servicios al comercio internacional una vez que sean habilitados. En momentos difíciles en que se creyó que la honra nacional se hallaba en peligro, se dió la orden de formar la 1ª División de la Escuadra y partir a situarse en el puerto de Santa Cruz. Fue menester improvisarlo todo. La prueba a que fueron sometidos nuestros marineros ha sido decisiva. La Nación sabe ya que cuenta con oficiales capaces de conducir sus buques a través de los mares procelosos Y que la bandera de la patria no corre peligro en sus manos. Los jefes y soldados de Los Andes, Uruguay, Cabo de Hornos, República, Constitución, Paraná, Torpedo y cúter Los Estados, que formaron esa División, han cumplido con su deber haciéndose dignos de la consideración de la Nación. 

Así terminó esa primera expedición al Sur, cambiándose felizmente su objeto bélico en trabajos destinados a la paz y progreso de las mismas naciones que tan próximas se hallaron de los desastres de la guerra. Ya no existe entre nosotros el temor que inspiran los mares lejanos y un espíritu de noble emulación se ha despertado en la oficialidad y marinería que ha presenciado el acto de audacia y de valor llevado a cabo por el teniente Méndez, guardia marina Félix Paz y tres marineros que atravesaron la mar desde Buenos Aires a Santa Cruz, en el cúter Los Estados que, como se sabe, no es otra cosa que un bote con una vela latina.  Hace apenas un año no era conocido el poder marítimo de la República, pues sus buques habían permanecido encerrados dentro de los ríos. Hoy tenemos una Escuadra que ha probado ser capaz de sostener el dominio de sus mares desde el Plata hasta el cabo de Hornos.

Debo limitarme por ahora a presentar las la Memoria de Marina, reservando la que corresponde al Ejército de tierra, para seros sometida a mi vuelta de río Negro cuando, establecida la nueva línea de las fronteras, pueda llevar a conocimiento de V.H. los hechos realizados en esta campaiía que abre el Ejercito contra el desierto y la barbarie, para dilatar los horizontes de la Nación y poner al amparo de nuestras leyes aquellos vastos territorios australes que desde la época de la conquista estuvieron bajo el dominio del salvaje y que hoy entran al fin a formar parte de la riqueza nacional. Julio A. Roca. Abril 14 de 1879." 

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