Historia
y Arqueologia Marítima
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ARMADA DE PERU
EMBARCACIONES EN EL ANTIGUO PERU
Esta seccion esta compuesta por textos e imagenes del libro "El Mar de Grau y la Marina de Guerra del Perú", editado por la Armada Peruana, con textos del Dr. Percy Cayo Córdova y el Dr. Raul Palacios Rodríguez, impreso en Francia en ingles y español, sin fecha. Solo se han tomado los capitulos sobre el Mar en el Antiguo Peru y en el Virreinato, la emancipacion y la Republica.
| El mar en el antiguo Perú | Embarcaciones en el Antiguo Perú | Occidente llega por mar |
| El mar y la Independencia del Perú | El Estudio y Exploracion de la selva | Hacia un poderio naval |
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¿Desde cuándo el hombre peruano se "hizo" a la mar? Sin duda, la pregunta es imposible de contestarse con exactitud. Desde "cuándo", queda en el misterio; sí sabemos, que nuestras gentes para asombro del conquistador europeo habían alcanzado el más alto desarrollo y dominio en esta materia, que pueblo alguno hubiera logrado en el Nuevo Mundo. Hay discrepancias respecto desde cuándo el hombre se internó en el mar. Para algunos no fue de ninguna manera antes del período pre-cerámioo: otros piensan que sí, que ya antes el hombre se intentaba con sus redes en busca de la buena y beneficiosa pesca. En todo caso, la aparición de las embarcaciones no debió ser simultánea en toda la costa peruana y debió estar condicionada al material con la que fueron elaboradas. Arduo resulta aclarar este tema por cuanto la consistencia de los diversos materiales con que fueron hechas, no permite encontrarlas en los yacimientos arqueológicos sino muy excepcionalmente. TIPOS DE EMBARCACIONES: LA BALSA DE TRONCOS Son cuatro los tipos de embarcaciones que supieron construir los antiguos peruanos, tipos de balsas, como las ha llamado Hermann Buse; ellas fueron: de troncos, de totora, de calabazas y de odres o pellejos inflados. La balsa de troncos debió ser la más antigua y haber evolucionado a partir del simple leño que sirviera inicialmente como suerte de flotador. La balsa descrita por el cronista Jerez y que el copista Juan de Sámano en su calidad de secretario de la Corte transcribió, debe considerarse como perteneciente a este tipo. El lector ya la conoce porque la hemos reseñado en los párrafos iniciales.
Representacion Chimú de dos navegantes sobre una balsa, que tiene tambien motivos marinos. Estas balsas eran de un número impar de troncos, siendo el del centro de tamaño mayor que los laterales. La madera que usaban, según descripción de Garcilaso en sus Comentarios Reales, Libro III Capítulo XVI era "delgada como el muslo, liviana como la higuera", y el Inca ordenaba la trajesen de la provincia de Quito, pues era la mejor para estos menesteres. Continúa nuestro cronista en los siguientes términos: "Hacían della balsas grandes y chicas, de cinco o de siete palos largos, atados unos con otros: el de en medio era más largo que todos los otros; los primeros colaterales eran menos largos, luego los segundos eran más cortos, porque así cortasen mejor el agua, que no la frente toda pareja y la misma forma tenían a la popa que a la proa". Esta descripcion de Garcilaso que probablemente llegó a verlas, se encuentra repetida en numerosos otros textos de cronistas, algunos como Lopez de Gómara, en su notable Historia General de los Indios, reseñaron muy bien este tipo de embarcacion, sin duda a aprtir de numerosoas noticias pues sabemos que no estuvo en el Peru; pero su informacion fué muy verídica, porque en el cotejo con otras fuentes siempre podemos comprobar que dice verdad. Por ser version muy gráfica la reproducimos en el fragmento mas significativo: "Están las balsas hechas de cinco, siete y nueve vigas largas y ligeras, de forma de la mano de un hombre, porque la madera de en medio es más larga que las otras por ambos lados, y cada una de las otras es más corta cuando más al extremo están. Van llanas y atadas, y es corriente navegar en ellas". "Y es corriente navegar en ellas", dice López de Gomara, que no las vio; el cronista Agustín de Zarate, que sí las vio, las describe muy semejantes; lo que ambos no hubieran podido prever es que este tipo de embarcación subsistiera durante tanto tiempo tan parecida a la que detallaron. Tal afirmación se puede comprobar al leer la Relación Histórica del Viaje a la América Meridional, escrita por Jorge Juan y Antonio de Ulloa, y que se imprimiera en Madrid el año 1748, en la que relatan el viaje que realizaron a la América del Sur, acompañando a la expedición francesa de La Condamine. Para 1736 ambos estuvieron por estas tierras, observando y aprendiendo del contacto personal con la nueva realidad que se les presentaba. Ambos, Juan y Ulloa, han dejado testimonios interesantes en torno de los temas marinos. También mencionaron que "componense estas balzas, ó fangadas de 5, 7 ó 9 palos de una madera, que aunque allí no la conocen por otro nombre, que el de Balza. . ."; refieren que con ellas navegan no sólo en el río de Guayaquil, "sino también en la Mar; por donde hacen la travesía hasta Payta. Su tamaño es vario, y su ejercicio, o destino también: unas tienen el de la Pesca; otras sirven para el tráfico del mismo Río, conduciendo todo género de mercaderías y frutos desde la Bodega hasta Guayaquil, y de allí a la Puna. Salto de Tumbez, y Payta". Juan y Ulloa se admiran de la forma cómo habían sido unidos los troncos. "Toda la unión de los palos, que componen esta especie de embarcaciones, se hace por medio de Bejucos; con los cuales se amarran unos contra otros, y con los Atravesaños, que cruzan por arriba tan fuertemente, que resisten a las gruessas marejadas en las travesías a la Costa de Tumbez y Payta: estos tienen la propiedad de que una vez bien amarrados, no dan de sí con el continuo juego, aunque muy corto, que por necesidad ha de hacer toda esta embarcación". Lo más extraordinario de estas embarcaciones, y por cierto lo que más alabaron los marinos Jorge Juan y Antonio de Ulloa, es la capacidad que tenían para navegar aún con el viento en contra. Aquí la admirada descripción que hacen estos hombres de mar: "La mayor particularidad de esta embarcación es que navega, y bordea quando tiene viento contrario lo mismo, que qualquiera de Quilla; y van tan segura en la dirección del Rumbo, que se le quiere dar, que discrepa muy poco de él: esto lo logra con distinto artificio que el del Timón, y se reduce a unos Tablones de 3 a 4 Varas de largo, y media de ancho, que llaman Guares, los cuales se acomodan verticalmente en la parte posterior, o Popa; y en la anterior, o Proa entre los Palos principales de ella; por cuyo medio, y el de ahondar unos en el agua, y sacar alguna cosa otros, consiguen, que orse; arribe; bire de Bordo, por delante, o en redondo; y se mantenga a la Capa según conviene la faena para el intento. Invención que hasta ahora se ha ignorado en las más cultas Naciones de Europa; y que descubierta entre los Indios solo su maniobra, los fundamentos de ella, ni fueron penetrados de sus incultos Entendimientos, ni aun los han concebido todavía. Si su noticia se hubiera divulgado antes en Europa, muchos Naufragios havrian sido menos lastimosos salvando las Vidas por medio de este recurso los que las han perdido en ellos por su falta". Extraordinario testimonio de marinos europeos del siglo XVIII, que ponderan una técnica aborigen peculiar como todas sus creaciones, pues por el aislamiento en que vivió América hasta el siglo XVI, sus elementos culturales fueron creación propia.
Balsa de troncos Mochica, jalada por dos nadadores. Estas balsas debieron ser provistas de velas, en una época difícil de determinar. Se puede afirmar, con escaso margen de error, que su aparición fue posterior al período Intermedio Temprano, o Primera emancipación regional, ello, en virtud de que en dicha época, clásica según otras denominaciones, la cerámica tuvo claras manifestaciones pictóricas y escultóricas (en ciertos casos no eran excluyentes). Con fundamento se puede dudar de su existencia antes de esa etapa, porque los Mochicas, pueblo de aquella era, fueron muy afectos a representar en sus ceramios todo lo que los circundaba; de ellos hay huacos (o ceramios) arquitectónicos, que nos permiten conocer cómo eran sus edificaciones; huacos zoomorfos, que nos describen qué especies animales conocieron; huacos fitomorfos, que nos describen qué plantas y frutos cultivaron, etc. Hubo un afán muy marcado en los hombres de esta cultura, de expresar en los ceramios todas las manifestaciones de su vida económica, social, etc. No es dable suponer que de haber tenido velas estas balsas no las hubieran representado, como sí lo hicieron con otros elementos que usaron para la navegación. Podríamos imaginar que la balsa a vela fue evidentemente de la época incaica; tal vez de algún período inmediatamente anterior. En ello cabe la duda, mas no en que fue uno de los más excepcionales avances técnicos que los europeos alcanzaron a constatar, sobre todo, esas circunstancias que tan bien nos dejan descritas Jorge Juan y Antonio de Ulloa. Testimonios evidentes nos señalan que estas balsas eran impulsadas por zaguales de diversos tipos, entre ellos el de canalete, que conocieron y usaron, por ejemplo, los Mochicas en otros tipos de embarcaciones; los canaletes estaban formados por gruesas cañas de bambú, partidas longitudinalmente por la mitad, en cuyas cabidas entraba el agua y el hombre con bastante esfuerzo impulsaba la embarcación. Tenían también zaguales o pseudos remos pequeños y algunos muy grandes, hallados particularmente al sur de lca y que se exhiben en varios museos en Lima e lca. Esta fue, pues, la balsa de troncos, bastante usada no sólo en el mar sino en los ríos, aunque en estos iban, qué duda cabe, sin vela; así lo dice el Inca Garcilaso de la Vega: "a las balsas de madera les echan vela cuando navegan por la mar". A pesar del gran esfuerzo que demandaba el uso del zagual, es claro que impulsaba las balsas a relativa velocidad; el balsero debió ser hombre de extraordinario vigor, puesto que, a diferencia del remo que tiene apoyo en el borde de la embarcación en que hace palanca, el zagual al estar suelto, requiere mayor destreza y fuerza. EL CABALLITO DE TOTORA Y OTRAS EMBARCACIONES Con este nombre, se conoce aún hoy en día a este tipo de embarcación que tenemos la certeza existe, por lo menos, desde el período clásico, inmediatamente posterior al Horizonte Chavín. Y lo más extraordinario es que, idénticos a los que representáron los antiguos peruanos en sus huacos, los podemos ver en la costa peruana, en especial en el balneario de Huanchaco, próximo a la trisesquicentenaria ciudad de Trujillo.
Balsa de totora en una representacion Chimú. La balsa de totora, fue descrita por Garcilaso en los siguientes términos: "Son de un hace rollizo de enea, del grueso de un buey; átanlo fuertemente, y del medio adelante lo ahusan y lo levantan hacia arriba como proa de barco, para que rompa y corte el agua; de los dos tercios atrás lo van ensanchándolo alto del hace es llano, donde echan la carga que ha de pasar. Un indio solo gobierna cada barco de éstos; pénense al cabo de la popa y échase de pechos sobre el barco, y los brazos y piernas le sirven de remos, y así lo llevan al amor del agua". El nombre de caballito de totora, tan popularizado hoy, es término que los españoles dieron a estas embarcaciones por la forma como -a horcajadas— con los pies colgando a cada lado, eran utilizados por los naturales. De este tipo de embarcación hay testimonios abundantes en los ceramios, en los tejidos, en los textos de los cronistas y en testimonio etnográfico, puesto que, como hemos indicado, aún hoy se manufacturan en la costa y en el Altiplano peruano-boliviano.
Otro tipo de balsa, fue la de calabaza, que se hacía con "grandes calabazas enteras, enredadas y fuertemente atadas unas con otras en espacio de vara y media en cuadro, más y menos como es menester", según el ya citado Garcilaso de la Vega. Estas balsas fueron utilizadas, según parece, sólo para vadear los ríos muy cargados de la costa. Al menos eso es lo que se desprende del relato de los cronistas; pero ello no nos puede llevar a negar que en alguna época anterior, probablemente, hayan sido usados en cortos recorridos marítimos. Un cuarto tipo de balsa fue la balsa de odre, hecha con piel de lobo de mar, especialmente tratada y luego inflada; se unían dos de ellas, colocándose encima una plataforma de madera; alcanzaban un promedio de 3 ms. de largo y en el proceso de elaboración se procuraba que sus extremos quedaran en punta, curvados hacia arriba, lo que se denomina más propiamente con las puntas arrufadas, con el propósito de cortar las aguas con mayor facilidad, es decir, hacerlas más marineras.
Por el relato que hace Pedro Paz Soldán y Unánue (1839- 1895) en su magnífico Diccionario de Peruanismos que editó en Buenos Aires, en 1884, constatamos que sus excelencias navieras, le permitían surcar las aguas aún en las circunstancias más difíciles para otro tipo de embarcaciones, y no refiriéndonos ya al siglo XVI, sino aun a mediados del s. XIX. Aquí la explicación que de líos hace Paz Soldán, más conocido por su pseudónimo de Juan de Arona en su Diccionario de Peruanismos: "Caballitos.— Se da también este nombre a unas pequeñas balsas de cuero, compuestas de dos odres unidos fuertemente entre sí en cuyo centro va remando de rodillas un solo hombre. Estos caballitos tienen el privilegio de poder hacerse a la mar, cuando ninguna otra embarcación no, en los días de braveza, tan. frecuentes por desgracia en nuestros puertos. Nada más peregrino que el contraste que forma este tipo del Primer Navegante, por decirlo así, deslizándose y singlando impávidamente por el dédalo de vapores de alto bordo, a quienes con toda su grandeza y fuerza tiene incomunicados con tierra la inclemencia del otro elemento". Paz-Soldán que ejerció la representación nacional en Chile en la sétima década del siglo pasado, debió verlos aún, como los vieron otros viajeros en los siglos XVII y XVIII, entre los cuales el francés Amadeo Francisco Frezier quedó tan admirado, que realizó una pormenorizada descripción en la obra que escribió recogiendo los aspectos que más le habían impresionado en su viaje por las costas de Chile y Perú, al extremo de dejarnos un dibujos de estas balsas de odres.Estas embarcaciones fueron características en las costas del sur del Perú y el norte de Chile; ese fue su escenario natural, lo cual por cierto no impide que pudieran haber navegado en otras latitudes.
LA PESCA El lector habrá encontrado ya muchas veces, desperdigada a través de las páginas precedentes el tema de la pesca. Hace muchos siglos sin duda hace miles de años, ya los antiguos peruanos internados en el mar, luego de vencer el asombro y la perplejidad que inicialmente hubo de producirles la enorme masa de agua, fueron descubriendo e inventando mejores formas de obtener los recursos que el mar le ofrecía. Al margen de las formas de pesca que ya hemos podido conocer, el cronista Bernabé Cobo S J., ha sintetizado en pocas líneas las otras que también conocieron. Aquí sus palabras: "La pesca se realizaba de diversos modos: utilizando una hierba llamada barbasco, que intoxicaba a los peces, sin hacerlos nocivos al hombre; pescaban en seco, desviando un brazo de río, tenían un modo especial para coger camarones, armadillos, sábalos, dorados, etc. La práctica de pesca era echarse a nado con una fisga en la mano derecha, haciendo uso sólo de la izquierda para nadar a gran velocidad y zambulléndose tras del pescado lo seguían hasta alcanzarlo y clavarle la fisga, con que lo sacaban a la orilla". Claro y preciso, en medio de su brevedad, el testimonio del gran jesuíta. Muchos otros cronistas nos han dejado versiones que varían en muy poco. Mas al preguntarnos desde cuándo el hombre pescó, ya sea con red o anzuelo, la pregunta se pierde en el tiempo y el estudioso tiene que atenerse, para no caer en la fantasía, necesariamente ajena a la verdad histórica, en lo que las diversas fuentes le permiten descubrir. Se puede afirmar que el hombre fue un gran nadador y buceador desde, por lo menos, la época precerámica. Una prueba significativa de ella la aporta el estudio realizado por el arqueólogo francés Frederic Engel, sobre once cráneos correspondientes a la época precerámica y que él mismo extrajo en tumbas de Paracas. Trabajando sobre esos cráneos, el ilustre médico y antropólogo, egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Marcos. Dr. Pedro Weiss, encontró que ellos presentaban el estigma o enfermedad de los zambullidores (frecuencia de osteomas en el conducto auditivo), lo que nos remite, de premisa a conclusión, a que los antiguos peruanos además de muy buenos nadadores, lo que les facultaba cobrar buenas piezas de pesca, eran excelentes buceadores, dotados de extraordinaria capacidad de resistencia. El ingenio de los antiguos peruanos en las faenas pesqueras, tuvo también una manifestación excepcional en el adiestramiento de cormoranes, aves de la especie de guanay. Atados del pescuezo, eran soltados en las proximidades de los cardúmenes, cobrando una presa que traían hasta donde el amo mantenía el extremo de la cuerda. Este singular método de pesca, fue utilizado por lo menos desde la época Moche, según lo atestiguan algunos ceramios. Se puede constatar la destreza que alcanzaron en esta modalidad de pesca, al observar en las imágenes plasmadas en los ceramios, como el "pescador" muchas veces mantenía hasta cinco cuerdas -una en cada dedo— logrando así multiplicar los frutos de su faena.
Ceramios que muestran la frecuencia del tema marino en el arte de los Mochicas EL GUANO DE LAS ISLAS Pueblo esencialmente agrícola, los Incas cuidaron con especial atención el rendimiento de la tierra; ella era la fuente sustantiva de su alimentación. Para que se cumpliera la frase que dejara en sus Informaciones el Licenciado Polo de Ondegardo: "y ansi jamás obo hambre en aquel reyno", que aún hoy nos convoca a asombro, los Incas recurrieron a diversos fertilizantes; en veces fue el estiércol humano, como en los alrededores del Cusco, o el de animales, como en la zona del Collao. Mas el mar les proporcionó, para las tierras próximas a la costa, dos elementos enriquecedores y multiplicadores de sus frutos; ellos fueron el excremento de las aves marinas, que quedaban depositados en las islas vecinas al litoral, y las cabezas de sardinas que en número de dos o tres eran enterradas en hoyas con dos o tres granos de maíz dentro. ¿Cuándo apareció este último sistema? Nada se puede decir al respecto, pero del guano podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que por lo menos fue usado desde los primeros siglos de nuestra era; tal afirmación no es mera conjetura, pues está avalada por el hallazgo de testimonios mochicas puestos al descubierto en las islas Chincha en las épocas de gran explotación del guano, y algo más tarde los Chimú, puesto que de estos últimos también se han hallado testimonios.
Ceramio que representa una isla guanera en tareas de explotacion por los antiguos pobladores de la costa peruana EL MAR EN EL ARTE El mar y sus residentes y las embarcaciones que lo surcaron se hicieron presentes en el arte cerámico del período autóctono. Vamos a encontrar en la mayor parte de las culturas costeñas, conocida ya la cerámica, que el mar y sus moradores frecuentemente inspiraron sus representaciones. En el desarrollo de las Altas Culturas del antiguo Perú, lo hemos señalado anteriormente, el período Clásico (Post Chavín), se caracterizó por su excelencia en el trabajo del barro; el artista alfarero logró formas que, embelesados, podemos admirar hoy en museos y que entonces debieron adornar los palacios de los grandes señores de la época. Sin duda, el arte del hombre peruano alcanzó altísimo nivel, muy en especial el arte cerámico de los Mochicas y los Nascas (período clásico, precisamente) que no fue superado por ningún otro poblador del continente americano. En la historia del arte americano ocupa lugar de honor.
Huaco Mochica, un hombre con una concha en sus manos y la representacion de este molusco. Muchas fueron las fuentes de inspiración para el hombre que pobló el litoral en épocas remotas; ahora nos limitaremos a señalar, qué papel juega el mar en su arte. Aparece en tres de las cuatro clases de balsas que los Mochicas (o Moches como también se les llama), plasmaron en sus ceramios. Pero de éstas el caballito de totora parece haber gozado de la predilección del artista. Lo representa una y otra vez con trazos realistas y vigorosos. Pocas son las estilizaciones. Habitantes del mar, peces, mariscos, son recreados también con excelencia a través de todo el proceso cultural del antiguo Perú. En las ruinas de Sechín, muy próximas a la localidad de Cas-ma, en el vecino a Lima departamento de Ancash, se puede observar la presencia de grandes peces. Son de los más antiguos y portentosos, no sólo por el tamaño, sino por la antigüedad calculada en unos 1,500 años antes de Cristo.
Bello fragmento de tela en que el antiguo peruano represento escenas marinas, Cultura Nasca. Los Paracas que guardaron evidente relación con Chavín, representaron en sus soberbios mantos, admiración de textilería insuperada en América y sorprendente en todo el mundo, unas veces personajes en que reconocemos en extraña simbiosis imágenes de peces-aves; en otras, variedad de peces. Hay hermosos platos Paracas del período Necrópolis, cuya decoración en negativo realza el diseño de varios peces que convergen hacia el centro. Constituye una de las piezas cerámicas más lúcidas la que figura a un pescador nadando, llevando en la cabeza un tocado y en las manos redes y pescados. Los Nasca nos han dejado bellísimas muestras de su arte, sólo comparable con el Mochica, aunque tal vez pueda decirse que comparten honores; aquellos, insuperables en colorido y pintura; estos, superiores en la representación escultórica. Los Nasca realizaron figuraciones exquisitas de peces; la langosta fue tema también de excelencia y predilección.
Huaco Nasca en el que destaca la extraña expresion de un pescador. Los Mochicas -sus contemporáneos, pues ambos pertenecen al período clásico— nos han legado una cantidad y variedad de ceramios de tema marino que hoy puede causar la admiración del más exigente crítico de arte. Fue la representación en bulto - escultórica- de altísimo nivel artístico además, la que gozó de la preferencia del artista Mochica; en veces son peces moldeados realistamente, otras con atributos sobrenaturales; el camarón, el cangrejo, la langosta o aves marinas principalmente la gaviota. La metalurgia Mochica nos ofrece algunas especies marinas que aparecen, por ejemplo, en sus bellas narigueras de oro y plata con peces repujados y en alto relieve. Por su parte los Chimú también plasman con frecuencia en sus ceramios y en sus trabajos metalúrgicos, insuperados por ninguna otra cultura del Antiguo Perú, balsas de totora, especies ictioformes y aves marinas. Los motivos marinos, también cautivaron la imaginación del hombre de la cultura Chancay, en las inmediaciones de Lima, quien supo reproducirlos con primor. Un ilustre estudioso japonés, Yoshi-taro Amano, que vivió más de treinta años en el Perú, ha podido rescatar -y conservar en un Museo que lleva su nombre— excelentes piezas Chancay, ya sean tejidos o ceramios, donde el tema marino está muchas veces presente; junto a peces, están las langostas y los pulpos; tejidos y ceramios han reivindicado el enorme valor de esta cultura que durante muchos años permaneció un tanto olvidada y postergada; hoy gracias a Amano, ha adquirido una posición en el consenso de nuestras culturas. Aunque cultura de raíz serrana, pues su centro de irradiación fue el Cusco, la Cultura Incaica también buscó y halló inspiración en los temas marinos para muchas de sus obras de arte; en proporción estas no alcanzan sino una muy relativa cantidad, pues bien sabemos que los Incas fueron pueblo fundamentalmente terrestre Aunque cultura de raíz serrana, pues su centro de irradiación fue el Cusco, la Cultura incaica también buscó y halló inspiración en los temas marinos para muchas de sus obras de arte; en proporción estas no alcanzan sino una muy relativa cantidad, pues bien sabemos que los incas fueron pueblo fundamentalmente terrestre y así lo reflejan sus artistas. En todo caso, sea con motivos marinos u otros, el arte incaico no alcanzó la maestría de las culturas que lo precedieror EL MAR EN LA RELIGIÓN Entre las divinidades del Antiguo Perú, y desde tiempo impreciso, el mar ocupaba un lugar especial; al estar relacionado con el sustento -a través de la pesca— el hombre se sintió llamado a rendirle culto. Imposible es señalar cuándo el Mar adquirió esta. connotación divina; desde luego se puede, sin caer en la aventura, colegir que fue anterior a los Incas, y que se manifestó entre los pueblos costeños. Mas esta divinidad regional paulatinamente debió convertirse, como lo afirma Hermann Buse, "en divinidad de todo el vasto país andino, comprendiendo la Sierra y los Llanos". Hubo en el antiguo Perú, algunas divinidades de vieja tradición como Pachacamac, cuyo prestigio se pierde en el tiempo y abarcaba una extensión muy grande de la costa; con la expansión Incaica no pierde crédito y más bien tiende a mimetizarse identificándose con Viracocha, la máxima deidad del período Imperial u Horizonte Inca, en el Antiguo Perú. En la zona Chimú (Trujillo), costa norte del Perú, se rendía culto al Océano, con el nombre de Ni, denominación de indudable raigambre Pre-Inca. Ya con los Incas, el culto al mar se evidencia en el nombre de Mamacocha que le dieron, pues los antiguos peruanos, pueblo eminentemente agrícola, no sólo rindieron culto a la tierra, la sagrada Pachamama, sino invocaban también a la madre mar (que eso es etimológicamente Mamacocha), para que los liberara de las enfermedades y los proveyera de los recursos alimenticios que le brindaba, en especial peces. Algunos cronistas mencionan dos razones que los movieron a venerar al mar desde su origen, evidentemente en la costa: el que los prodigara posea a raudales y no se enfureciera. Para el ilustre cronista y primer mestizo, Garcilaso de la Vega, los Incas no sólo rindieron culto al mar sino a los peces; el cronista Calancha dice a su vez, que veneraron tan sólo a la ballena, tal vez por la magnitud impresionante de su tamaño. Esta devoción se expresaba arrojándole al mar granos de maíz; con ellos se le imploraba ayuda, pues dentro de la concepción de los naturales, los dioses sólo a cambio de ofrendas proveían recursos en abundancia. Es importante mencionar un hecho que gráfica la reverencia que estos hombres rendían al mar y que es muy explicable dentro del pensamiento religioso de los antiguos peruanos. El Licenciado Polo de Ondegardo —ya citado— relata en su crónica la versión que oyó según la cual miles de indios llevaron arena, cada provincia litoral un poco de la suya desde la costa al Cusco; así su gran Plaza, centro u "ombligo del mundo", que eso era el Cusco, poseía una arena que dentro de la concepción mágico-religiosa incaica, se convertía en arena sagrada. Se incrementaba así el carácter hierático de la Waqaypata, testigo de tantos acontecimientos estelares no sólo de la historia Incaica, sino de la posterior. Para el ilustre cronista y primer mestizo, Garcilaso de la Vega, los Incas no sólo rindieron culto al mar sino a los peces; el cronista Calancha dice a su vez, que veneraron tan sólo a la ballena, tal vez por la magnitud impresionante de su tamaño.
Huaco Chimú con un pescador y un canasto en su mano y un Huaco Mochica. Esta devoción se expresaba arrojándole al mar granos de maíz; con ellos se le imploraba ayuda, pues dentro de la concepción de los naturales, los dioses sólo a cambio de ofrendas proveían recursos en abundancia. Es importante mencionar un hecho que gráfica la reverencia que estos hombres rendían al mar y que es muy explicable dentro del pensamiento religioso de los antiguos peruanos. El Licenciado Polo de Ondegardo —ya citado— relata en su crónica la versión que oyó según la cual miles de indios llevaron arena, cada provincia litoral un poco de la suya desde la costa al Cusco;así su gran Plaza, centro u "ombligo del mundo", que eso era el Cusco, poseía una arena que dentro de la concepción mágico-religiosa incaica, se convertía en arena sagrada. Se incrementaba así el carácter hierático de la Waqaypata, testigo de tantos acontecimientos estelares no sólo de la historia Incaica, sino de la posterior. Afanosos de acabar con las "idolatrías" de los naturales, los europeos procuraron poner fin a toda manifestación de su fe. Dentro de las medidas que tomaron entonces estuvo la de extraer de la gran plaza la arena que contenía. El mismo Polo de Ondegardo, quien llegó a ser Corregidor del Cusco y uno de los colaboradores más cercanos de los primeros virreyes, ordenó tal extracción, que produjo entre los naturales expresiones de llanto, pesar, desolación y tristeza. La vinculación del mar con la deidad, está expresada, además, en la creencia de que Viracocha llegó por mar. El notable estudioso del pasado pre-hispánico don Luis E. Valcárcel, ha recordado como el cronista Pedro Gutiérrez de Santa Clara recogió la referencia mítica de que la manera de navegar con vela la habían aprendido de alguien que había venido por el mar y llegado allí en una barca con velas y que ese personaje fue llamado Viracocha "que quiere decir espuma de mar o manteca de la mar y que la mar lo engendró y que no tuvo padre ni madre". La tradición agrega que Viracocha les enseñó buena doctrina y policía y que después no supieron a donde había ido a parar.
Huacos Mochicas Así, pues, Viracocha, que es también el nombre de la divinidad principal de los Incas, aparece de alguna manera vinculado al mar; había llegado por mar y les había enseñado prácticas marítimas. No en vano en su nombre figura la desinencia "cocha" que significa acumulación de agua, laguna y que por lo tanto está relacionada al mar, la mayor fuente de agua. Tal vez así resulte explicable, por qué los naturales llamaron a los primeros españoles que llegaron por mar, en grandes naves a vela "viracochas" y muchos de ellos fueron reputados como hijos de la deidad. LA LEYENDA DE NAYLAMP Esta leyenda se conoce por la versión que de ella nos ha dejado el Padre Miguel Cabello de Balboa, autor de la Miscelánea Antartica o Austral, que terminara de escribir en Lima el 9 de julio de 1586, vale decir, hace cuatrocientos años. Todo hace pensar que de los muchos lugares en que vivió desde que llegara a América en 1566, uno de ellos fue Trujillo, donde recogió abundante información y entre ellas la referida al mito de Naylap o Naylamp. Se cuenta que desembarcaron en la costa norte (en lugar no precisado), unos hombres venidos de muy lejana procedencia en una gran flota de balsas. Esta leyenda de este enigmático ser que toca nuestras costas en una balsa dorada, se reputa por los estudiosos tener una base histórica cierta y se interpreta como testimonio indudable que recogió el recuerdo de una muy antigua inmigración; la data de ese acontecimiento se ubica hacia el año 1000 y se conjetura que debieron ser gente de avanzada cultura. No hay ante ella unanimidad en torno del lugar de origen de estos inmigrantes; para algunos su punto de partida debió ser alguna localidad de la costa ecuatoriana actual; otros lo llevan hacia zonas más septentrionales: eventualmente Centroamérica y aún México. El fondo de verdad de la leyenda, habla de comunicaciones en aquellos tiempos, aunque imposibles de precisar en su origen. « parte del misterio del mar en toda época, inspirador de relatos a veces inverosimiles y hasta extravagantes; otras como en este caso con una evidente raíz verdadera, aunque todavía por desentrañar. LA EXPEDICIÓN DE TUPAC YUPANQUI Cuentan las viejas crónicas que Túpac Yupanqui, cuando aún no era Inca, sino tan sólo estaba designado como sucesor de su padre, el gran Inca Pachacutec, emprendió un largo viaje hacia el mar Océano. Muchos relatos recogieron los primeros cronistas de los ancianos habitantes del Imperio ya conquistado. Algunos debieron surgir de la imaginación de los narradores. El cronista los anotó; pero hay tantas dudas sobre su veracidad que no son aceptados. No ocurre así con el gran viaje de Túpac Yupanqui. No uno, sino varios cronistas obtuvieron en distintos medios versiones similares. El príncipe Túpac Yupanqui, siguiendo instrucciones de su padre, emprendió una gran expedición de conquista para ampliar los dominios del Imperio hacia el Chinchaysuyo, la parte norte del Imperio. Su campaña fue acompañada por el éxito: los guancavilcas y otros pueblos, hasta las costas del actual Ecuador, fueron sometidos. El Imperio Inca iba alcanzando su máxima expansión. Tumbes y la isla Puna, fueron también ocupados. Estando en esa zona reparando las fuerzas luego de tan extraordinarias hazañas guerreras, supo por unos mercaderes -según cuentan las crónicas- que desde la mar, en grandes balsas a vela, hacía algún tiempo habían llegado unos hombres; ¿desde dónde? Desde unas lejanas islas. El príncipe Túpac Yupanqui se llenó de asombro, pero tambien lo embarg ó la ambición: el relato decía que en aquellas islas abundaba el oro. Aprovechando los conocimientos de los habitantes de la costa de Manta (hoy puerto en la provincia ecuatoriana de Manabí), en la construcción de balsas, ordenó preparar un gran número de ellas, tantas, como para que cupieran unos 20,000 hombres; ordenó también reclutar los mejores pilotos de la región. ¡Y se hizo a la mar!Uno de los cronistas más explícitos en el singular relato, fue el padre Miguel Cabello de Balboa, que nos cuenta: "De este viaje (Topa Inga Yupanqui) se alejó de tierra más de lo que se puede fácilmente creer, mas cierto afirman los que sus cosas de este valeroso Inca cuentan, que de este camino se detuvo por la mar duración y espacio de un año y dicen más que descubrió ciertas islas a quien llamaron Hagua Chumbi y Nina Chumbi. Qué islas estas sean en el Mar del Sur (en cuya costa el Inca se embarcó), no lo osaré determinadamente afirmar, ni qué tierra sea la que puede presumirse ser hallada en esta navegación". ¿Pudo realizarse el viaje? A la luz de lo que venimos leyendo creemos que sí; ya sabemos de la habilidad de los antiguos peruanos para construir balsas y de la extraordinaria, provista de velas de algodón, con que se toparon los europeos en 1526. Los estudiosos más serios, no dudan que el viaje realmente se llevo a cabo; no fue pues, una fantasía de la imaginación. Algo de incierto puede haber en los datos que recogieron los cronistas, pues los relatos de los pueblos sin escritura, van transformándose degeneración en generación; así es la leyenda; pero eso no permita negar la verdad de fondo. El destino de la expedición si ha provocado diversas controversias, A dónde llegó la expedición? ¿Dónde quedarían esas misteriosas Hagua Chumbi y Nina Chumbi? Para algunos fueron las islas de Lobos (Lobos de Fuera y Lobos de Tierra), al norte peruano, aproximadamente frente a las costas de los departamentos de Piura y Lambayeque. Otros piensan que no pudo ser tan cerca, que la expedición arribó a las islas Galápagos o Archipiélago de Colón, a unos 1,200 kms. de las costas del actual Ecuador (del que hoy forman parte). Hay quienes piensan que el lugar de arribada fue la Polinesia; que habrían recalado en el Archipiélago de Tuamotú, a la isla Mangareva, más exactamente. Son varias las razones para aceptar que el destino de la expedición fue, queriéndolo o no, Mangareva. El navegante Thor Heyerdahl, encontró vigente aún en la isla la leyenda de la llegada de un jefe rojo (¿cobrizo?), que llegó desde donde se levanta el sol (es decir, en relación a ellos, desde las costas occidentales de sudamérica o desde el Pacífico Oriental). También halló Heyerdahl, que aún se recordaba la presencia de un personaje que se llamó Tupa o Topac, y que no sería otro que nuestro Túpac Yupanqui. Favorece también la tesis polinésica que, según las crónicas, en su viaje de regreso los expedicionarios trajeron gente de color; ellos podrían ser melanesios (negros), esclavizados por los polinesios. La posibilidad de que la expedición llegara a la isla de Pascua (hoy bajo soberanía chilena), también ha sido propuesta. El mismo Heyerdahl, el viajero famoso por su travesía en la balsa Kon Tiki hace cuarenta años, no descarta ese lugar, pero se inclina mucho más por Mangareva. Es evidente que después de la expedición de Túpac Yupanqui, el mar se fue haciendo más familiar para los antiguos peruanos. La conquista llega no sólo en momentos que Occidente se aventuraba a nuevos descubrimientos. Los Incas también —en evidente distinta proporción ampliaban sus fronteras.
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