Historia
y Arqueologia Marítima
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ARMADA DE PERU
UNA LABOR INCANSABLE. EL ESTUDIO Y LA EXPLORACIÓN DE LA SELVA POR LOS MARINOS
Esta seccion esta compuesta por textos e imagenes del libro "El Mar de Grau y la Marina de Guerra del Perú", editado por la Armada Peruana, con textos del Dr. Percy Cayo Córdova y el Dr. Raul Palacios Rodríguez, impreso en Francia en ingles y español, sin fecha. Solo se han tomado los capitulos sobre el Mar en el Antiguo Peru y en el Virreinato, la emancipacion y la Republica.
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Desde los albores de su nacimiento hasta el día de hoy, nuestra Marina de Guerra del Perú ha desarrollado una permanente y fructífera labor en la zona selvática, tanto de carácter científico como de profundo contenido social y humanitario, a través de una constante acción cívica. Los hitos más representativos de esta singular inquietud, se reseñan a continuación. En 1846 una Comisión Científica Francesa, al mando del naturalista don Francisco de la Porte, Conde de Castelnau, llegó al Perú con el propósito de explotar las montañas orientales. Debido a su naturaleza e importancia, el gobierno del General don Ramón Castilla le concedió toda clase de facilidades, disponiendo que los Oficiales peruanos, Capitán de Fragata Francisco Carrasco y Alférez de Fragata José Becerra, integrasen la expedición como la contraparte peruana. El itinerario fue: Lima-Arequipa-Puno; se internaron por las montañas del Cuzco y navegaron el río Uru-bamba. Reconocieron las zonas de Sarayacu, Santa Catalina, Mo-yobamba y Chachapoyas, regresando a Lima por Pacasmayo. En 1866, años de intensa actividad exploratoria de la inhóspita Selva, nuestros Oficiales se empeñaron en establecer la navegación a vapor en los afluentes del río Amazonas. "Todos los jóvenes marinos establecidos en el Apostadero de Iquitos, se disputaban la gloria de dirigir o hacer parte de penosas expediciones", escribió el sabio don Antonio Raimondi en su célebre obra "El Perú". Con este firme propósito, el Capitán de Corbeta don Adrián Vargas, salió en el vapor Ñapo hacia el río Morona a fin de encontrar la mejor vía de comunicación entre Guayaquil y el Atlántico. Navegó el Amazonas, Marañón y el Morona (228 millas) y el alto Marañón hasta la isla Nacacuya a 494 millas de Iquitos. En este mismo año, dicho Jefe, con el Teniente Luis Sandi y los Alféreces West y Távara a bordo del vapor Putumayo navegaron los ríos Ucayali y Pachitea; en dicho viaje fueron devorados por los indios cashibos estos últimos oficiales. Por esta época, el Jefe de la Comisión de Límites Perú-brasilera, Capitán de Navio don Francisco Carrasco, exploró el río Yavarí. A fines del indicado año, salieron de Iquitos los vapores Morona, Pastaza y Putumayo al mando de los Tenientes Eduardo Raygada, Ruperto y Darío Gutiérrez para una expedición más arreglada. Navegaron todo el Ucayali y todo el Pachitea; llegaron a la confluencia del Pichis con el Palcazu y entraron por este río hasta puerto Mairo a 400 kilómetros de Lima. Posteriormente, el Capitán de Corbeta Gregorio Pérez exploró el río Aipena y el alto Marañón a bordo del vapor Morona. En 1867 salió de Lima una comisión de marinos presidida por el Contralmirante norteamericano John Tucker. con el ánimo de proseguir las exploraciones a interiores: entre los Oficiales iba el Alférez de Fragata don Leoncio Prado, de fama posterior. Duró la exploración hasta el año 1869, recogiendo y anotando valiosa información. El 26 de octubre de 1869, el Teniente don Melitón Carvajal a bordo del vapor Napo y conduciendo al Prefecto Coronel Olaria, atravesó el temible e imponente pongo de Manseriche en el río Marañón. El Prefecto mandó formar la gente en el puerto donde fondearon y ordenó lo reconociesen con el nombre de "Puerto Carvajal", en honor del intrépido y experto marino. En los años inmediatos siguientes, razones de diversa índole influyeron en la disminución de estos viajes de exploración y estudio. Sin embargo, ya el Perú poseía complacido toda una gama de rica información con una infinidad de útiles datos geográficos, fluviales, topográficos, etc. Concluida la guerra de 1879 y en pleno proceso de recuperación, el Perú empieza nuevamente, a través de su Marina de Guerra, a mirar al Oriente. Al lado de don José Benigno Samanez Ocampo, de Carlos Fermín Fitzcarrald, de Joaquín Capelo, de Pedro Portillo, de los misioneros Bernardino Gonzáles y Gabriel Sala, de Jorge von Hassel y de muchos otros intrépidos exploradores y estudiosos de nuestra Selva, los Oficiales de Marina estuvieron presentes en tan noble y arriesgado empeño. Pero, sin duda, todos estos esfuerzos se vieron coronados con la creación de la célebre e infatigable "Junta de Vías Fluviales".
Rio Bajo Ucayali, por el Alférez de Fragata Stiglich, 1904 En efecto, por decreto de 22 de abril de 1901 y bajo el auspicio directo e inmediato del entonces Presidente de la República don Eduardo López de Romana, se constituyó la Junta de Vías Fluviales con el personal siguiente: Doctor Eleodoro Romero (que la presidía), doctor José Pardo, ingeniero José Balta, Capitán de Navio Federico Rincón y Coronel Ernesto de La Combe. Entre otras (según lo establecido en el decreto de su creación) se le encomendo la siguiente atribución: Proponer al Ministerio de Relación Exteriores el envío de expediciones a la región oriental con fines de estudio y exploración.Indudablemente, durante los dos períodos de su corta existencia (1901-1903 y 1903-1904) la Junta continuó en forma brillante, aunque con un criterio mas científico y sistemático, las exploraciones y estudios geográficos que individual o por encargo del Estado, se realizaron en los años anteriores en diversos puntos, de nuestra Amazonia principalmente en la hoya del Madre de Dios. A ella se debió de modo especial, el progreso que a comienzos de siglo alcanzo la geografia del oriente, por otro lado se debe subrayar que con la formación de esta Junta se reinició, por parte de nuestros marinos la exploración de los ríos de la cuenca al amazónica; en este sentido, la labor de Jefes y Oficiales como Melitón Carvajal, Juan Manuel Ontaneda, Germán Stiglich, Pedro A Buenaño, Oscar Mavila, José M. Olivera, Enrique Espinar, Eduardo Raygada, Abraham A. de Rivero, Numa Pompilio, León Augusto Loayza y Loayza, Roberto Suárez, Froilán J. Morales, Nicanor Asín, Augusto Pimentel, Carlos T. Barandiarán, Julio Carvajal Juan M. Garabito, Manuel A. Sotil, Enrique Gamero y muchos otros, fue realmente extraordinaria y digna de encomio En síntesis, nuestra Marina de Guerra, cual celosa tradición transmitida de generación en generación, siempre y en diversas formas ha demostrado un vivo interés por el estudio y exploración de la Selva; su quehacer en esta zona está ligado a cuanto ensayo exploración o intento de progreso se han hecho, así como a la de fensa de la soberanía nacional a través de un permanente patrulla je de sus ríos y de una estrecha vigilancia de los hitos fronterizos más significativos. Por otro lado, los innumerables estudios hidrográficos y cartográficos hechos por sus diferentes miembros enriquecieron o esclarecieron en su oportunidad el conocimiento que de aquella vasta c interesante región se tenía empíricamente Por último, cabe destacar, dentro de este mismo contexto, la infatigable acción civil desplegada por estos hombres en bien de las diversas comunidades nativas, unas veces proporcionando ayuda médica, otras fomentando la cultura y finalmente despertando el sentimiento patrio. En buena cuenta, bien podríamos decir que la I historia de la Selva está íntimamente ligada a la de nuestra Marina de Guerra. Es por eso, que la institución puede ufanarse de que ninguna otra entidad peruana está más capacitada que ella para hablar del pasado del Oriente.EL PRIMER BUQUE DE GUERRA DEL PERÚ: EL "RIMAC". En 1845 al asumir el Mmisterio de Guerra y Marina, el General don Jose Rufino Echenique expresó ante el Congreso de la República: El gobierno cree que para crear y desarrollar una marina eficaz debe dotársela de los elementos más modernos y en este sentido, atendiendo a informes de los capacitados para emitir una opinión, ha resuelto que en adelante sean de vapor los buques de la Armada Peruana. Bajo esta arraigada convicción, cuyo gestor principal era ciertamente el Presidente don Ramón Castilla, el Gobierno emprendió la sabia política anunciada públicamente en el Parlamento Nacional y recibida con gran beneplácito por nuestra institución. En efecto, al poco tiempo, enero de 1846, se comisionó al Capitán de Fragata don Ignacio Mariátegui para procurar la construcción de un buque a vapor en Inglaterra, llevando como auxiliares al Teniente José Rosendo Carreño y al Guardiamarina Manuel Palacios. Mariátegui había permanecido en el Ecuador como maestro de academia, hasta julio de 1845, en que retornó al servicio con su clase de Capitán de Fragata. Palacios era Guardiamarina embarcado desde 1845; el Teniente Carreño servía desde 1829. La Comisión, debido a las exigencias de los constructores ingleses, no obtuvo informaciones a satisfacción del gobierno peruano, el que dispuso el regreso de Mariátegui, quien no obstante compró armamento para el Ejército y la artillería para el eventual vapor de guerra a adquirirse. Sin disminuir su ímpetu, el Gobierno encomendó inmediatamente al Capitán de Fragata don Domingo Valle Riestra otra Comisión que intentara la construcción del deseado vapor en Nueva York. El 13 de abril de 1846 se embarcó en el vapor Chile de la P.S.N.C, acompañado de los Tenientes Pedro José Carreño, Ramón Valle Riestra y Juan P. Saavedra, el Alférez de Fragata José María García y los Guardiamarinas Francisco Sanz, Manuel Palacios (que pasó de Londres a Nueva York), Joaquín Miró Quesada, Benjamín Mariátegui y F. Elmore. Su arribo a la ciudad norteamericana ocurrió a mediados de mayo, dedicándose de lleno a la búsqueda del tipo de buque más conveniente para los propósitos del gobierno peruano. Las gestiones e indagaciones, apoyadas abiertamente por el Ministro Plenipotenciario del Perú en Estados Unidos, don Joaquín José de Osma, duraron varios meses Confrontadas las opiniones técnicas, la Comisión, con el respaldo del Ministro Osma, decidio contratar la construccion del buque con los astilleros neoyorquinos Brown & Bell, prestigiosos constructores navales que habian prestado servicios por largo tiempo a la marina de su pais y que habian ganado una bien merecida reputacion mundial por su avanzada concepcion arquitectónica.La maquinaria, segun acuerdo seria fabricada por la Fundicion Stilman y Allen, la artilleria debia contar de 2 cañones de a 68 y 4 de a 24, manufacturada en Inglaterra. En cuanto a su disposicion, el criterio tambien fue muy avanzado, ya que los dos cañones mas importantes se situaban a propa y a popa y ofrecian la ventaja de ser giratorios. Debio influir en la decision de comprar un vapor a ruedas, el hecho de que buques similares ingleses navegaban sin problemas en el Pacifico. se prefirio las ruedas a las hélices, a pesar de que "sus embarazosas ruedas estaban demasiado expuestas a ser dañadas por los disparos de balas o granadas". Un hecho muy importante que revela el vehemente deseo de Castilla de constituir una Armada sólida y eficiente, fue su preocupación por la capacitación del personal de Marina. En este sentido dispuso que los miembros de la Comisión no sólo supervisaran la construcción de la nave y su maquinaria, sino que siguieran un curso de maquinas a vapor en el Columbia College de Nueva York con el profesor James Renmick, uno de los más distinguidos expertos en ese campo. Asimismo, se les consiguió la autorización necesaria para visitar los centros más adelantados de la Marina de Guerra de aquel país. Al respecto, el Informe del Ministro Plenipotenciario es sumamente encomiástico sobre la conducta, aplicación y disciplina de esos Oficiales. El buque, que recibió el nombre de Rímac en homenaje al sonoro vecino de la Capital del Perú, fue lanzado al agua el 20 de agosto de 1847, procediéndose posteriormente a instalar la maquinaria y a efectuar las demás obras complementarias. La primera prueba oficial se realizó al final de dicho año, y la segunda en la primera semana del año siguiente, con resultados satisfactorios, pues "a pesar de tener un fuerte viento en contra, la nave ha hecho 12 millas por hora". En ceremonia especial, el Rímac fue recibido por el Comandante Valle Riestra con un minucioso Inventario de todo lo existente a bordo. Sin duda, su compra fue el primer ensayo nacional de costosas adquisiciones navales hechas en el extranjero. ¡Feliz augurio de muchas otras! Vapor Rímac Aprovisionado para soportar una larga travesía, la flamante embarcación zarpó de Nueva York la tarde del lo. de febrero de 1848 con destino a Río de Janeiro. El práctico que la condujo en su salida informó que había hecho las primeras 100 millas de navegación a 11 nudos. En sus bidegas traía armamento para el ejercito, máquinas y herramientas para establecer una fundición en Bellavista (destinada al mantenimiento d ebuques) e instrumentos a cubrir necesidades tanto industriales como militares. La travesía entre ambos puertos, estuvo caracterizada por el mal tiempo y los fuertes temporales, así como por la conducta incorrecta de gran parte de la marinería colecticia. Después de casi cincuenta días de borrascosa navegación, en la que el buque probó su solidez y excelentes cualidades marineras, arribaron a la hermosa bahía. Dos semanas permanecieron aquí, ya que el 6 de abril al amanecer salieron con rumbo al Sur, "hacia los mares más temidos y en la peor estación del año". La nave se mantuvo bien, ingresando al Estrecho de Magallanes el 11 del mes siguiente. Lo navegó con tiempo tormentoso, dejándolo el 30 de mayo, "después de rudos esfuerzos para el barco, su máquina y la tripulación". En la noche del 8 de junio, el Rímac dio fondo en el puerto de Talcahuano. En su Informe, el Comandante Valle Riestra expresó con gran satisfacción: "El buque aunque ha trabajado mucho se halla su casco en el mismo estado en que salió de Nueva York, no habiéndose notado ni el menor juego en sus maderas, exceptuando las cajas de las ruedas que han sufrido mucho; su reparación es lo que tengo que hacer aquí. Las máquinas se hallan también en el mejor estado y no se les ha notado el menor defecto en todo el viaje". El bergantín Guise había ido a recibirlo a dicho puerto, llevando la guarnición del caso. Hechas las reparaciones anunciadas, la noble nave continuó su viaje por el Pacífico; ancló en Arica y de aquí salió directamente a su destino final, el Callao, arribando el 27 de julio de 1847. A popa flameaba, como nunca tan airoso, el pabellón nacional. El júbilo de la ciudadanía fue indescriptible; desde el muelle y las playas vecinas orgullosamente aplaudió a la gallarda nave y a su intrépida oficialidad. El Presidente Castilla, acompañado del Ministro de Guerra y Marina, del Gobernador del Callao, del Comandante General de Marina y de otras altas personalidades, se aunó a esta fiesta de amplia significación para el Perú y, particularmente, para su Marina de Guerra. Aquí el testimonio del periodista del diario El Comercio: "Vigorosamente impulsado por la potencia de sus máquinas atraviesa el "Rímac" gallardo el boquerón. Sigue el buque entonces su marcha y violento como una bala de cañón se lanza sobre el muelle, se acerca, se precipita, parece que va a estrellarse. La población toda apiñada allí queda helada de espanto. Pero dócil el buque, como el caballo peruano de mejor raza, se vuelve rápidamente, presenta su largo costado y bordea coquetamente toda la curva del muelle. Una triple salva de ¡Viva el "Rímac"! se desprende de todos los labios, revelando el eléctrico regocijo de las gentes y el orgullo entusiasta que hace rebosar todos los corazones". Elegante en sus formas y rápido en su andar, el Rímac podía desarrollar una velocidad hasta de 13 millas por hora. Medía 171 1/2 pies de eslora, 28 pies y 4 pulgadas de manga y 15 pies de puntal; sus máquinas daban 200 caballos de fuerza con un total de 683 toneladas. Tenía el aparejo de bergantín. Durante los seis años que estuvo en actividad, sobre él la ciudadanía fijaba los ojos con cariño por haber sido el primer vapor de nuestra Marina de Guerra, lo que le daba un valor simbólico. Naufragó en Punta Parada. EL NAUFRAGIO DE LA "MERCEDES" Y EL HEROÍSMO DE NOEL A lo largo de su historia, múltiples son los actos de heroísmo guerrero encarnados en los miembros de la institución naval- pero múltiples y excelsos también, son aquellos actos de heroísmo que sin enemigo al frente, reposan en acciones de sacrificio personal en bien del prójimo o de su honor profesional. Es el caso, entre estos últimos, del Capitán de Navio don Juan Noel Lastra, cuya sublime epopeya de 1854 sólo puede comparársele -como lo hicieron el cáustico don Manuel González Prada- con aquella otra ocurrida en Angamos veinticinco años después. Nacido en 1813 en el puerto de Paita (cuna de otros insignes marinos) fueron sus padres don Agustín de Noel, hijodalgo de las provincias vascongadas y doña María Lastra, dama perteneciente a distinguidas familias piuranas y vinculadas a notables caciques del poblado de Colán. A muy tierna edad, fue enviado el pequeño Juan a estudiar a España, ingresando al "Real Liceo de Vergara", en San Sebastián. En este colegio de reconocido nombre y antigua tradición, estudiaron también otros marinos peruanos: Azcárate, Mariá-tegui, Valle Riestra, Faura y Cortés. Posteriormente, ingresó a la "Escuela Náutica y Pilotaje". Una vez graduado y con sus respectivos despachos, retornó a América con su hermano Clemente y se incorporó a la marina mercante. A partir de entonces, empezó una vida agitada y llena de vicisitudes en contacto con el medio marino. Por estos años, la escuela del mar contribuyó en mucho a templar su carácter y fortalecer su espíritu. En 1836, lo encontramos navegando ya como Capitán de la goleta Caúpolicán en la costa del Pacífico. Un lustro después, a la edad de 28 años, decide ingresar a nuestra Marina de Guerra.
Juan Noel En efecto, el 26 de Mayo de 1841, (despues de someterse a las rigurosas pruebas de! Co M don Eduardo Carrasco y de alcanzar excelentes resulta a mismas) obtuvo el grado de Alférez de Fragata. Desde ese instantey merced, sobre todo, a su amplia experiencia marinera, inició veloz carrera a servicio de la Armada, llegando a Capitan de Navio, grado con el cual rindió su vida pr el honor profesional. Durante esos cortos trece años, de los cuales seis sirvió en la Selva, desempeñó con notable honradez, laboriosidad y éxito diversas funciones: en la fragata Yungay, en la goleta Libertad, en las montañas de Chanchamayo, en el departamento de Junta (Jefe militar) y en la fragata Mercedes como su Comandante.Pruebas de su patriotismo, valentía y estoicismo se revelan en tres hechos ligados a su vida de marino y ocurridos en situaciones y momentos diferentes. El primero, ocurrido en 1842, tuvo como escenario el puerto de Huanchaco; ocurrió así: habiéndosele encargado el bloqueo de dicho puerto, tuvo que enfrentarse, con asombrosa resolución y energía, al Capitán del blindado inglés "Comorant" que pretendía romper el asedio. Sin importarle el poder superior de la nave intrusa, se aproximó a ella y advirtió a su Comandante: "En la Santabárbara de mi buque hay pólvora suficiente para volar juntos". El segundo hecho ocurrió en Pacasmayo y se resume así: encontrándose en tierra fue informado de que a bordo de su nave se fraguaba una sublevación; de inmediato se hizo llevar en un "caballito de totora" y con tan sólo su presencia debeló el sedicioso intento. El tercer hecho, que significó su estoica inmolación, tuvo como escenario el puerto de Casma en 1854 y a bordo de la fragata de vela Mercedes.
Mascaron de proa de la fragata Mercedes Su relato se detalla a continuacion: Al salir de dicho puerto con destino al Cabo, transportando un contingente de reclutas, en la madruada del 2 de Mayop el remolque que unia la nave con el vapor Rímac, comandada por el Capitan de Navio don Ramón Vale Riestra. se rompió debido a la fuerte corriente del paraje. Aún con con las velas en sus pañoles, la Mercedes intento pasar un nuevo calabrote a su vapor compañero; lamentablemente, el viento y la braveza del mar hicieron que la fragata quedase al garete y posteriormente fuese arrojada contra las paredes verticales de la fatídica Roca Negra, destrozándose su casco. Vino la catástrofe, el desorden fué terrible y solo la energia y serenidad de Noel pudo evitar que todos perecieran ahogados. Aqui el testimonio del Comandante Valle Riestra: "La fragata empezo a hacer agua con tal rapidez que antes de atracar todas las embarcaciones se sumergio llevandose tras si cuantas personas tenia a su bordo, con excepcion de unas pocas de las de cubierta..." El numero de pérdidas humanas ascendió, segun los cálculos de testigos, a 731. En medio de este dantesco cuadro, el Comandante Noel prefirió quedarse voluntariamente con los que no podian abandonar el buque. Ante las exigencias de que se salvase, exclamó gallardamente: "El comandante de un buque de guerra no debe sobrevivir a su pérdida. . . ¡Su deber es hundirse con su barco!". Así murió, a la temprana edad de 41 años, el Capitán de Navio don Juan Noel Lastra. El hundimiento de la Mercedes produjo evidentemente gran conmoción en nuestra población; mujeres y hombres de muy diversas clases lloraron la muerte del abnegado Comandante. El célebre jurista nacional don Manuel Vicente Villarán, vio así el final de aquella muerte aureolada por un pacífico heroísmo: "Bebió la muerte a tragos la muchedumbre opresa, y comunal sarcófago fue el seno del bajel. Nada se vio más tarde, sólo en la esfera, escrito con caracteres ígneos el nombre de Noel". Y nuestro gran tradicionista don Ricardo Palma, de antiguo unido a la institución, lo dibujó así: " ¡Contempladle: ¡Ahí está! ¡Como la roca Que de los vientos resistió el embate! Nada la voz de su deber sofoca, ni su valiente corazón abate". El Presidente don José Rufino Echenique, haciéndose eco de los sentimientos de la ciudadanía, rindió al Comandante de la Mercedes un homenaje merecido. El 10 de mayo de 1854, mediante un decreto supremo de esa fecha, expresó: "Deseando el Gobierno honrar la memoria del Capitán de Navio Don Juan Noel, que, arrostrando los peligros con admirable valor y serenidad, se sacrificó heroicamente el 2 de este mes en el naufragio de la fragata "Mercedes" que comandaba, y dar a sus compañeros de armas un noble recuerdo, se resuelve: que el vapor "Rímac" lleve su nombre; que su retrato se coloque en la cámara de oficiales de los buques de la armada, costeado por el Estado". En recuerdo de este abnegado y caballeroso marino, el Himno de la Escuela Naval del Perú dice en una de sus estrofas: "Como el noble Noel prefiramos a salvarnos, a otros salvar. . .". |
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