HISTARMAR · Difusión de la Historia y Arqueología Marítima · [email protected]

Historia y Arqueología Marítima

HOME

CIAS. DE NAVEGACION RIOPLATENSES

COMPAÑIA ARGENTINA DE NAVEGACION DODERO. 1942 - 1949

Indice Marina Mercante Argentina

   

Fuentes: Ver inicio de la historia de Mihanovich y del libro "Alberto Dodero, Su Vida, su obra, sus barcos" de Aurelio González Climent y otras fuentes del archivo de Histarmar.

Sugerimos leer ambien desde el principio de la Historia de la Cia de Navegacion Mihanovich, su venta a capitales ingleses y su re-argentinizacion.

1942 1943 1944 1945 1946
1947 1948 1949 1950 Epílogo
 El Grupo Dodercy pasa al Estado. Incógnitas que se plantean.

Y así hemos llegado al año crucial de 1949, en que todo el Grupo Dodero incluido en el "holding" Rio de la PlataSA de Inversiones Marítimas, pasa al Estado.

¿ Qué fue lo qué condujo a este epílogo, francamente insospechado poco tiempo antes?. ¿ Hubo una sola causa o causas concurrentes?. En este último caso, ¿ qué "peso especifico" habría que asignarle a cada una?.

La versión más difundida internacionalmente es que Perón le "sacó la flota a Dodero" por "chauchas y palitos", algo así como un atraco alevoso.

En el orden interno, y motorizada por la oposición radical de la hora, la versión predominante era que Alberto Dodero se sacó de encima un reverendo "clavo" constituido por barcos anticuados e impresentables, y se los encajó al Estado por un precio escandalosamente alto.

Las cosas fueron mucho más complicadas de lo que estas burdas y maniqueas simplificaciones dan a entender. Tendremos que armarnos de paciencia para ir montando un endiablado rompecabezas y llegar a una conclusión que, al final de cuentas, puede ser que ni a nosotros mismos nos deje plenamente satisfechos. Habrá que ir despejando incógnitas que esquemáticamente podrían plantearse así:

-¿ Cómo jugó el artículo 40 de la Constitución Nacional de 1949 y la legislación dictada a mediados de 1948?. ~¿ Qué repercusión tenían los precedentes de los ferrocarriles, los teléfonos y otros servicios públicos en manos de capitales extranjeros que fueron estatizados en aquella época?. -¿ Había en el caso del Grupo Dodero justificación para distinguir semánticamente entre "nacionalización" y "estatización"?.

-¿ Cuál fue la actitud de Perón en este caso concreto?. ¿ Qué papel jugó la amistad hacia don Alberto?.

- ¿ Cuál fue el rol desempeñado por el "entorno" ministerial peronista y los altos funcionarios de la hora?. -Cómo estaba anímicamente don Alberto a los 62 años de una vida tempestuosa, en que el "business and pleasure" habían sido llevados a límites extremosos y de manera coincidente, no excluyente?.¿ Cuál era su espíritu de lucha en esos agitados primeros meses de 1949'*

- ¿ Quiénes lo apoyaban (hermanos, directores, funcionarios) o lo "bajoneaban", o directamente lo abandonaban o lo hostilizaban? .

Vamos, pues, a encarar, como primer paso el acopio de antecedentes concretos y su concatenación lógica, comenzando por las actas de la Río de la Plata SA. de Navegación de Ultramar desde comienzos de 1949 hasta su fin. Ya es sabido que esta empresa era presidida por José "Pino" Dodero, y que operaba los barcos de pasajeros de ultramar del grupo Dodero, aunque bajo el "management" de la Compañía Argentina de Navegación Dodero SA.

Demoras en la actualización del precio de los pasajes- por parte del IAPI. Los barcos en construcción en Gran Bretaña y Holanda. Rebaja de la comisión de administración (Acta 32, del 31-3.49).

A pesar del tiempo transcurrido, el IAPI no había aún dictado resolución sobre el reclamo de la empresa en el sentido de que se aumentara el precio de los pasajes incluidos en el respectivo contrato. Mientras tanto, los costos de explotación seguían creciendo. A todo esto, los funcionarios del IAPI ya habían terminado todas sus verificaciones en la empresa y habían elevado las correspondientes conclusiones a sus superiores. La empresa creyó del caso plantear formalmente una reclamación por aquella demora.

Tampoco hubo novedades de parte del IAPI en torno al ofrecimiento que había hecho la empresa para adquirir los barcos que el citado organismo había contratado con astilleros británicos y holandeses, más otros dos que se proyectaba encargar en Holanda. Dejábase constancia de este silencio, sin perjuicio de que, por cuerda separada, "la compañía continúa prestando con toda minuciosidad su asesoramiento técnico en los barcos que están en construcción". A pesar de que en cada caso se le había señalado al IAPI por escrito los vencimientos de las cuotas a pagar por los barcos en construcción,"ese Instituto está en mora con los astilleros Vickers Armstrong y Samuel White", es decir, los que tenían a su cargo los tres transatlanticos del tipo Presidente Perón y los dos barcos "full reefers" respectivamente. Y "tras llovido, mojado", ya que "la  sociedad ha tenido que solucionar transitoriamente la situación de los inspectores delegados en Gran Bretaña y Holanda, a quienes el IAPI no les gira sus sueldos desde el mes de Diciembre último". Va nuevamente de Discépolo:"En el 506, y en el 2000 también".

Ya es sabido que la Compañía Argentina de Navegación Dodero SA. tenía a su cargo la administración de la Río de la Plata, incluyendo todo lo referente a las cargas transportadas en los barcos de pasajeros, la atención técnica de esos barcos, el abastecimiento de combustible y víveres, las tripulaciones etc. Todo esto estaba estipulado en un contrato firmado entre ambas empresas, según el cual la Dodero le cobraba a la Río de la Plata, en concepto de comisión de administración, el 8% sobre sus ingresos. Posteriormente, esa comisión fue rebajada al 5% a partir del 1 de Julio de 1948,y ello fue motivo de un nuevo contrato, que entró a regir desde el 1 de Enero de 1949 por el término de seis años.

Será ésta la última reunión de Directorio que podría caracterizarse como "normal".

El primer sacudón como consecuencia del pase al Estado del Grupo Dodero (Acta 33,del 6.5.49)-

Como consecuencia de todos los acontecimientos que se precipitaron en esos momentos y que serán vistos en detalle más adelante, se realizó esta reunión, que nadie presidió. El síndico, Enrique Otaegui, "tomó conocimiento de las renuncias presentadas a sus cargos en el Directorio de la empresa por parte de José A.Dodero, Alfredo E.Gorostiza, Juan Cullen Crisol, Emmanuel de Sieyes, Alberto E. Dodero ("Bertie"), Gustavo Figueroa y Jorge A. N. García González". Siguió diciendo el síndico que esto importaba la desintegración del Directorio de la sociedad, por lo que en cumplimiento de los deberes inherentes a su cargo, y en uso de las facultades establecidas en el artículo 336 del Código de Comercio, resolvió "reelegir como director al señor Alberto E.Dodero", y designar en el mismo carácter y hasta la próxima Asamblea General de Accionistas, a los señores ítalo Ferrando, José Bares, Osear P.Ardiles, Ramón de Isequilla,  Gregorio A.Ballesteros (sin perjuicio de su cargo como Gerente General) y Ernesto Iglesias, "todos los cuales -precisa el síndico- integrarán el Directorio junto con el señor Federico L. Ezcurra, director titular por las acciones preferidas".

En cuanto a "Bertie", su reelección fue cosa combinada con su padre. Por lo demás, y en lo que hace a los nuevos directores, ya hemos visto actuar a algunos de ellos en la Compañía Argentina de Navegación Dodero en funciones ejecutivas, y hasta de capitán de barco, como era el caso de Isequilla.

A los pocos dias, exactamente el 9 de Mayo, se produjo otra reunión del Directorio de la Rio de la Plata (Acta No. 34),en la cual el síndico, Enrique Otaegui,comenzó recordando que venía desempeñándose en ese cargo desde la constitución de la empresa a fines de 1946,y que fue testigo de su desarrollo promisorio, hasta ese momento en que se había llegado a transportar 65.000 inmigrantes, con su flota de seis "Victory" y dos "C-3" convertidos a tal efecto. Para todo ello se había contado con el valioso respaldo de la Compañía Argentina de Navegación Dodero. Y agregó Otaegui que "al designar a los miembros que integran el Directorio, reeligió al señor Alberto Dodero (h) "cuya experiencia en la materia es ponderable y cuyo apellido honra al cuerpo por su vinculación a la historia naviera argentina" , pero que "Bertie" había aceptado la designación "en forma honoraria", con carácter transitorio y deseando no ser electo presidente del Directorio -como lo proponían los restantes directores nombrados por el síndico-, por considerar que esa designación debía recaer sobre algún otro de los allí presentes. Es más; "Bertie" propuso a Federico L. Ezcurra para el cargo de Presidente, quien a su vez, conjuntamente con Ernesto Iglesias, insistió en que "Bertie" fuera nombrado a tal fin. Ante su cerrada negativa, terminó siendo nombrado presidente el candidato sugerido por "Bertie", es decir, Federico L.  Ezcurra. Como vicepresidente fue designado Osear P. Ardiles. Tanto Gregorio A. Ballesteros como ítalo Ferrando fueron adicionalmente designados como Gerentes. Y de esta forma, el Directorio de la Rio de la Plata quedó completado con José Bares, Ramón de Isequilla, Ernesto Iglesias y el propio "Bertie". Faltaban pocos dias para la formalización solemne del traspaso al Estado del Grupo Dodero.

La deuda de la Rio de la Plata por la compra de sus barcos ate el nuevo estado de cosas. Los pasajes del contrato con el IAPI. Los barcos en construccion en Gran Bretaña y Holada (Acta 35 del 23.6.49)

Esta fue la primera reunión de Directorio que se efectuó en la Río de la Plata SA de Navegación de Ultramar luego de la estatización del Grupo Dodero. Presidió Federico L. Ezcurra.No asistió "Bertie".

Por la compra del Corrientes y del Salta, la empresa había obtenido del Banco de Crédito Industrial Argentino un préstamo por el S0% de la operación, o sea, 7.040.000 dólares. Por lo tanto, había que constituir la hipoteca naval sobre estos barcos a favor del Banco. Los trámites consiguientes estaban muy adelantados, según lo informó Gregorio Ballesteros al Directorio, quien, no obstante, agregó que "vista la nueva situación creada a esta sociedad (su pase al Estado) con motivo de las circunstancias conocidas, y teniendo en cuenta el futuro indeterminado de la compañía en cuanto a su funcionamiento se refiere", convenia proponer al Banco -para evitar gastos inútiles- no constituir la hipoteca mencionada, y en cambio, documentar la deuda mediante un pagaré a 360 días con un interés del 45? anual por trimestre adelantado. Trajo Ballesteros el precedente de lo que sucedió con la deuda que la empresa contrajo con el mismo Banco por el préstamo para la compra y conversión de los seis Victory AP-2, el cual, hasta el momento de su cancelación el 30 de Junio de 1948, fue documentado de la manera que ahora se proponía ofrecer al Banco por los dos referidos C-3 transformados.

Así decidió proceder el Directorio, que encargó a Ballesteros llevar a cabo las gestiones del caso.

También informó Ballesteros sobre las gestiones ante el IAPI para lograr que se aumentara a m$n 1.130 el precio de los pasajes de los inmigrantes transportados por cuenta de la aludida repartición oficial, la que le había girado el asun-to-luego de realizar inspecciones en la documentación de la empresa-a la Dirección Nacional de Migraciones. Esta última repartición estaría, en principio, dispuesta a aceptar el precio mencionado. Por otra parte, existia la intención por parte del IAPI de transferirle a aquella Dirección Nacional el contrato que tenía firmado con la Río de la Plata el 10.6.1947-

A todo esto, el pago de los pasajes de los argentinos repatriados por cuenta del Ministerio de Relaciones Exteriores venía haciéndose con grandes demoras, lo cual llevó a la Rio de la Plata a plantear la reclamación del caso ante dicho Ministerio.

Mientras tanto -terminaba informando Ballesteros- venía creciendo permanentemente la venta de pasajes de llamada. Los barcos de la empresa venían trabajando normalmente. El Corrientes y el Salta llegaban completos de bajada y conseguían bastante pasaje de subida, tanto en Buenos Aires como en los puertos brasileños.

En esta oportunidad, el Directorio se limitó a tomar conocimiento de una resolución del IAPI, del 18 de Mayo de 1949, según la cual los cinco barcos en construcción en Gran Bretaña (los tres de pasajeros en Vickers Armstrong y los dos frigoríficos en Samuel White), fueron adjudicados a la Flota Mercante del Estado. Sin embargo, a los pocos días se supo extraoficialmente que aquella resolución había sido modificada, en el sentido de que los tres barcos de pasajeros del tipo Presidente Perón pasaran en administración a la Río de la Plata. Ante esto, el 16 de Junio,la empresa le envió una nota a Luis D.Onetto, delegado del Ministerio de Transportes, solicitándole que "por donde corresponda", se ratificara aquella última decisión," a fin de adoptar, con la anticipación debida, las providencias que requieren la explotación de buques de esta categoría".

Exigencia de "participar" seguros de barcos de la empresa (Acta 36,del 28.6.49),

Presidió la reunión Federico L.Ezcurra."Bertie" volvió a faltar. En esta oportunidad,se consideraron los seguros vigentes sobre los seis "Victory" del tipo Buenos Aires de la empresa.

Dentro de la estructura del flamante Ministerio de Transportes se había creado una Dirección General de Seguros, la cual exigió tener una participación en el monto de aquellos seguros, y además intervenir en las decisiones referentes a la distribución de los riesgos de la compañía entre las distintas empresas aseguradoras. No hubo más remedio que reconocerle a aquella estrafalaria "aseguradora" una participación del 10% en los seguros de los seis barcos mencionados. En cambio, extrañamente, no se dijo nada de los seguros del Corrientes y el Salta.

"Bertie" renuncia al Directorio de la Río de la Plata. Los barcos en construcción en Gran Bretaña y Holanda. Se encarga a José Bares una importante gestión. La presidencia de la Compañía Argentina de Navegación Dodero SA.(Acta 37, del 11.7-49).

Don Alberto ya había renunciado a la presidencia de la Compañía Argentina de Navegación Dodero SA. Y entonces, el "nuevo dueño" designó en ese cargo a un capitán de fragata, de nombre Julio Mallea, analfabeto naviero "suma cum laude". La abismal distancia entre don Alberto y su egregio substituto solamente podía ser medida en "años luz". A partir de aquí, muchos serán los "extraterrestres" a quienes por pura camaradería castrense o por compadrazgo político, se les confiará (por así decirlo) la marcha del armamento estatal.

Al mismo tiempo que su padre, "Bertie" presentó su renuncia al Directorio de la Río de la Plata, la cual le fue aceptada "con manifestaciones de pesar".En su lugar, fue designado Mario Bauza. Va de suyo que "Bertie" también había renunciado a sus cargos en los directorios de la Compañía Argentina de Navegación Dodero y de la Compañía Argentina de Navegación Fluvial.

En esta reunión se comentó la nota recibida de Luis D.0netto(que durante tantos años se había desempeñado como Contador General de la Flota Mercante del Estado, y ahora ocupaba un alto cargo en el Ministerio de Transportes),comunicando que los barcos frigoríficos Ártico y Antartico (en construcción en el astillero inglés de Samuel White) pasarían a la Flota Mercante del Estado. Precisamente, en esos momentos, el Ártico (luego se le cambiaría el nombre por el de Río Quequén) venía haciendo su viaje de incorporación. A los pocos días, se recibió otra nota de Onetto informando que por resolución del Ministerio de Transportes, se había decidido encomendar la administración y explotación de los tres trasatlánticos del tipo Presidente Perón a la Río de la Plata, "con arreglo a las condiciones que se establecerán oportunamente, y sin perjuicio de que la sociedad dé cuenta de la gestión que se le encomienda". Ante esto, la Río de la Plata hizo los arreglos del caso con la Compañía Argentina de Navegación Dodero para agregar estos tres barcos al contrato de administración y explotación vigente entre ambas empresas.

Mientras tanto, se analizó en aquella reunión la conveniencia de incorporar estos tres barcos a la Conferencia de Cargas Frigoríficas y a la Conferencia de Carga General Reino Unido-Río de la Plata. Sobre el particular, señaló José Bares las dificultades que aquella incorporación presentaría y explicó cómo era que funcionaba la llamada "Conferencia del Frío Como don José tenía que salir de viaje hacia Europa en esos días, el Directorio le encomendó gestionar la incorporación de los tres barcos a esta última Conferencia, de manera que se les asignara una cuota en el transporte de carnes argentinas destinadas al Reino Unido. Además, se le encargó a Bares que gestionara la incorporación de los tres barcos a la Conferencia Reino Unido-Río de la Plata e hiciera un relevamiento de los posibles agentes para atender estos barcos en los puertos de escala , tratando de dar preferencia a aquéllos que ya fueran agentes de la Compañía Argentina de Navegación Dodero o de la Flota Mercante del Estado, "para una mayor coordinación de los servicios".

 Las últimas boqueadas de la Río de la Plata S.A. de Navegación de Ultramar.

A partir de aquí, se realizaron las últimas siete reuniones de Directorio de la empresa, todas ellas presididas por Federico L .Ezcurra.

En la No. 38, del 1.8.49se consigna que el Banco de Crédito Industrial Argentino finalmente aceptó la propuesta de la empresa, en el sentido de que en lugar de hipoteca naval sobre el Corrientes y el Salta, se le documentara la deuda a favor del Banco con un pagaré, fechado el 26 de Julio, por 180 días al 4% de interés anual, suscripto mancomunadamente con la Compañía Argentina de Navegación Dodero.

En la No.39, del 31.8.49, se comentó la llegada al puerto de Buenos Aires del flamante vapor de pasajeros y carga frigorífica Presidente Perón, y los actos que con este motivo se celebraron a bordo de esta unidad.

En la No.40, del 22.9.49, se tratan varios asuntos de casa importancia, y en la No.41,del 13.10.49,se consideró el texto del Decreto 22.592, dictado el 14 del mes anterior, en cuyo artículo 3 se disponía "la reestructuración de la compañía como entidad estadual (sic),"por cuyo motivo, los directores entregaron al Presidente sus renuncias, comprometiéndose a seguir en sus cargos hasta que esas renuncias fueran aceptadas".

En las actas No.42,del 16.10.49 y No.43,del 28.10.49 se trataron asuntos de poca importancia, y en la última acta, que lleva el número 44 y es de fecha 16 de Noviembre de 1949, el IAP1 le confirmó a la empresa-y lo mismo hizo el Ministerio de Transportes por Resolución 6913-el otorgamiento de un mandato especial para las tareas de control, vigilancia e inspección técnica de la construcción de los tres barcos de pasajeros encargados por el IAPI a astilleros holandeses. En cambio, los dos barcos adicionales de este tipo que se pensaban contratar, se estimó que el momento no era el adecuado»

Y así pasó a mejor vida esta empresa -la Río de la Plata- con que "Pino" Dodero se enorgullecía, y que con tanta "polenta" se venía desempeñando. Por pura inercia, su vitalidad, junto con la de la empresa madre (la- Compañía Argentina de Navegación Dodero) perduró un tiempo llamativamente largo. Después...Pero eso ya no tiene nada que ver con la biografia de Alberto Dodero, sino más bien exactamente todo lo contrario.

Corrientes

Las últimas incorporaciones y bajas.

Las últimas incorporaciones que se produjeron en la flota mayor del grupo Dodero en los cinco primeros meses de 1949 que le quedaron de vida, antes de su traspaso al Estado, fueron los dos barcos de pasajeros Corrientes y Salta, de acuerdo a las circunstancias narradas en las historias de estas unidades. A su vez, el Presidente Perón fue el primer barco que en ese mismo año de 1949 se incorporó a esta flota ya estatizada.

Salta

A su vez, las dos últimas bajas fueron las del carguero de ultramar Tropero y la del barco fluvial de pasajeros París. El Tropero estaría llamado a jugar un importante rol en los acontecimientos de esos agitados días, según se verá detalladamente en su momento.

Tropero

Paris

 Razones alegadas para justificar el traspaso al Estado del Grupo Dodero.

Hemos adelantado que el motivo real que llevó a don Alberto a transferir al Estado toda su organización, se presta a más de una hipótesis e incluso la posible concurrencia de dos de ellas simultáneamente.

Hay quien estima que aquéllo fue, sin vuelta de hoja, un "trágala" de Perón, o al menos de su "entourage" más próximo. Tal el caso de don Luis Dodero, quien en su libro "La navegacion en la Cuenca del Plata y sus precursores", expresa que "A partir del año 1947, la acción de Alberto Dodero y sus hermanos (  Esto no debía referirse más que a "Pino" y a Nicolás, pero no al propio don Luis, que se había desligado totalmente de la empresa desde varios años atrás, ni tampoco a Enrique -el mayor de los hermanos- que siempre se limitó a actuar en el campo restringido de la Agencia Dodero.)  es trabada por políticos de mala fe que dificultan y malogran sus propósitos, y es asi como en 1949, se ve precisado (don Alberto) a ceder ante la insistencia del Presidente-Dictador, resuelto a nacionalizar o estatizar todos los transportes ...El Presidente (Perón) obliga a los hermanos Dodero a enajenar al Estado la totalidad de las acciones ordinarias de triple voto, que representan el contralor efectivo de la Compañía Argentina de Navegación Dodero SA., a un precio muy inferior a su valor real del momento, cuya operación es seguida de un mal llamado rescate general de acciones ordinarias y preferidas, al margen de las disposiciones estatutarias y contratos originarios de emisión aprobados en su tiempo por el Poder Ejecutivo, también a un precio arbitrario, que constituye un verdadero despojo. Renuncian los Directores, pero Alberto Dodero deja la administración de la empresa en manos de hombres experimentados y honorables...merced a cuya eficiencia y dedicación se mantiene durante un periodo el ritmo y ajuste de la organización ...Luego se produce el cambio inevitable en la empresa estatizada, y salvo excepciones honrosas, comienzan a actuar en los puestos de mayor jerarquía improvisados funcionarios que, aún siendo personalmente muy honorables, lo desconocen todo".

Tratándose de quien se trata, es ésta una versión muy respetable por cierto, sólo que demasiado sobria, excesivamente esquematizada, como pasando vertiginosamente sobre ascuas en un tembladeral. Bien está que don Luis ya no se movía en el riñon de la empresa, pero no deja de llamar la atención, por ejemplo, que omita toda referencia a la actitud adoptada en esos momentos por su hermano "Pino", decididamente enfrentado a don Alberto.

Lo cual nos lleva de la mano a otra de las hipótesis, la que se apoya en el hecho de que don Alberto estaba muy disminuido física y anímicamente, y lo que quería era retirarse de toda actividad, por lo que más bien fue él quien forzó la venta de sus empresas al Estado, que no a la inversa. Antes de morir hace unos años, don José Bares nos habló de tumultuosas reuniones ("los gritos se oían en el pasillo del tercer piso del edificio de la calle Corrientes", nos aseguraba Bares) y la formación de camarillas en respaldo de los bandos en pugna: Alberto Dodero, por un lado;"Pino", por el otro. En cierta oportunidad, "Pino" intentó atraer a Bares hacia su bando, pero éste frenó ásperamente la tentativa, echándole en cara a José Dodero su insinuación de quebrar la lealtad que le debía a don Alberto, que tan bien se habla portado con él.

Otra versión -ya veremos algunos episodios a ella vinculada- señala que el interés de don Alberto era desprenderse solamente de la flota fluvial, manteniendo, en cambio, las empresas de ultramar bajo su conducción y propiedad.

Por otro lado, las relaciones personales de Perón y don Alberto eran excelentes, y no conocemos testimonios fehacientes que sostengan que aquellas relaciones se deterioraron radicalmente luego de la estatización. Durante su largo exilio, Perón siempre se refirió a don Alberto con el mayor respeto.

En una conversación que tuvimos (G. Climent dixit) el 24 de Julio de 1987, nos decía "Tito" Dodero (hijo de Enrique Dodero) que el verdadero fogonero de la empresa era su tío Luis. "Era un burro de carga. Trabajaba los sábados y los domingos por la mañana. Cuando tío Alberto lo invitó a reintegrarse a su cargo quedó espantado por lo que vio y lo que oyó. Tío Alberto era amigo de Perón, pero más, creo yo, de Evita, porque a tío Alberto le podían las mujeres, y Evita era una mujer realmente hermosa. Cuando tío Luis no aceptó reintegrarse como Gerente General, el cargo fue ocupado por tío "Pino", que no se complementaba con tío Alberto como lo hacía, en cambio, tío Luis. Tío "Pino" era de otro temperamento, mucho más mundano que tío Luis, poco amigo de frecuentar la "high society".

En esta oportunidad, "Tito" Dodero nos reveló que fue él quien indujo a Luis Dodero a escribir su célebre libro, argumentándole que desaparecidos sus hermanos, no quedarían rastros de la gigantesca obra realizada en pro del desarrollo de la marina mercante argentina. "Y como era el más laborioso de todos, lo hizo". A nuestro turn, le revelamos que a los pocos años de editado el libro, nos llamó telefónicamente don Luis para conversar sobre la posibilidad de hacer una segunda edición corregida y aumentada; lamentablemente, esto no se materializó. Con toda seguridad se habría explayado más en tomo el episodio del traspaso al Estado del grupo Dcdero, y quizás habría puesto en su sitio a su hermano "Pino",a propósito de un folleto publicado en 1955 que se comentará más adelante.

Juan Perón,"La fuerza es el derecho de las bestias"(Montevideo,1958). Aquí Perón se regodea morosamente en detallar todas las donaciones y liberalidades que Alberto Dodero tuvo hacia Eva. Héctor I. Basualdo fue en su época funcionario de la Compañía Argentina de Navegación Dodero SA. A mediados de 1988 nos aseveró que don Alberto provocó de intento la venta de su grupo al Estado. Prueba de ello es que el Gobierno no expropió nada ni violentó la estatización, como lo había hecho en otros casos antériores (ferrocarriles, teléfonos, etc.).

Nos dijo también Basualdo que "don Alberto era el único peronista en el Directorio de la empresa, lo que lo llevó a varios enfrentamientos,  particularmente con su hermano "Pino", que no quería vender de ninguna manera al Estado. A esas alturas, don Alberto ya estaba muy cansado y desgastado. Padecía de "desánimo vital" por causas atribuibles a su vida íntima (concretamente, "Betty"). Los "Victory" para el transporte de inmigrantes no podían durar mucho, a poco que los armadores extranjeros comenzaron a poner en tráfico barcos más presentables. La flota fluvial era una colección de unidades anticuadas, cuya reposición no se justificaba desde el punto de vista económico. Por lo demás la Dodero y la Río de la Plata estaban muy comprometidas financieramente, dados los grandes préstamos obtenidos del Banco Industrial y el IAPI".

No era un secreto para nadie que por lo menos dos ministros de Perón se opusieron cerradamente a la compra del Grupo Dodero. Fueron ellos el almirante Enrique B.García (Ministro de Marina) y el general Juan Pistarini (Ministro de Obras Públicas). El primero por el total; el segundo preocupado más que nada por lo que consideraba "chatarra fluvial", según sus propias palabras. Se unió a esta actitud Miguel Miranda, a quien se le atribuía haber dicho que su caída en desgracia se debió, entre otras cosas, precisamente a este episodio de la compra del Grupo Dodero.

En el debate realizado en la Cámara de Diputados a fines de junio de 1949- de que nos ocuparemos en detalle más adelante-el diputado radical Silvano Santander expresó, entre otras cosas, que el señor Miguel Miranda, en un informe escrito de su puño y letra, se opuso a la operación en todos sus términos, argumentando que se trataba de una empresa argentina cuyos barcos, en su mayoría, habían cumplido con su cometido, sobré todo los barcos de ríos, a los que debía dejárseles al arbitrio de su propia suerte. Pero, en estos momentos, acaso momentos de contrición, el señor Miguel Miranda expresa a quien quiera oirlo en la otra orilla, que su oposición a esta compra fue una de las razones por las cuales él cayera en desgracia".

La actitud de José A.Dodero ("Pino").

Pero lo que bordeó el más triste patetismo fue la actitud dé "Pino" Dodero. Ya conocemos su intento de 1948 de quedarse con el Grupo Dodero de la mano de su amigo Alfredo Gorostiza. Luego, cuando a principios de 1949 don Alberto decidió definitivamente la venta al Estado, hizo todo lo posible para impedirlo. Pero antes, don Alberto les hizo una oferta de venta a sus hermanos José y Nicolás. Al no tener en esta oportunidad detrás a Gorostiza, "Pino" se "arrugó". Nicolás era un buenazo sin luz propia, y por supuesto no estaba para aquellos trotes ( El 11.9.88, "Bertie" le confidenció a G. Climent :"Mi tío "Pino" siempre me tiró a matar, sobre todo desde que tío Luis dejó la Administración General. Tío "Pino" estaba convencido de que mi padre, con el tiempo, me haría a mi presidente de la empresa, el puesto que él ambicionaba. Yo se que más de una vez le habló mal de mí a mi padre".). Ya veremos otros detalles de este episodio más adelante. Ya es sabido que en un determinado momento, nos quedamos sin más actas de Directorio de la Compañía Argentina de Navegación Dodero. Sin embargo, será "Pino" Dodero quien nos permitirá recuperar una de las actas de.1949:la dramática No. 298, del 25 de Abril.

Aquel magnate naviero inglés que fue Walter C.Warwick, y que integró el Directorio de la Compañía Argentina de Navegación Dodero por los motivos que quedaron explicados en su momento, escribió varios años más tarde un interesante libro bajo el título "Random Recollections (Londres, 1957). Dice allí Warwick que cuando el traspaso al Estado de todo el grupo Dodero en 1949, "el precio de las acciones fue negociado por Alberto Dodero, y a la luz de los acontecimientos , que sobrevendrían posteriormente, ese precio fue, sin duda, muy satisfactorio". Sin embargo, su hermano "Pino" se opuso a aquella venta. En ese entonces, Warwick estaba inspeccionando varias oficinas de "su" Royal Mail en la costa nerteamericana del Pacífico. Al llegar a San Francisco, recibió un telegrama de "Pino", notificándole que su hermano Alberto acababa de formalizar la venta del Grupo al gobierno argentino, cosa que él ("Pino") desaprobaba totalmente, por lo cual había presentado su renuncia, y "me preguntaba si yo deseaba hacer lo mismo". Agrega Warwick: "Naturalmente, era obvio que un subdito británico tenía que ser inaceptable para una empresa perteneciente al gobierno argentino, por lo cual no demoré mucho tiempo en cablegrafiar mi renuncia a Buenos Aires".

Sucedió que caído el gobierno peronista en Setiembre de 1955 las nuevas autoridades pusieron en funcionamiento unas entre robespierranas y funambulescas comisiones investigadoras. Uno de los asuntos a investigar fue "el negociado de Alberto Dodero", y claro está, aparte de los hijos de don Alberto, el pez más gordo era "Pino", que tuvo que someterse a los manoseos "ad usum" de aquellos irregulares "tribunales especiales". Llegó un momento en que para hacer su descargo, "Pino" consideró que lo mejor era publicar un folleto, que al propio tiempo lo justificara ante la opinión pública en general, y el selectísimo grupo de sus amistades y relaciones de alto nivel en particular, pero muy en particular.

Y así nació aquel interesantísimo y autobombístico librito de "Pino" a fines de 1955, al que algunas referencias hemos hecho a lo largo de esta historia. Allí ataca a su hermano Alberto, trata de dejar en la sombra a su hermano Luis y se pone él todo tiempo en "avant escene".

Comienza "Pino" por puntualizar su apartidismo y su simultáneo "desacuerdo con el gobierno depuesto", que era el rótulo entonces en voga para evitar que se mencionara el nombre de Perón. "Pino" aseguraba que no tuvo contacto alguno con funcionarios del "régimen depuesto", y que en esos momentos se venía dedicando a actividades en sectores independientes "en absoluto del favor oficial".

Antes de comprar el Gobierno "nuestras acciones" José Dodero hizo todo lo posible por apartar a la empresa de la "política estatal", para lo que contó con "la mayoría del personal" que lo acompañó hasta el 29 de Abril de 1949, en que renunció a sus funciones de Director Gerente de la Compañía Argentina de Navegación Dodero, Presidente de la Río de la Plata SA de Navegación de Ultramar y director de la empresa aérea Alfa. ("Nunca olvidaré la despedida cariñosa de ese personal, que constituía una verdadera familia, y que afrontó ese día el riesgo de represalias por manifestarse solidario con el que era conceptuado el "contrera" y que, con toda su fuerzo combatió la nacionalización (estatizacion!) y la previsible destrucción de un obra honrosa y de gran valor para la economía del país).

A continuación, trae "Pino" a capitulo las cartas intercambiadas con su hermano Alberto, además de sus manifestaciones en la reunión de Directorio del 25.4.49, aspectos sobre los que volveremos en detalle más adelante, que subrayan, a su juicio, "mi terminante oposición a la venta, oposición que llegó a alejarme de mi hermano Alberto, con quien, hasta el momento de su vinculación con el matrimonio Perón, me unían relaciones de gran afecto y de colaboración íntima","Al desastre económico y moral que toda la operación representó para mi, se agrego asi perder una amistad verdaderamente fraterna, dolor que se renueva ahora con la publicidad y comentarios actuales sobre la persona de Alberto talero. Sin embargo, creo mi deber dejar expresa constancia que, además de los vínculos de sangre y afecto, que son imborrables, rindo homenaje de admiración hacia su persona por toda su actuación útil a la Argentina, que su vinculación con el señor Perón no puede hacer desaparecer".

Cuando comenzaron las conversaciones de venta, a las que "Pino" se opuso, sostuvo que si bien los tres hermanos (Alberto, José y Nicolás) poseían "los votos mayoritarios", debía llamarse a asamblea de accionistas para "informarles de las intenciones del Gobierno".Esos accionistas, junto con la gran mayoría del personal, podían haber presentado un frente común" Pero aquella convocatoria no se hizo. Por lo demás, don Alberto poseía por sí solo el control de la "holding" Río de la Plata de Inversiones Marítimas SA., de manera que habiendo decidido vender, "cualquier resistencia de mi parte era imposible". "Mas aún, de no haber vendido mis acciones,hubiera quedado como socio del Estado,avalando con mi presencia todos sus actos y asistiendo a la irremediable destrucción de una cosa que me era querida. No me quedó otro camino que asentar mi protesta y alejarme".

Se habrá reparado que "Pino" daba a entender que la estatización del grupo era una decisión ya adoptada por el Gobierno, y que don Alberto consideró que no cabía más que acatar y negociar los mejores términos posibles. Lo de la asamblea, dado el estado de cosas imperantes, no era más que un justificado pero inocuo "derecho al pataleo".

Explicaba "Pino" que en el convenio de traspaso, se les reconocía a los Dodero una opción para rescatar a precio nominal las acciones de la Compañía Uruguaya de Navegación, a pagar al cambio oficial. Igual opción se otorgaba por las acciones de LADAR. Pero "por telegramas colacionados rehusé hacer uso de esas ventajosas opciones, interpretando que tales beneficios deberían pertenecer al conjunto de accionistas de la Compañía".

Agregó enseguida "Pino" que "fue amenazado de que si no concurría al acto oficial de la transferencia de las acciones al gobierno, debía atenerme a las consecuencias. No asistí sin embargo, la transferencia tuvo lugar".

Poco antes de las tratativas del traspaso, el Directorio de la Compañía Argentina de Navegación Dodero le renovó a "Pino" su contrato de administración por otros cinco años, como se venía haciendo rutinariamente. En esta oportunidad, se le aumentó el anterior porcentaje y se le agregaron otras mejoras, "en atención a las actividades y trabajo que yo desplegaba". Pero en Abril de 1949 "Pino" elevó su renuncia, que le fue aceptada con reconocimiento de sus méritos, pero nada de indemnizaciones, "ni siquiera las ventajas de la ley de despido", se duele "Pino". El Directorio que así procedió con "Pino" todavía estaba presidido por don Alberto, quien a lo mejor consideró que la renuncia no daba derecho a otra cosa.Si acaso, a una indemnización de "Pino" a la compañía. Lo contrario, y más luego de la tempestuosa reunión de Directorio del 25 de Abril de 1949, hubiera sido grotesco. "Dejo constancia que sé que el Directorio,l uego de mi renuncia, ha reconocido indemnización a otros colegas, lo que considero justo y razonable?).

Desde ese momento, con lo cobrado por la venta forzada de sus acciones, "Pino" se dedicó a actividades rurales, no sin seguir cultivando sus relaciones internacionales en él negocio naviero, donde "se aprecian y valoran mis conocimientos y consejos". Terminaba "Pino" su alegato señalando que su propósito era "colaborar con mi experiencia y actividad a la nueva vida de la República".

Por entonces, "Pino" fundó la empresa Argemar, Cía.Argentina de Agencias Marítimas. Su hijo Diego José ("Jimmy")siguío al frente de esa empresa, que estaba entonces en (1989) Viamonte 759, Buenos Aires

Correspondencia intercambiana entre don Alberto y "Pino".

José Arnaldo Dodero se fue a un escribano para dar fecha cierta a "manifestaciones de las que desea dejar debida constancia". Comenzó por una carta que don Alberto les envió a él y a Nicolás el 15 de Marzo de 1949, en cumplimiento de lo dispuesto en un convenio celebrado entre ellos el 20 de Mayo de 1944, acerca de la tenencia de acciones de la Río de la Plata (la "holding") y de acciones ordinarias serie A de la Compañía Argentina de Navegación Dodero "de nuestra propiedad", que fueron entregadas en administración a la referida "holding". En esta carta, don Alberto les ofreció a sus hermanos venderles sus 6.000 acciones de la Río de la Plata Compañía de Inversiones Marítimas SA. a m$n 3.458,95 cada una, como así también las 39.531 acciones ordinarias seria A de la Compañía Argentina de Navegación Dodero administradas por la Río de la Plata, a m$n 225 cada una. Ambos precios eran al contado, contra entrega de las acciones. Explicaba don Alberto que aquella oferta respondía "a la necesidad que tengo de realizar fondos(?), y estaría dispuesto a ofrecer vuestra participación a terceros, si así lo desearan Vds". Don Alberto urgía a sus hermanos la contestación del caso, y los saludaba "con todo afecto".

El 17 del mismo mes, "Pino" le contesta a Alberto, diciéndole que "por ahora no estoy en situación de poder comprarte tus acciones". Y en cuanto a la propuesta de "vender las mías a terceros, en conocimiento de la operación que estás gestionando (la venta al Estado!), lamento no poder aceptar tu oferta", ya que "Pino" consideraba que eso no podía ir en benefició de la empresa, "y que antes de realizarla, deberíamos informar a los accionistas de tal determinación. Tampoco se contempla en aquella operación la protección de los colaboradores"»

Se produce la reunión de Directorio del 2-5 de Abril de 1949 -ya se la verá en detalle- y al dia siguiente, "Pino" le manda una nueva carta a Alberto, en la que comienza haciendo referencia a una nota que su hermano había recibido del Consejo Económico Social el mismo día de la referida reunión de Directorio -y que don Alberto le hizo conocer- por la que el citado organismo le había ofrecido a don Alberto comprarle sus acciones de la Río de la Plata de Inversiones Marítimas SA. y las de la serie A ordinarias de la Compañía Argentina de Navegación Dodero a m$n 200, haciendo extensivo ese ofrecimiento a los restantes accionistas de la Río de la Plata (la "holding"). "Conoces ya mi resuelta opinión contraria a esa venta", le escribía "Pino" a Alberto, agregando que en la reunión de Directorio del día previo, y antes de conocer aquella nota oficial, le expresó las razones de su disconformidad."Hoy, ya con la noticia del ofrecimiento-continuaba diciendo "Pino" a su hermano -veo aún mayores motivos para reiterar esa posición y para lamentar que la operación haya llegado a concretarse en una oferta", la cual era el resultado de conversaciones previas y estudios realizados que llevaron al Consejo Económico Social a la determinación de adquirir, por lo menos, las tres cuartas partes del capital accionario de la Río de la Plata. Por lo demás, el citado organismo fundaba su oferta "en el propósito de nacionalizar) los medios de transporte, y tiende a llevar a la práctica la política económica que inspira al Superior Gobierno de la Nación, y que ha sido consagrada por la Constitución Nacional".

Terminaba "Pino" aquella carta diciendo que, por lo visto, se trataba de una decisión definitiva del gobierno, en cumplimiento de un plan "al que no puedo oponerme...He sido y soy contrario a la venta voluntaria de las acciones de la empresa a que hemos dedicado toda nuestra actividad y nuestros mejores esfuerzos, pero no puedo impedir que el Estado la adquiera y nacionalice(sic) si así lo ha decidido. En vista de ello, es natural que te exprese que en el caso de que la venta de la mayor parte de las acciones de la Río de la Plata sea un hecho irrevocable, definitivamente irrevocable, aceptes en mi nombre la venta de mis acciones, incluyendo las administradas, a cualquier precio, siempre que sea en efectivo y al contado". Al decir "a cualquier precio", quiero señalar que no es el precio lo que me interesa. Me preocupa, en cambio, la situación de nuestros colaboradores y de otros accionistas de la empresa. No he intervenido en las negociaciones, pero estoy seguro que tu habrás tomado las medidas para salvaguardar los legítimos intereses de los mismos. Te ruego finalmente que en la próxima reunión de Directorio trates de obtener que se deje sin efecto el contrato de administración que oportunamente me otorgara la empresa. Afectuosamente".

EL 27 de Abril de 1949," Pino" completó la carta que le dirigió a don Alberto el día anterior con otra, diciéndole que "aún cuando entiendo que los términos de mi carta de ayer son completamente amplios en el sentido de autorizarte a aceptar la venta de mis acciones de la Río de la Plata y de las acciones de la Compañía Argentina de Navegación talero SA administradas por ella, en el caso de que la venta de la mayor parte de las acciones de la Río de la Plata fuera un hecho irrevocable, no tengo inconveniente en decirte que entiendo que en esa autorización está implícitamente contenida la que hoy te ratifico, de vender asimismo la parte que me corresponde en el crédito que los accionistas tenemos contra la Río de la Plata por la suma de m$n 7.449.646".

Podría suponerse que haya habido de parte de don Alberto, una especie de "inducción" hacia la venta del Grupo al Estado. -l final de cuentas,como dicen los ingleses, "the wiriting was in the wall", con las medidas legales que se venían adoptando, hasta culminar con la tonante pirotecnia del artículo 40 de la nueva Constitución. Pero es evidente que los "doctorcitos" que habían trepado hasta la conducción económica del país (con el inefable Ramón A. Cereijo a la cabeza) querían ardientemente estatizar todos los servicios públicos, o que se parecieran a servicios públicos. Y la nueva Constitución les daba pie firme para "ir a por Dodero". De ahí, la oferta oficial de compra que le formularon a don Alberto, antes de lo cual, éste cumplió con el formulismo-previsto en un instrumento contractual-de ofrecerle sus acciones a sus hermanos. Ya vimos la negativa de "Pino". Descontamos la de Nicolás. Por lo tanto,de lo escrito por "Pino" surge que la compra del Grupo Dodero fue una decisión de un Gobierno que venía en pleno embale de estatizaciones, sacramentadas a partir de comienzos de 1949 por el artículo 40 de la nueva Constitución Nacional, de lo que tendremos oportunidad de ocuparnos en su momento.

Sea lo que sea, es verdaderamente llamativo en este episodio el grado a que llegó el enfrentamiento de don Alberto y su hermano José, y en el cual aparentemente no tuvieron intervención los restantes hermanos. Apenas hemos llegado a saber que don Luis quedó muy fastidiado con la actitud adoptada por "Pino" en aquel episodio, al punto de proyectar rebatirlo públicamente, cosa que, vaya a saber por qué motivos, no llegó a materializar.

Se habrá asimismo observado el cambio de actitud de "Pino",cuando don Alberto le mostró la carta del Consejo Económico Social, aunque cuesta creer que recién se desayunara con lo que estaba pasando.

 La histórica reunión de Directorio de la Compañía Argentina de Navegación Dodero SA.,del 25 de Abril de I949.

Ya se anticipó que, gracias al folleto de "Pino" Dodero , conocemos el texto del acta de esta reunión, la única que hemos podido conseguir de la Compañía Argentina de Navegación Dodero correspondiente al año 1949- En el archivo de ELMA está faltando el libro de actas de ese año.

En aquella reunión estuvieron presentes, bajo la presidencia de don Alberto, su hermano "Pino", su hijo "Bertie", Carlos M.Mayer, Ángel Sánchez Elía, Juan Cullen Crisol, José Guisasola, Emmanuel de Sieyes y Carlos A.Tornquist. También estuvo presente el síndico, Alejandro M.Drysdale. Nada más iniciarse la reunión, que "Pino" pidió la palabra, aclarando que había solicitado la convocatoria a aquella reunión para formular unas manifestaciones "que mucho me apenan".

Dejémosle a "Pino" la palabra:

"Es de público y notorio conocimiento cierta negociación mediante la cual, el Gobierno o alguna entidad de su dependencia, propondrá la adquisición de las acciones ordinarias de la serie A. Estas acciones,de voto plural,controlan la parte administrativa de la Compañía y son,hasta la fecha,de propiedad de quienes han dirigido la misma. Naturalmente que los privilegios que estas acciones asignan,derivan también hacia sus poseedores obligaciones y deberes ante los otros accionistas y ante los colaboradores de la empresa. Es bien cierto que la situación presente no es promisoria de situaciones económicas fáciles que puedan asegurar rendimientos satisfactorios,pero las circunstancias favorables por las que hemos pasado,han permitido crear,con una política seria,una entidad como es nuestra empresa,cuya importancia la demuestran su patrimonio y las actividades que desarrolla dentro y fuera del país. Creo mi deber hacer conocer a los señores directores una impresión personal mía respecto a la situación de la Compañía,teniendo en cuenta las dificultades existentes. En lo que concierne a los servicios de ultramar, hay motivos para creer que podemos defendernos razonablemente,y por otra parte, el activo de los barcos destinados a ese servicio es muy superior al costo de los mismos. Respecto a la Río de la Plata SA.de .Navegación de Ultramar, entidad en lá que nuestra empresa (la Compañía Argentina de Na« vegación Dodero SA.)tiene importantes intereses, hasta ahora opera con resultados positivos, y dadas las características de sus barcos y las necesidades mundiales de transporte, le quedarla el recurso eventual de a-segurarse otros tráficos' en el extranjero, en el caso de la suspensión de la inmigración a nuestro país,a pesar de que las manifestaciones del Superior Gobierno tienden a ai-segurar la continuidad de dicho servicio. Las subsidiarias Yatahí y Pora han asegurado, con un aumento del valor de sus propiedades, las reservas necesarias para poder a-frontar una situación difícil por algún tiempo,si ésta se presentara. Los rendimientos de la Compañía de Navegación Fluvial Argentina SA.,recientemente constituida,están sujetos a la política adoptada por el Gobierno, que la inhibe de desenvolverse como lo ha venido haciendo el servicio fluvial en el pasado.

Sin embargo,en el caso de que no pudiéramos afrontar los gastos de este servicio,nos quedaría el recurso de suspender aquéllos netamente deficitarios,de a-cuerdo con el programa trazado por este Directorio en nota pasada al Presidente del Consejo Económico Nacional con fecha 29 de Julio de 1948. Si esa situación se presentara, no cabe duda de que las autoridades nacionales se abocarán al problema y hallarán una soluciór adecuada para asegurar dichos servicios. Hay que tener presente que situaciones difíciles han sido solven-adas por sus propios medios en la larga historia de esta Compañía,sin recibir ayuda alguna de ningún Gobierno. De todo ello se infiere que,dentro del panorama actual, no hay motivo serio para pensar que la Compañía debe pasar por momentos de apremio que no le sea posible superar. Ahora bien, respetando los derechos legítimos de cada uno de los propietarios de las acciones, creo,sin embargo,que la confianza que nos han dispensado los accionistas,nos obliga a afrontar los problemas difíciles que se puedan presentar,a fin de defender los intereses de los mismos,sin descartar por un momento la gran preocupación que debemos tener por el personal de la Empresa,que ha sido leal,eficaz y a cuya actuación se debe en gran parte el éxito de nuestros intereses. Desde luego,yo no puedo oponerme a que accionistas mayoritarios dispongan de su patrimonio,pero quiero,sin embargo,dejar constancia en lo que a mi concierne como tenedor de acciones de la serie A, de mi disconformidad con la negociación en curso. Esta negociación no favorecerá al conjunto de accionistas de la Compañía ni a los verdaderos intereses del país.

La mayor parte de las naciones favorecen la industria marítima^ dejan librado su desarrollo a la iniciativa privada,con una adecuada protección. No favorece tampoco al personal de la empresa,a quien se deja librado a un nuevo régimen,que por más respetable que sea,no condice con el sistema implantado en las empresas privadas. Esto sería el final de todo el trabajo dedicado por los que han dirigido esta empresa y por los.Directores que han vinculado su nombre y prestado su concurso al desarrollo de la misma,que constituye un ejemplo dentro y fuera de nuestras fronteras. Aunque todo mi deseo sería,en estas circunstancias,presentar mi renuncia al cargo de Director de la Compañía,y a la vez pedir al Directorio se me releve de las responsabilidades del contrato de administración que tengo celebrado con la misma,entiendo que debo permanecer en mi puesto hasta que llegue lo inevitable, si esto debiera suceder". "Pino" culminó así su "tirada",que seguramente llevaba preparada por escrito.

Se hizo un espeso silencio. La cosa ciertamente habla impactado,y algunas de las razones alegadas por "Pino" eran bastante atendibles.Desde luego,"Pino" había quedado con la sangre en el ojo cuando la frustrada tentativa que había hecho el año anterior para que su hermano le vendiera a él(con el respaldo de Gorostiza)el control de la empresa. Pero,con todo,y aunque le hubiera quedado "sabrosa la boca"-como diría Domingo F.Sarmiento- no debe haber pasado un buen rato ni mucho menos al enfrentar a su hermano en el Directorio de manera tan abierta. Por lo demás,él ya llevaba sus ideas prefabricadas para la ocasión,de manera que la carta del Consejo Económico Social que sabemos que don Alberto le hizo conocer antes de la reunión,no le hizo alterar en lo más mínimo la partitura que llevaba. "Pino" era racional en su planteo y estaba dispuesto a la lucha,posiblemente animado por lo bien que marchaban las cosas en la Río de la Plata(la naviera) que presidía,y en la que no podía válidamente decir,como lo manifestaba en su arenga,que aquello se logró "sin recibir ayuda de ningún Gobierno",porque el IAPI y el Banco de Crédito Industrial Argentino-entidades estatales ambas-hablan ayudado a la empresa que "Pino" conducía con generosidad poco común,según lo visto hasta aquí.

Todas las miradas de los allí presentes se posaron en don Alberto. Cada cual se preguntaba cómo reaccionaría frente al áspero planteo de su propio hermano,formulado en aquella tensa reunión pedida por el mismo "Pino".

Mientras "Pino" iba desgranando sus ideas,don Alberto habría estado seguramente "relojeando" el semblante de cada uno. Ni que decir tiene que podía contar incondicionalmente con el apoyo de "Bertie" y de su gran amigo de toda la vida, Carlos A.Tornquist. Algún otro quizás. Pero desconfiaba de varios de los asistentes, si bien-pensaría para sus adentros- qué" podían hacer para enfrentarlo a él, respaldado por sus "tocos" accionarios de la "holding" y de la compañía cuyo Directorio estaba presidiendo en esos momentos?. Además,¿qué podían hacer "Pino" y sus huestes frente a una decisión ya adoptada por el Gobierno?.

Habló don Alberto y les dijo a sus pares que,efectivamente, existía "el firme propósito de nacionalizar (sic) por el Estado los servicios de transportes que están a cargo de la Compañía",y que se estaba estudiando la forma de llevar a cabo la operación. Terminó señalando escuetamente que en los próximos días podría dar al Directorio informaciones más precisas, "así como todas las explicaciones que el caso requiera".

No cabe duda de que su espíritu de lucha lo habla abandonado. Con veinte años menos, aquella batalla muy probablemente se hubiera planteado bajo otros términos.A hora no daba más. Tenía prisa por terminar aquella pesadilla, en la cual estaba dejando no solamente girones de la precaria salud que le quedaba, sino también hasta afectos fraternales y amistades de toda una vida.

A partir de ese momento, comenzó la estampida de directores que abandonaban el barco. En aquella mismísima reunión se consideró la renuncia que había dejado presentada Rodolfo Moltedo, la que fue aceptada). A su vez, el vicepresidente primero, el célebre Carlos M.Mayer, dió lectura allí mismo a su propia renuncia.También renunciaron en esta reunión Ángel Sánchez Ella, ,Juan Cullen Crisol y José Guisasola.

Notas:

La renuncia de Moltedo, fecha 22.4.49, decía que "mis tareas profesionales, cada vez más pesadas, me impedirán seguir prestando mi colaboración a esa empresa en las condiciones en que lo hice hasta ahora. Presento, pues, mi renuncia al cargo de Director. Solicito que ella sea aprobada y que, al mismo tiempo, se deje sin efecto el contrato de administración que esa sociedad me ofreció a principios de este año. Mi alejamiento de la.cornpañía no significa desvincularme de sus actuales jefes, a cuyo lado colaboro desde niñez. A todos los miembros del Directorio les expreso mi agradecimiento. En cuanto a Ud. y a su hermano José, quiero decir que el afecto, la consideración y la confianza que me dispensaran de manera tan amplia y generosa en 35 años de trabajo, han constituido y seguirán siendo para mi un estímulo, una enseñanza y una de mis grandes satisfacciones".

Se decía en el acta de la reunión que "dada la firme determinación del Dr. Moltedo expresada privadamente a algunos de los señores directores de no continuar en el Directorio, se desistió de hacer gestiones ante el mismo para que retirara su renuncia. En consecuencia, se resolvió aceptar la renuncia del Dr.Moltedo, dándole las gracias por la alta colaboración prestada a la Compañía. Se resolvió asimismo por unanimidad dejar sin efecto, a partir del 30 del corriente mes, el contrato de administración aprobado en la reunión del 27.1.49".

La renuncia de Mayer expresaba que "la planeada modificación del control de la compañía implica naturalmente la reorganización de su Directorio. En virtud de esta circunstancia, presento al señor Presidente mi renuncia del cargo de Vicepresidente primero y Director de_la Compañía, que le ruego se sirva someter a la consideración del Directorio. Agradezco al señor Presidente y a los colegas de Directorio las atenciones que he recibido durante el desempeño de ese cargo".

Sánchez Ella expresó que se había incorporado al Directorio de la compañía en representación de los intereses de los Ferrocarriles de Entre Ríos, y que el año pasado (1948) había presentado su renuncia verbal al cargo de Director ante don Alberto, para que hiciese uso de ella en el momento oportuno. Había llegado, pues, el momento de ratificar esa renuncia.

Consta en el acta que "después de un cambio de ideas, dado que según la manifestación del señor Presidente no existe hasta el momento ningún cambio en el control de la Compañía, y atento a lo expresado por el Dr.Sánchez Elía, se resolvió que las renuncias de los señores Mayer, Cullen Crisol y Guisasola, y también la del Dr.Sánchez Elía, fueran consideradas en la próxima reunión de Directorio".

Nos consta, por otra parte, la algo más que una insinuación que "Pino" le mandó sigilosamente a Walter C.Warwick para que renunciara al Directorio.

Se supone que en aquella "próxima reunión de Directorio", todas aquellas renuncias fueron aceptadas. Luego se producirá la de "Pino" y varias otras. La última renuncia, a pocos días del traspaso del Grupo Dodero al Estado fue la del propio don Alberto. Después de todo lo hizo en la mejor tradición naviera de los capitanes con alto sentido del honor.

Con fecha 3 de Mayo de 1949, don Alberto le dirigió a "Pino" una nota, en su carácter de Presidente de la Compañía Argentina de Navegación Dodero, comunicándole que en su reunión del 29 de Abril, el Directorio consideró su renuncia al cargo de Director, y su pedido de dejar sin efecto el recordado contrato de administración. Seguía diciendo la nota de don Alberto a su hermano que "en atención a que era del conocimiento de los señores directores su firme decisión de abandonar (obsérvese:"abandonar"; esto no lo puso don Alberto porque sí!)las tareas directivas de la Compañía, el Directorio ha debido desistir de todo propósito de solicitarle el retiro de dicha renuncia. Puesta a votación, ella fue aceptada, dejándose constancia de la muy importante gestión cumplida por Ud. en la conducción de la Compañía y del inestimable valor que representó su experiencia y capacidad, puestas al servicio total y permanente de la empresa y de sus antecesoras, y se dispuso darle las gracias por tan importantes servicios prestados. Al mismo tiempo, el Directorio resolvió dejar sin efecto, a partir del 30 de Abril de 1949, el contrato de administración que Ud. tiene firmado con la Compañía, de conformidad con su resolución del 27 de Enero de 1949- Saludo a Ud.con mi más atenta y distinguida consideración. - Alberto A.Dodero".

Insistimos en lo de "abandonar". Esto tiene relación con la queja ensayada por "Pino", de que no le reconocieron ninguna indemnización, "ni por despido". A quien hace abandono de su cargo no le corresponde ninguna indemnización. Más bien todo lo contrario, si no se han cumplido determinadas formalidades y plazos.

Pero también hay que decir, en favor de "Pino", que cuando don Luis Dodero renunció años atrás a su cargo y tenía asimismo un contrato vigente, el Directorio de la empresa le reconoció una suculenta "indemnización",según lo vimos en su momento.

En "La Nación" del 30.4-49, luego de decirse que aquello no era una simple estatización sino la paulatina compra de acciones, tanto de manera directa como en la Bolsa, informaba sobre las renuncias de Moltedo, Mayer, Guisasola, Cullen Crisol y Sánchez Ella, a las que posteriormente se agregó la de "Pino". Refiriéndose a este último, agregaba el citado matutino que "hia decidido retirarse de las actividades navieras después de más de treinta años...El señor José A. Dodero se despidió ayer de los funcionarios superiores de la empresa, y al retirarse del edificio de la calle Corrientes, fue saludado con sostenidos aplausos por buena parte del personal de la sociedad que, sabiendo de su alejamiento, quiso testimoniarle su adhesión de esta manera". El episodio fue también cementado por el "Buenos Aires Herald" y "La Prensa" del 30-4. 49- Por su parte, "La Época", del 28.4-49, comentaba los episodios de esos momentos con un gran titular que decía¡"Contamos con la empresa estatal de navegación más grande de Latinoamérica". Como si lo que existía antes fuera una empresa extranjera o extraterrestre...

 Cómo se fue pavimentando jurídicamente el camino hacia el traspaso del Grupo Dodero al Estado.

Ya se ha señalado reiteradamente que durante aquel primer gobierno de Perón, se llevaron a cabo una serie de estatizaciones de empresas de servicios públicos, con los ferrocarriles a la cabeza. Aquello era una clara posición adoptada como norma de política superior, "bien que habría que relativizar lo suyo eso de "superior".

El 21 de Julio de 1948, según se vio en su momento, el Congreso Nacional sancionó la ley 13.215, de apariencia inocente, en la que se aprobaban planillas de reajuste del Presupuesto, se abrían nuevos créditos y se ratificaban decretos del Poder Ejecutivo. Pero en su artículo 14, esta ley disponía que el Poder Ejecutivo quedaba autorizado "para que adquiera las empresas de servicios públicos que, a su juicio, resulte indispensable nacionalizar, o para que tome parte en sus capitales o en el de las empresas subsidiarias o proveedoras, a cuyo efecto podrá realizar convenios directos, expropiaciones, adquisición de acciones y demás operaciones conducentes a aquellos fines. Las medidas que adopte el Poder Ejecutivo en virtud del presente artículo, serán luego llevadas a conocimiento del Poder Legislativo". Es decir, al Congreso Nacional no se le reconocía otra facultad que la de enterarse. Nada de aprobar o rechazar o cosa que se le pareciera.

La ley hablaba, según se ve, de "servicios públicos", que no era ciertamente el caso de las empresas navieras de ultramar. Y aún era discutible extender el concepto de "servicio público" a la navegación fluvial, según se vio en su lugar. Además, se decía que el propósito era "nacionalizar", cosa muy distinta a "estatizar". Los ferrocarriles ingleses fueron "nacionalizados" (y subsecuentemente estatizados). El Grupo Dodero ya había sido nacionalizado desde comienzos de la década del 30.En 1949 el Grupo Dodero sería estatizado. Y en cuanto a tomar parte en los capitales -que era la otra salida- daba la impresión de que, de llevarse a cabo, se mantendría la estructura empresaria de las sociedades en las que el Estado decidiera tomar participación. La cosa empezaría justamente así en el caso del Grupo Dodero, pero "a título provisorio" y apuntando hacia la estatización.

Quedamos entonces en que la participación del Estado en el capital de una determinada empresa de servicio público podía materializarse mediante convenios directos o por compra de acciones, entre otros arbitrios. En el caso del Grupo Dodero se aplicarán los dos procedimientos, como se verá oportunamente.

Don Alberto captó el mensaje implícito en esta norma legal. A partir de aquí podía conjeturarse o bien que don Alberto se dejó venir encima mansamente los acontecimientos, o bien que comenzó a moverse para llegar a un acuerdo que le representara a él y a los demás accionistas el menor perjuicio posible. Cabe imaginar asimismo algún encuentro con Perón para discutir el punto.

Lo cierto es que a fines de 1948, comenzó a ponerse en movimiento lo dispuesto por la ley, previa decisión gubernamental de que el Grupo Dodero estaba formado por un conjunto de empresas de servicios públicos que era "indispensable nacionalizar". Y se comenzó con lo que de inmediato se tenía más a mano: la compra de acciones ordinarias de la Compañía Argentina de Navegación Dodero en la Bolsa de Buenos Aires. Esas acciones venían cotizándose de años atrás, lo cual facilitaba mucho las cosas a los accionistas al cobrar parcialmente sus dividendos en acciones y tener que realizar por cualquier motivo parte de sus tenencias. Con la cotización bursátil equivalía a contar con efectivo de manera rápida.

Existía por entonces un Instituto Mixto de Inversiones Mobiliarias (IMIM), que actuaba en Bolsa comprando y vendiendo acciones, facilitando la colocación de grandes emisiones de interés público (recuérdese el caso de Kaiser y su fábrica de automotores). Entre sus tenencias, el IMIM ya debía contar con acciones de la Compañía Argentina de Navegación Dodero SA. que eran las únicas del Grupo que se cotizaban en Bolsa. Pues bien; el IMIM recibió instrucciones del Consejo Económico Social para ir comprando acciones de dicha empresa en el recinto bursátil. Paralelamente, se comenzó a negociar con don Alberto de manera directa-corno estaba previsto en la ley-para comprarle sus tenencias personales, particularmente las de la "holding" Río de la Plata, que aseguraban el control total del Grupo.

A estas avanzadas alturas del proceso de compra de acciones del Grupo (en Bolsa y de manera directa), basado en lo dispuesto por la ley 13.215, entra en vigencia la Constitución Nacional de 1949, cuyo artículo 40 disponía que "los servicios públicos pertenecen originariamente al Estado, y bajo ningún concepto podrán ser enajenados o concedidos para su explotación. Los que se hallaren en poder de particulares serán transferidos al Estado mediante compra o expropiación, con indemnización previa, cuando una ley nacional así lo determine".

Esto no hacía más que remachar en plan constitucional lo establecido en la ley 13.215, con la .variante de que, en lo sucesivo, para situaciones parecidas, debía contarse con una ley previa del Congreso. En otros términos; no tenían razón varios diputados radicales, que reclamaban la aplicación al Grupo Dodero de la nueva disposición constitucional a lo que ya estaba prácticamente ejecutado en base a una ley vigente al momento de poner en marcha todo el proceso. De paso, obsérvese que los radicales objetaban la norma legal aplicada, no el hecho de "nacionalizar" algo que ya estaba totalmente nacionalizado desde varios años atrás(?¿).

A comienzos de Mayo dé 1949, el Poder Ejecutivo aprobó las compras efectuadas en Bolsa por el IMIM y autorizó a los Ministros de Economía (Alfredo Gómez Morales) y Finanzas (Roberto A.Ares) para suscribir, "ad referendum",a nombre del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (o de "paralización", según algunos chuscos) -IAPI-  el contrato con don Alberto y sus hermanos José y Nicolás para la compra de las acciones de su propiedad. Por otra parte, el IAPI quedaba autorizado para disponer la compra de las acciones que estuvieran en poder de otras personas que no fueran los Dodero y que el IMIM no hubiera adquirido en Bolsa.

A todo esto, como durante el curso de las negociaciones había gente del Gobierno y de la oposición que le daban con un fierro a Alberto Dodero acusándolo de pretender enriquecerse aún más con el traspaso del Grupo al Estado, don Alberto decidió llevar a cabo una demostración contundente de que quien, en todo caso, se beneficiaría apreciablemente era el Estado. Puso en venta en Europa el carguero Tropero, y logró venderlo, en Abril de 1949, a una naviera holandesa en 1.750.000 dólares.

Ese barco había sido comprado en los Estados Unidos en 1946 -junto con siete unidades gemelas- en 1.005.000 dólares. Es decir que fue explotado por la Dodero durante más de dos años, y encima se había valorizado en el mercado internacional en un 74% sobre el valor original de libros en dólares, sin contar las amortizaciones correspondientes a esos dos años. En otros términos; solamente con aquellos ocho cargueros del tipo Victory, había un mayor valor fehacientemente verificado de casi seis millones de dólares. Aparte estaba el mayor valor de una gran parte de las restantes unidades de ultramar pertenecientes al Grupo.

No está demás señalar aquí que por cuerda separada, a principios de Mayo de 1949 el Poder Ejecutivo dispuso incorporar al Estado todas las compañías mixtas de aeronavegación que venían funcionando desde 1946. 

"La Nación", Buenos Aires,5.5-49. Aquellas empresas eran las siguientes¡ Flota Aérea Mercante Argentina (FAMA). Aviación Litoral Fluvial Argentino (ALFA), Zona Oeste y Norte de Aerolíneas Argentinas (ZONDA) y Aeroposta Argentina. A todas ellas se les retiró la personería jurídica. El Ministerio de Transportes tomó a su cargo la administración y explotación de los servicios de estas empresas y el activo y pasivo de cada una de ellas. Se mantenía en sus puestos al personal. Los Ministerios de Hacienda y Economía debían convenir la forma de rescatar las acciones del capital no estatal por intermedio del IAPI. Se nombró como interventor en las cuatro empresas al comodoro Martín Cairo.

Por entonces, el Presidente de FAMA y ZONDA era alguien llamado a tomar notoriedad con el tiempo. Se llamaba Alvaro C. Alsogaray. Por supuesto, presentó su renuncia a ambos cargos.

Formalización de la compra del Grupo Dodero por el Estado.

El 13 de Mayo de 1949 se produjo el "consumatum est", con la ceremonia que se describe a comienzos de este libro. El contrato de compra de las acciones de Alberto, José y Nicolás Dodero por parte del IAPI (representado por Alfredo Gómez Morales y Roberto A.Ares) quedó firmado por las partes. A las .cuarenta y ocho horas el Poder Ejecutivo lo aprobó. Los referidos Ministros dejaron constancia de que la operación se hacía "en cumplimiento del propósito de racionalizar (sic) los medios de transporte y llevar a la práctica la política económica que inspira el Superior Gobierno, la que ha sido consagrada por la Constitución Nacional vigente".

Decreto 11.293,del 12.5-49-El artículo 2 de aquel decreto disponía que todo lo adquirido por el Estado al amparo de aquel convenio, sería transferido al Ministerio de Transportes (a cargo por entonces de aquel 'niño bonito", ignorante donde los hubiera, llamado Juan F. Castro, que luego caería en desgracia), que una vez que practicara el inventario total de los bienes transferidos, sometería al Consejo Económico Nacional la incorporación de las diferentes empresas del Grupo Dodero a las jurisdicciones que correspondieran, de acuerdo con la naturaleza de sus actividades. A su vez, el Consejo elevaría al Poder Ejecutivo el proyecto de decreto correspondiente.

Veamos el contenido de aquel convenio. Por un importe de m¡$n 439 millones (que al cambio de m$n 4,2289 por dólar equivalieron a 10,4 millones de dólares), el Estado le compró a don Alberto y sus hermanos las 10.000 acciones ordinarias de la "holding" Río de la Plata Compañía de Inversiones Marítimas, cada una de mil pesos de valor nominal, es decir, todo el capital de esa empresa. Además, se incluyeron en la venta 65.884 acciones ordinarias de la serie A,de la Compañía Argentina de Navegación Dodero, de cien pesos valor nominal cada una, administradas por la Río de la Plata. Y finalmente, un crédito contra la Río de la Plata por m$n 7.449.646.

Anticipémosnos a dejar constancia aquí que pocos días más tarde, se autorizó al IAPI a comprarle al IMIM todas sus tenencias de acciones, tanto de la Compañía Argentina de Navegación Dodero SA., como así también de la Río de la Plata SA.de Navegación de Ultramar (la operadora de los barcos de pasajeros) por un valor total de m$n 164,2 millones (casi 39 millonesde dólares). Desde luego quedaban aún por comprar cantidad de acciones en poder de otras personas. Como sea, entre lo pagado directamente a los hermanos Dodero, más lo comprado por intermedio del IMIM y lo que faltaba comprar, se llegaba -según lo aseguró el Ministro de Hacienda, Ramón Cereijo- a una inversión total por la compra del Grupo Dodero de m$n 2Ó0 millones, equivalantes, al cambio vigente por entonces, a 6l,5 millones de dólares. Según Cereijo, el valor real superaba "con largueza" los m$n 300 millones (casi 71 millones de dólares), "sin tener para nada en cuenta los activos nominales ni importe alguno por lucro cesante"(27).

Volvamos ahora al convenio entre el Estado y los Dodero. Las 10.000 acciones de la "holding" Río de la Plata daban, según sabemos, el control de todo el Grupo. A fines de 1948, esta empresa poseía 153.731 acciones serie A de la Compañía Argentina de Navegación Dodero, que a su vez tenía participación mayoritaria o exclusiva en las navieras Río de la Plata SA. Compañía de Navegación de Ultramar y en la Compañía Argentina de Navegación Fluvial SA.;Yatahí Inmobiliaria y Financiera (propietaria del edificio/ de Corrientes 389); ALfa Sociedad Mixta de Aviación del Litoral (ya se ha visto lo que pasó con esta empresa a principios de Mayo de 1949, junto con las otras sociedades mixtas de aeronavegación); Pora Sociedad Argentina de Construcciones y Préstamos; LADAR Agencias y Representaciones SA.; Sociedad Anónima Hotel Cataratas del Iguazú; Compañía Uruguaya de Navegación y Transportes Aéreos SA.(CUNYTASA); South American Purchasing Agency Limited (SAPAGY), Agencia Brasileira das Linhas Dodero, con sede en Río de Janeiro; Dodero Agenzie Maritime Riunitti, con sede en Genova; Cooperativa de Consumo del Personal de Dodero; Compañía Hoteles Internacionales; Corporación Sudamericana de Servicios Aéreos; la Universal, Compañía de Seguros y Éter Publicidad.

Con todo, en aquel convenio los hermanos Dodero se reservaron la opción de readquirir las acciones de Líneas Aéreas Dodero y de la Compañía Uruguaya de Navegación y Transportes Aéreos SA.(CUNYTASA), con sede en Montevideo, jamás llegó a ejercerse.

Y así se produjo el traspaso al Estado de aquel patrimonio privado, que solamente para barcos de más de 1,000 TRB estaba constituido por 53 unidades que sumaban 240.838 TRB y 264.521 TPB. El precio al que se había vendido el Tropero equivalía a 229 dólares la TRB. Tirando este precio bien abajo, por la presencia de barcos fluviales anticuados (aunque de poca influencia en el tonelaje total de la flota) y varias unidades de ultramar que ya estaban fuera de época, poniéndolo en apenas la mitad (115 dólares la TRB), las 240.838 TRB representaban 277 millones de dólares. Esto dejando de lado cientos de unidades de menos de 1.000 TRB (remolcadores,chatas etc.) y todo el patrimonio extranaviero  (edificios, hoteles etc.). Cereijo estaba en lo cierto, aunque es posible que no lo supiera a ciencia cierta.

Quien hizo negocio fue el Estado.

Al momento.de su estatización el Grupo Dodero contaba con una flota de 380 unidades de todo tipo, que sumaban 400.000 TRB. aparte de astilleros y talleres de reparaciones navales en la Argentina y el Uruguay. Representaba la cuarta parte del tonelaje total de la marina mercante argentina. Transportaba dos millones de toneladas de cargas y 700.000 pasajeros al año. Integraba varias Conferencias. En suma, era un organismo pujante, lleno de vitalidad.

He aquí la evolución de su tonelaje, para barcos de más de 1.000 TRB, desde que los Dodero asumieron la dirección local de la Mihanovich hasta el momento del traspaso al Estado:

Años         Unidades      TRB        TPB            Promedio por barco TRB

1917........... 23             42.245     16.561          1.837

1918............ 22           41.1:9        16.261         1.870

1919........... 22            41.139      16.261           1.870

1920........... 22           41.139       16.261           1.870

1921........... 21           39.103       16.145           1.862

1922............ 24          43.942       19.767          1.831

1923........... 23           42.446       19.226           1.845

1924........... 22           41.216       19.276           1.873

1925........... 24           44.608       23.876 1.859

1926........... 26           46.848       27.416 1.802

1927........... 26           46.848       27.416 1.802

1928........... 26           46.256      27.496 1.779

1929........... 30           53.326       33.806 1.778

1930........... 33           58.508       38.966 1.773

1931........... 33           58.508       38.966 1.773

1932........... 33           58.508       38.966 1.773

1933........... 37            67.061       54.736 1.812

1934........... 36           67.891       57.586 1.886

1935........... 39           77.819       74-216 1.995

1936........... 38           76.699       72.446 2.018

1937........... 37          75.003       69.646 2.027

1938........... 38          76.330       70.033 2.009

1939............ 42          93-634       96.823 2.229

1940............ 41          89.605       87.689 2.185

1941............ 41          92.724       93.189 2.262

1942............ 40          84.615       77.669 2.115

1943............ 39          90.050       85.691 2.309

1944............ 38          88.049       85.191 2.317

1945............ 36          83.974       82.175 2.333

1946............ 50         181.637      224.643 3.633

1947............ 51         203.346      225.702 3.987

1948............ 53         226.649      264.561 4.276

1949............ 53        240.838      264.521 4.544

Este último era el potencial al momento de la estatización del grupo Dodero. Obsérvese que en 1946 se incorporan 14 barcos con 97-663 TRB,o sea,más que el tonelaje existente,y además,salvo los tres Ho$i Islands,barcos con apenas un par de años de antigüedad cuando más.

En su libro "The Pirrie-Kylsant motorships 1915-1932" (Londres,1984) Alan S.Mallet y Andrew M.Bell caen en el más irrescatable despiste, cuando al referirse al grupo Dodero afirman, muy sueltos de cuerpo, que "fue nacionalizado sin compensación de ninguna especie por el gobierno de Perón en 1949"-

Ya hemos visto qué era exactamente lo que los Dodero le vendieron directamente al Estado aquel 10.5-49. Comentaba "La Prensa", B.Aires, 14.5-49, que por negociación directa, el Estado llegó a poseer las 219.615 acciones ordinarias de la serie A de la Compañía Argentina de Navegación Dodero con derecho a tres votos. El resto del capital de esa empresa estaba constituido por 633.820 acciones serie B de un voto, que se venían cotizando en Bolsa a m$n 230, luego cayeron a m$n 160 y enseguida se estabilizaron en m$n 170. A este precio el IMLM fue comprando todas las acciones que se ofrecían. "Vale decir-concluía "La Prensa"-que si el Estado adquiere la totalidad de las 633-820 acciones al precio de m$n 170, deberá invertir, además de los m$n 43,9 pagados a los hermanos Dodero, otros m$n 107,4 millones, lo que haría un total de m$n 151,7 millones por todas las acciones de la Compañía Argentina de Navegación Dodero, cuyo valor nominal es de m$n 85,3 millones".

Ya hemos visto que en la compra directa a los hermanos Dodero había algo más que la compra de acciones de la empresa naviera.

 Los discursos de circunstancias.

Ya se sabe que Perón se hizo presente en aquella ceremonia en la que su amigo Alberto Dodero iba a pasar el momento más amargo de su vida. Allí estaban también los "doctorcitos" recién salidos de la Facultad de Ciencias Económicas, horros de toda experiencia y conocimiento en achaques de negocios y vida comercial, pero laureados en planificación, estructuración, coordinación, racionalización y toda la topiquería barata resultante de las malas digestiones de todo lo que habían "tragado" en las clases y en los escritos de Alberto Prebisch y el "keynesianismo" entonces en voga. Claro está que los Cereijo, Gómez Morales, Ares y Barro allí presentes, eran luminarias deslumbrantes al lado de aquel asombroso Juan F.Castro, que las iba de Ministro de Transportes.

Terminada la lectura del contrato, se procedió a la firma del mismo. Don Alberto echó mano, al bolsillo donde traía el texto del discurso que había preparado para aquella tristísima ocasión.

Comenzó don Alberto haciendo un sobrio resumen de la operación, añadiendo que con ella, el Estado "adquiere el contralor de una vasta organización en materia de transporte, que se ha caracterizado por una política muy conservadora, a tal punto que se ha limitado a pagar dividendos muy razonables, ha mantenido y ha renovado constantemente al máximo todas y cada una de las unidades que integran su flota y ha amortizado sus valores en forma tal que asegura a los compradores la realización de un negocio brillante. En los últimos días de nuestra gestión al frente de la compañía, obtuvimos la autorización para vender una de las unidades del tipo Victory a- un precio casi igual al doble de lo que nos había costado hace menos de dos años (se está refiriendo don Alberto al ya comentado caso del Tropero). Hace muy pocos días, en momentos en que el Consejo Económico Nacional ya nos había hecho conocer su decisión definitiva de estatizar la compañía (aquí don Alberto deja sentado claramente que fue obligado a vender el Grupo al Estado), recibimos oferta para comprarnos otros dos buques similares. Creímos de nuestro deber consultar al CNE, el que nos hizo saber que las autoridades competentes entendían que no se debían vender dichos buques, a pesar de que el precio ofrecido casi doblaba el precio de costo.".

Y mirando fijamente por encima de los anteojos a los "doctorcitos", continuó don Alberto:"Traigo este recuerdo, señores ministros, porque quiero dejar establecido que con el importe de la venta de esos tres buques del tipo Victory, el comprador (el Estado) habría recibido una cantidad de dinero igual, o quizás mayor, a la que nos paga por la totalidad de las acciones serie A de la Compañía (la Compañía Argentina de Navegación Dodero), ue por el juego de las disposiciones estatutarias, dan derecho al control y administración de la misma".

Don Alberto hizo un silencio prolongado como para dar tiempo a los presentes, con Perón incluido, absorbieran lo que acababa de revelar, y siguió adelante:"Llegado a una situación como ésta, y frente a una decisión irrevocable encargada de nacionalizar la compañía (¡ fue él quien la nacionalizó a comienzos de la década del 30!) ya en vías de realización por la compra de importantes cantidades de acciones serie B (las compras del IMIM en Bolsa), me conformé (pudo decir don Alberto "no tuve más remedio") con el ofrecimiento que me hicieron los señores ministros, creyendo entonces, como sigo pensando todavía, que vendemos el control de la compañía por un precio realmente bajo".

Como contestándole a su hermano "Pino" aquella catilinaria que éste se largó en la célebre reunión de Directorio de Abril de 1949 ya comentada, añadió don Alberto:"Pero si no hemos hecho cuestión de precios, hemos presentado y hemos exigido, en cumplimiento de un imperativo de nuestra conciencia, una condición esencial, que encontró eco en el espíritu de las personas encargadas de realizar la operación en nombre del gobierno de la Nación. Me refiero, señores ministros  (esta vez la cosa era con Juan F. Castro) a la cláusula establecida en el contrato, en la que consta que hemos pedido que se asegure eficazmente la situación de todo el personal que trabaja en la compañía, y que nosotros no podíamos de ninguna manera abandonar en estos momentos, sobre todo teniendo en cuenta su antigüedad, su competencia y su lealtad, y más por el convencimiento absoluto que tenemos de que el personal de la Compañía ha sido decisivo para el éxito de los servicios que ha prestado durante toda su. vida.

Para mi no hubiera tenido sentido olvidar al personal de la Compañía en el momento de entregarla en manos del Estado, aún cuando esa entrega sea-como es-el resultado de la fuerza invencible de una política general("y no de mi voluntad y mi deseo", podía leerse implícitamente entre líneas). El Instituto comprador (el IAPl), representado por los cuatro ministros que me escuchan (Cereijo, Gómez Morales, Ares y Barro) dejó establecido su propósito firme de contemplar esa condición dentro de las disposiciones legales. Pero yo entiendo que los compradores han de respetar no sólo la disposición al pie de la letra, sino que estarán obligados a respetar su verdadero espíritu, encaminado, por un lado, a asegurar la situación personal de los funcionarios, pero encargado, por el otro, a asegurar la continuidad de los servicios perfectos que ha prestado hasta ahora la Compañía Argentina de Navegación Dodero en sus diversas secciones, y que no se podrán seguir prestando si no se cuenta con el apoyo decidido, franco y leal del personal que hemos tratado de defender.

Por eso, la verdadera interpretación de la cláusula está en el cumplimiento de las obligaciones recíprocas, que coloca al Estado en el deber de respetar a los funcionarios en su empleo, categoría, sueldo y posición, y a los empleados, sin excepción, en el deber de seguir prestando la misma cooperación, con el mismo entusiasmo y el mismo ahinco, como medio de asegurar el prestigio y la categoría del nuevo servicio público que pasa a manos del Estado. Debo recordar al personal embarcado que la bandera argentina tendrá que soportar la competencia de las demás banderas. Esa competencia exigirá una atención permanente y exigirá además ser parco en los gastos (a título individual, don Alberto no era precisamente un paradigma en esta materia...), de modo que será difícil, al menos por ahora, innovar en materia de sueldos y salarios, ya que en estos últimos tiempos han recibido aumentos de consideración" (en esto, pudo tranquilamente don Alberto dejar cargada una bomba demagóg ica en perjuicio de "los compradores", cosa que no estaba en su condición).

Evocó, a continuación, don Alberto que en 1943 habla ofrecido, en nombre de la empresa, el Hogar del Marino, "oportunidad en que conocí al Secretario de Trabajo y Previsión Social, coronel Juan Perón, que hizo uso de la palabra. Allí habla dicho Perón que se avergonzaba de que aquella obra naciera de la inquietud de una empresa privada, pues el Estado nada había hecho en la materia. Desde aquel día, el coronel Perón y yo sellamos una verdadera amistad personal, que se fue asentando en la convergencia del mismo concepto social. Pero debo y tengo que decir ahora (esto era para la "urbis" allí presente, pero más que nada para la "orbis" de los chimenteros de la City y los políticos opositores) que a pesar de mi situación en la rueda de los negocios de los grandes mercados y de la posibilidad de buscar oportunidad para realizar operaciones de toda clase, nunca intervine en ningún negocio, ni nunca me mezclé en ningún propósito extraño ,ni nunca sugerí un pedido ni señalé un deseo. Mi amistad con el gobernante (Perón!) está por encima y al margen de todo propósito subalterno, y me siento feliz de afirmarlo así, en términos categóricos que nadie puede desmentir".

Terminó don Alberto formulando votos para que "la Compañía Argentina de Navegación Dodero, en las nuevas manos que han de dirigirla, siga el derrotero de su incesante progreso y de su mejor perfeccionamiento".

La crónica registró que hubo sostenidos aplausos y que Perón se confundió con don Alberto en un apretado abrazo).

Democracia". Buenos Aires, 14-5-49-;Qué trago más amargo debió ser aquello para don Alberto!. Y ya han pasado cuarenta años...Su trajinada juventud para capacitarse plenamente en el negocio naviero, las arduas negociaciones en Londres en 1916 y su arranque, a partir de 1917, como Presidente del Directorio local de aquella empresa que no era suya; los malos ratos que tuvo que soportar con Lord Kylsant; el triunfo de 1930 cuando la adquisición de la mayoría del capital de la Mihanovich; la incomprensión oficial de 1937 al proponer la "argentinización" total de la empresa; el momento glorioso de 1942 en que logra, con el solo esfuerzo de su empresa, el anhelado objetivo de 1937 con la recuperación del capital en poder de subditos británicos y la redención de los debentures; la titánica lucha emprendida en los Estados Unidos para comprar, contra viento y marea,una impresionante flota de ultramar entre 1946 y 1948; la consolidación definitiva de la Dodero y la Río de la Plata con sus lineas regulares de ultramar...Todo esto para terminar en aquel tristísimo final, que traía el recuerdo de lo dicho por el presidente del astillero inglés Alexander Stephen, al declarar que "si alguna vez, la ineficiente y auto-destructiva mano de la estatización se posa alguna vez sobre los astilleros británicos (como realmente sucedió a partir de ese monstruo llamado British Shipbuilder, aún subsistente) consideraré que todos los esfuerzos de mis antepasados durante el último siglo habrán sido en vano".

Aquí conviene subrayar que, por los propios dichos del máximo protagonista de aquel drama, la venta del Grupo Dodero al Estado le fue impuesta a don Alberto, quien consideró que no valía la pena luchar (ya muy escaso de "gas vital") contra algo que, por lo visto,lo había desbordado al propio Perón, quien pocos años más tarde serla acusado de violar su propia Constitución-y precisamente el articulo 40-a cuenta de las negociaciones con empresas petroleras norteamericanas.

Y sigamos ahora con la glosa de aquella ceremonia. A continuación de don Alberto, se largó su discurso triunfalista y "chupamediero" el entonces Ministro de Hacienda y Presidente del Consejo Económico Social, Ramón A.Cereijo.

Cereijo volvió pesadamente a explicar los términos del convenio con la mediocridad de un tenedor de libro de cuarta y por ahí dijo que desde ese momento, el Estado tendría oportunidad de darle a las empresas del Grupo Dodero "la orientación que más convenga a los intereses del país",como si los Dodero hubieran hecho todo lo posible por contrariar aquellos intereses.

Conceptuó como "equitativa" la suma de m$n 43,9 pagada por el Estado para "adquirir el control de tan importantes empresas". Aquello-opinaba Cereijo-era "una forma de intervención del Estado en la vida económica". las objeciones que se hacían en contra de la operación "emanado de inveterados prejuicios de ideología económica, o de una incompleta visión de las rectas conveniencias del país", las críticas de algunos sectores provocaban cierta alarma, si se tenía en cuenta de que se trataba de una operación que beneficiaba a todos,"incluso a los intereses que ellos, abierta o encubiertamente, defienden"(?). Continuó "sanateando" lo suyo en tomo a la economía dirigida, el justicialismo, la mar en coche y la Biblia en pasta. Indicó que se estaba aplicando "la tesis de la intervención del Estado en la economía, con arreglo al principio de la función supletoria del mismo"(la garrapata era mucho más grande que el ternero parasitado, ya que al producirse la estatización de las flotas del Grupo Dodero, el Estado pasaba a tener el 80% del tonelaje. Esto era "función supletoria"?). Se detuvo en el mensaje que Perón leyó ante el Congreso Nacional pocos días antes, donde habló de "el decido propósito de rescatar para el Estado la prestación de todos aquellos servicios que interesan a la comunidad", y el principio contenido en el artículo 40 de la Constitución Nacional, en el sentido de que "los servicios públicos pertenecen originariamente al Estado, y bajo ningún concepto podrán ser enajenados o cedidos para su explotación". Con todo, advirtió Cereijo que el estatismo no era "el ideal del gobierno". Mechó la sobada muletilla de "la Nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana",y de paso arremetió contra "la ideología liberal".

Y aquí viene un párrafo que tiene su miga:"Ya sabemos que no se trata de una compañía extranjera, sino de una compañía argentina y que los valores se hallan en nuestra plaza. Pero el gobierno ha creído oportuno comprar sus acciones y obtener el control, porque tiene un concepto amplio de lo que debe ser la misión del Estado como promotor del bienestar general, y sus miras no están influidas por las conveniencias particulares de consorcios internacionales que pueden ver en esta medida una amenaza a los resultados de sus cuentas de ganancias y pérdidas". De manera que todo aquello se justificaba simplemente por un "concepto amplio", más el jeroglífico efectista del final de aquel risueño y vacío engominado...

Y enseguida otra. Anticipó Cereijo que ya se habla decidido que las empresas compradas a los Dodero pasaran a depender del Ministerio de Transportes, "que ha acreditado-textual!-en forma brillante e incontrovertible su capacidad para administrar los servicios públicos a su cargo" (alguna lambida debía ser reservada a Juan F.Castro, de quien ya se conocían sus ambiciones políticas de "delfín de Perón", y había que tomar precauciones lo mismo que aquel comisionado francés en la película "Casablanca", ante la eventualidad del advenimiento de un Cuarto Reich, solamente que a Castro le bajó Perón abruptamente los humos que se le habían subido a la cabeza, aparte de su irredimible analfabetismo en materia de transportes).

También anticipó Cereijo que se racionalizarían los servicios, "evitando superposiciones antiecoa5micas" (posible alusión a los frecuentes "overlappings" de los barcos de la Dodero con los de la Flota Mercante del Estado en más de un tráfico ).

Poco más adelante, dará otra nueva apoyatura conceptual a la compra del Grupo Dodero por el Estado. El motivo de aquella compra no era otro que el de "labrar la presente felicidad del pueblo y la grandeza futura de la Patria".¿Qué tal?.

A regañadientes, reconoció lo que los Dodero habían significado en el desarrollo de la marina mercante argentina. Dirigiéndose a don Alberto agregó que "al reiterar en este acto tan justiciera mención, quiero también destacar ante la opinión pública el meritorio esfuerzo de .vuestras empresas por el bienestar del numeroso personal que ocupan, y poner de manifiesto el generoso espíritu con que habéis procedido en diversas oportunidades, al aportar vuestra inestimable colaboración moral y material a la obra de ayuda social que con noble afán e incansable energía lleva a cabo la dignísima esposa del Excelentísimo señor Presidente de la Nación, doña María Eva Duarte de Perón".¡Faltaba más!. No puede asombrar a nadie que cuando aquel portento de la ciencia económica nacional dejó el Ministerio de Hacienda, pasó a administrar la Fundación Eva Perón, con lo cual está dicho todo...o casi todo. Porque también estuvo lo de Racing, el club de sus amores. Pero mejor parar aquí.

Como era de esperar, el acto lo cerró Perón con unas palabras de circunstancia. Comenzó expresando que aquella compra del Grupo Dodero era una de las tantas programadas "dentro de nuestro plan de realizaciones de gobierno". Además se estaba dando así cumplimiento a la Constitución Nacional "que hemos tenido el honor de jurar hace poco". Ponderó la actuación de don Alberto y sus hermanos. Dirigiéndose particularmente a don Alberto, le daba "un abrazo cariñoso", y dejó constancia de "el reconocimiento a que el Estado está obligado hacia hombres que han consumido su vida por el bien y la riqueza de la Nación" .

Y aquí viene algo que descolocó lo dicho por don Alberto y certificado en cierta forma por Cereijo: "Aprovecho también esta oportunidad -enfatizó Perón- para reconocer el desprendimiento, especialmente del señor Alberto Dodero, al ofrecer (ofrecer!) su compañía, y al haber dejado al arbitrio del Estado la valorización de tan importantes bienes (como si don Alberto se hubiera anticipado a decirle al gobierno:" les ofrezco mis empresas por el precio que quieran pagarme"). Ello demuestra dos cosas: la fe que el señor Dodero tiene en la justicia del Estado (vamos,"cuanto vales"!) y su desprendimiento como argentino para servir a los bienes de todos los demás argentinos, a los cuales él no puede ser indiferente, porque es un ciudadano de la Nación"(?). Al agradecer aquel gesto, "lo hacemos con toda la amplitud de nuestro corazón, agradeciéndole a un argentino que se desprende de lo que ha sido el compañero de toda su vida: su trabajo, su construcción, para ofrecerlo al Estado (¡ y dale con lo de "ofrecer"!), sin otro interés que engrandecer el bien de todos los argentinos, aunque para ello deba sacrificar personalmente algo de su bien individual".

De acuerdo con todo lo que hasta aquí llevamos visto, no fue iniciativa espontánea de don Alberto venderle al Estado el Grupo Dodero. Si en un momento dado llegó a"ofrecerlo" -como dijo Perón-fue porque estimó que no le quedaba otra alternativa, atrapado en una pinza formada por aquella ley de 1948 y la nueva Constitución de 1949jmás la paranoia estatizante de los Cereijo y la compañía, que evidentemente pudieron más que Enrique García, Juan Pistarini y Miguel Miranda. Insistimos además en el bajón anímico que don Alberto venía sobrellevando, y que actitudes como las de su hermano "Pino" no hicieron más que agudizar. Bastaba ver su aspecto físico de aquellos alucinantes días. Perón, por lo visto, no le tiró la cuarta que quizás don Alberto esperaba recibir antes de que se alcanzase el "point of no return".

Con todo, le quedó un resto a don Alberto para organizar una cena monstruo en "Les Ambassadeurs", en homenaje al personal de las tres flotas del Grupo. En esa cena, "Evita" se hizo presente como invitada de honor, escoltada por Juan F. Castro. Esto fue el 23 de Mayo. Todavía don Alberto permaneció en Buenos Aires todo el mes de Junio. Luego se fue a Europa para descansar de todo aquel "ordeal" y tratar de restablecer su quebrantada salud.

Anímicamente destruido y físicamente consumido, como ^queriéndose disculpar con "Bertie", don Alberto le dijo a su hijo por entonces que "para arrancar en mi vida comercial, yo recibí muy poco de mi padre desde el punto de vista material. Ahora, con todo lo que nos lia pasado, a tí te sucederá algo parecido". A lo que "Bertie" -según nos lo contó- le contestó:"Papá, yo estoy recibiendo dos legados tuyos: uno es tu nombre, que es como una moneda de libra esterlina, conocida y valorada en todo el mundo. El otro es el "sambenito" de peronista, que vaya a saber qué consecuencias me trae en el futuro".

Ya hemos adelantado que "Pino" se dedicó desde esos momentos a sus negocios particulares, con frecuentes viajes a París. Nicolás se retiró de toda actividad. Luis, desde años atrás, se había concentrado en sus campos. Y Enrique, que en Corrientes 389 era un visitante más, se atrincheró más, si aún cabe, en la Agencia Marítima Dodero, que seguiría teniendo en la Compañía Argentina de Navegación Dodero y sus continuadoras estatales su cliente principal. En "La Semana Financiera" del 20.5-49 se criticó la estatización del grupo Dodero sin mayor enjundia y todo adobado con los lugares comunes de que "no tenemos conciencia marítima", que no había tripulaciones idóneas, que faltaban astilleros para respaldar el potencial naviero nacional, que había que limitar el tonelaje de la marina mercante, que los armadores estatales debían desaparecer (justo en momentos en que la Flota Mercante del Estado era un modelo de buena administración, lo mismo que la AGTF) y se preconizaba la creación de "una sociedad mixta autónoma", o sea ,la idea esbozada varios años antes por José Arce en la Academia Nacional de Ciencias Económicas, según lo expusimos en nuestra "Historia de la Marina Mercante Argentina". Véase también Aurelio González Climent,"La ley de Ministerios Nacionales y los transportes y teleccmunicaciones", publicado en la Revista de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, setiembre de 1949-

En su interesantísima obra "Perón y su tiempo" (Buenos Aires,1984), Tomo LI,pág.450, el historiador Félix Luna, comenta que durante la gira por Europa en 1947 escoltada por Alberto Dodero, "la conducta privada de Evita fue inobjetable", pese a alguna que otra metida de pata y algún que otro papelón. Preguntando quien habría levantado aquel "muerto".dice Luna que "nunca hubo en el presupuesto nacional una partida asignada a este fin. En París, ante la insistencia de un periodista, Evita declaró que el empresario Dodero pagaba los gastos. Nadie pudo decir nada sobre el dinero que costó el viaje ni de dónde salieron los fondos".

En la página 164, glosa Luna aquel enloquecido "nomenclátor" de barcos mercantes argentinos, con nombres tales como Presidente Perón, General Perón, Juan Perón, Eva Perón, Evita, etc, y comenta que "estos excesos bautismales no habrían sido demasiado importantes si, paralelamente, la flota mercante no se hubiera convertido poco a poco en un campo de improvisaciones y favoritismos. El más escandaloso: la compra de las empresas de navegación pertenecientes a la familia Dodero, en Mayo de 1949, que no parece haber sido otra cosa que una operación de complacencia. El gobierno peronista había sido particularmente generoso con este "holding", que continuaba con la explotación iniciada por Nicolás Mihanovich en el último tercio del siglo pasado, por ejemplo, al concederle la exclusividad del transporte de inmigrantes al país-ese brote de la temprana postguerra que trajo algunas decenas de miles de italianos, españoles y centro-europeos" .

En otra ocasión hemos señalado que a Luna no lo había dotado Dios de claridad de juicio en materia de marina mercante (véase, en especial, nuestra "Historia de la Marina Mercante Argentina"). Vamos a respetar su convicción de que aquello del Grupo Dodero por el Estado no fue más que "una operación de complacencia", es decir, la tesis que atizaban por entonces algunos "proceres" de nuestro mundo económico y auspiciaban en el Congreso los diputados radicales, según lo veremos más adelante. Pero eso de la concesión de la exclusividad del transporte de inmigrantes es "una información de ignorancia". Desde luego, Luna ignora olímpicamente el contrato con el IAPI, que Dodero era el único armador argentino que se había equipado con barcos transformados a tal fin con capitales propios y financiación oficial, y que así era como operaban las grandes navieras internacionales en aquel campo específico del transporte masivo de pasajeros.

Sin embargo, como no las tenía todas consigo, Luna escribe poco más adelante que "nunca quedaron claros los motivos por los que el Estado adquirió las acciones pertenecientes a la familia Dodero, que le daban el control de las tres grandes empresas navieras del Grupo" (ahora resulta que no se sabe.-..).

Y remata expresando que "lo único cierto es que Alberto Dodero era íntimo del matrimonio presidencial y había pagado total o parcialmente el viaje de Evita a Europa, obsequiándole además un edificio de varios pisos en la calle Gelly y Obes. El propio Perón -que en uno de sus mensajes presidenciales elogió la obra cumplida por Dodero- (y eso estaba mal, don Félix?) reconoce estos regalos en su libro "La fuerza es el derecho de las bestias". Difícil, entonces, ' que la operación haya sido un mal negocio para el magnate marítimo".

Si alguna vez llega a leer este libro,¿admitirá nuestro gran poeta que estaba macaneando a tres bandas?.

Ya hemos puntualizado que la versión de aquellos discursos fue la que extrajimos del matutino "Democracia" decididamente "situacionista", por ser la más amplia. En "La Nación",Buenos Aires, 14.5-49 hay otros conceptos más del discurso de don Alberto, que contradicen aquello del "ofrecimiento". En efecto; don Alberto expresó que no podía evitar "una política decidida a estatizar, contra todo evento, la totalidad de los medios de transpórtele los cuales la Compañía Argentina de Navegación Dodero no es otra cosa que un importante eslabón". Dejó en claro que "esta negociación la he realizado por la fuerza de las circunstancias (pocos minutos más tarde Perón sostenía que todo respondía a un "ofrecimiento" de don Alberto...),ya que, en el fondo, es una operación que nos perjudica en forma extraordinaria". Más adelante dijo que "nosotros hemos bregado para obtener disposiciones precisas y concretas, encargadas de coordinar todos los servicios de transportes de los ríos argentinos (alusión a la AGTF estatal?), buscando la colaboración con los transportes terrestres (un año antes se habían nacionalizado los ferrocarriles), Esa coordinación, que hemos reputado siempre de necesidad imperiosa, no la hemos podido conseguir, y será fácilmente conseguida ahora (jamás se conseguiría!), ya que todos los medios de transporte estarán reunidos en las manos del Estado, pudiendo en esa forma colocar a la organización que se denomina Compañía Argentina de Navegación Fluvial en condiciones de seguir realizando un buen servicio con muy buenos resultados".

También se refirieron al acto "El laborista"."EL líder","Clarín" y "La Prensa" del 14.5.49,incluso con fotos de Perón abrazándolo a don Alberto. Por su parte, el "Buenos Aires Herald" de la misma fecha comentó aquella ceremonia bajo el título "Cheap at $43-92.3.000,says don Alberto".

El debate en la Cámara de Diputados.

Ya se anticipó que cuando se estaba gestando la compra del Grupo Dodero por parte del Estado,varios diputados radicales,encabezados por Silvano Santander, presentaron un proyecto de resolución pidiendo explicaciones al Poder Ejecutivo sobre puntos relacionados con aquella operación.

Concluidas las formalidades ya narradas de la compra del Grupo Dodero por parte del Estado, el Poder Ejecutivo decidió mandar todo lo actuado al Congreso Nacional, con cuyo motivo tuvo lugar un extensísimo debate, con la presencia de Cereijo y otros ministros.  Aprobado el asunto en Diputados, pasó a Senadores, que le dio rápidamente su conformidad. Y fue así como se sancionó la ley 13-542,el 5 de Agosto de 1949, que santificó todo lo actuado en la materia.

En el debate entablado en la Cámara de Diputados hubo de todo, desde planteos formulados con seriedad y altura por algunos (muy pocos, poquísimos) legisladores oficialistas y opositores, hasta trivialidades y golpes bajos alevosos.

Quien peor salió parado, sin duda, fue Cereijo. Lo más luminoso que dijo fue aquéllo de que el valor del Grupo Dodero superaba los m$n 300 millones. El resto de su intervención consistió prácticamente en atrincherarse en la lectura tediosa de cosas minúsculas, en medio del abucheo y el titeo inmisericorde de los legisladores de la oposición, que ciertamente no desaprovecharon aquel plato que se les sirvió en bandeja. Cereijo llegó a la puerilidad de proporcionar el diámetro del reloj situado en la cúpula del edificio de Corrientes 389. Apenas cuando un diputado radical lo trataba con consideración (como fue el caso de Zavala 0rtiz), pudo decir cosas con algún sentido.

Hubo dos cuartos intermedios, uno pedido por el diputado oficialista Visca "para que descanse el orador" (Cereijo) y otro solicitado por el radical Dellepiane "para que descanse el auditorio".

Cuando podía, Santander trataba de meter alguna baza. Por ahí sostuvo que "el gobierno ha sido complaciente y generoso con el "holding" Dodero, cuyos integrantes son también directores de la CADE. El país ha comprado una empresa en bancarrota".Alguien le gritó a Cereijo en el recinto que era "el síndico de un quebranto".

Lo que vendría con el tiempo, le demostraría de manera rotunda a aquel mediocre que macaneaba a toda orquesta. Porque, vamos a ver, ¿ hasta cuándo estuvieron en actividad los Victory, los Liberty y los C-3 (la columna vertebral del grupo Dodero) incorporados al patrimonio del Estado en Mayo de 1949?. Algunos seguían navegando a comienzos de la década del 70.

Además, que un radical se atreviera a hablar de la CADE...

 Por Decreto 22.592,del 14.9-49, fueron derogados los decretos que habían otorgado la personería jurídica a la Compañía Argentina de Navegación Dodero SA,Río de la Plata SA.de Navegación de Ultramar y Compañía Argentina de Navegación Fluvial SA(art.l),disponiéndose asimismo que el Ministerio de Hacienda convendría con los Ministerios de Economía y Finanzas la forma del rescate de las acciones aún no adquiridas-(art.2). También se autorizaba al Ministerio de Transportes a "reestructurar la organización y funcionamiento" de las mencionadas empresas (art.3).

En los considerandos de este Decreto se expresaba que con las compras realizadas hasta ese momento, el Estado era titular del 71% del capital accionario con derecho a voto de la Compañía Argentina de Navegación Dodero, lo que, a su vez, daba el control del 88% de los capitales de la Río de la Plata SA de Navegación de Ultramar y de la Compañía de Navegación Fluvial Argentina. Por otra parte,"siendo el Estado Nacional el propietario de las ya varias veces citadas empresas, cuya adquisición(?) y explotación ha sido encomendada al Ministerio de Transportes, se hace necesario proceder a ajustarías a su propia y específica organización como entidad estatal, máxime teniendo en cuenta el carácter eminentemente comercial acordado y reconocido al mencionado Departamento de Estado. Es incompatible con lo precedentemente expuesto el carácter jurídico que actualmente presentan, especialmente dado el principio fundamental que consagra la Constitución Nacional en su artículo 40. No es óbice para la reestructuración de que se trata la circunstancia de que haya acciones preferidas aún no adquiridas, desde que actualmente y para el caso no tienen derecho a voto,y por su parte,el derecho de sus titulares se respeta mediante el pertinente rescate".

Posteriormente, por Decreto 12.850,del 26.6.50, se dispuso el retiro de la circulación y el reembolso correspondiente, de acciones preferidas y ordinarias de las tres empresas mencionadas que aún seguían en poder de terceros.

En su libro "la primera presidencia de Perón"(Buenos Aires,1963), Hugo Gambini desvaría a más y mejor sobre los motivos del traspaso al Estado del Grupo Dodero, el transporte de inmigrantes, además de hacerse eco de lo dicho en el semanario"la Venguardia" del 30.11.48, en el sentido de que Don Alberto se sacó de encima el reverendo clavo de sus flotas "halagando a la pareja presidencial", costeando el viaje a Europa de Eva, a quien "luego de la operación" (sic!), le obsequió la residencia de Gelly y 0bes,"un paraíso arquitectónico de ocho pisos con una piscina aérea bordeada de jardines".

Gambini se ocupa además del debate en la Cámara de Diputados. las maratónicas lecturas de Cereijo eran interrumpidas por Santander, que pedía cifras concretas. En un momento dado interviene a favor de Cereijo aquella gloria portentosa del Parlamento nacional que se llamaba José E.Visca, quien dirigiéndose al legislador radical, le soltó esta insuperable muestra de fino humor:"¿No prefiere que le traigamos la guía Kraft, señor diputado?".

Sigue diciendo Gambini que "abarrotado de expedientes, Cereijo comenzó a detallar el inventario del edificio de Corrientes y Reconquista, y abundó en explicaciones sobre el reloj de la cúspide y la amplia capacidad de los ascensores."¡Queremos saber cuánto mide la cabeza del ascensorista!", tronó fastidiado Atilio Cattaneo. "Esta payasada es un insulto a la Cámara", reprochó Osear lópez Serrot, también radical. "Ustedes pidieron la interpelación, y no me van a enseñar cómo debo contestarle", se defendió Cereijo. "¡Termine de una vez, que a Ud. no lo aguantan ni en Racing!", le espetó Dellepiane.

 El caso de la flota fluvial.

Este, era el sector más flojo de las flotas del Grupo Dodero, constituido mayoritariamente por unidades que venían de los tiempos de don Nicolás Mihanovich, con algún que otro "aggiornamento" posterior.

Nos contó hace unos años nuestro recordado amigo Alberto Chiappe (que en 1949 era el titular de la AGTF y el indiscutido "padre" de la navegación fluvial por empuje en la Argentina),que ya en 1946 había comenzado Alberto Dodero a realizar gestiones para venderle al Estado la flota fluvial. Con este motivo, se nombró una comisión en el Ministerio de Hacienda, con representantes de varios ministerios, para considerar el asunto. Por el de Obras Públicas, Juan Pistarini-terminantemente opuesto a que se compraran los barcos fluviales de Dodero- designó a Chiappe con instrucciones tajantes de rechazo a todo intento en aquel sentido. Sucedía que Pistarini era en esos momentos víctima de sus propias palabras, al haber preconizado públicamente que su política era la de estatizar la navegación fluvial. Don Alberto, con aquel pie, se adelantó a hacer el referido ofrecimiento, y lo mismo hicieron por entonces otros armadores privados. La Comisión la presidía Cereijo. Pero aquella comisión (hay quien cínicamente afirma que para eso se. las crea) no pasó a mayores.

A todo esto, Alberto Dodero-según nos lo decía Chiappe-había prevenido a Perón contra el sistema de empuje, cosa que éste le transmitió a su Ministro de Obras Públicas. Sin embargo-nos siguió diciendo Chiappe-pocos años más tarde don Alberto tuvo el gesto de reconocer que Chiappe estaba en lo cierto con su decidida promoción del empuje.

El 31 de Marzo de 1948 se creó, con prodiga nomenclatura, una Comisión Especial para el Estudio y Planeamiento de los Sistemas para la Explotación y Coordinación de los Servicios de Transportes. Ante ella volvió a plantear don Alberto Dodero la venta de su flota fluvial. Pistarini designó a Chiappe como" representante de Obras Públicas en dicha comisión, con las instrucciones consabidas: oponerse a la compra de "chata rra y barcos viejos". Asi lo hizo Chiappe.

Según la manifestó Miguel A. Zabala Ortiz en la Cámara de Diputados en el célebre debate del que nos venimos ocupando, "tanta significación tuvieron los propósitos de vender la flota fluvial al Estado, que en Mayo de 1948, cuando se supo en la Bolsa que no se había conseguido realizar la operación, las acciones de Dodero cayeron 58 puntos. Este hecho significaba que el mantenimiento de la flota por parte de Dodero representaba seguras pérdidas, seguros quebrantos en el futuro". Debe insistirse que Zavala Ortiz se refería a la flota fluvial, que al final de cuentas era apenas una subsidiaria de la Compañía Argentina de Navegación Dodero.

En 1950 el déficit de la Fluvial subió a m$n 11,8 millones para pasar a m$n 22 millones en 1951. Véase detalles en Aurelio y Anselmo González Climent,"Historia de la Marina Mercante Argentina",Tomo V,pág.99(Buenos Aires,1973).

Se decía en "The Review of the River Píate",del 27-549,que "la compañía Dodero estaba teniendo dificultades financieras con su flota fluvial, pues las barcazas administradas por el Ministerio de Obras Públicas (alusión a la AGTF) cobraban fletes ruinosamente bajos, que no tenían relación con los costos, porque un departamento de Estado no tiene por qué obtener utilidades. Además, se habían cuadruplicado los salarios del personal, tanto a bordo como en los puertos".

Hasta que llega el mes de Mayo de 1949.Pistarini y Chiappe estaban en los Estados Unidos para ultimar la compra de remolcadores de empuje y material para construir barcazas en astilleros argentinos.

Nos narró Chiappe que una noche, estando en un hotel de Washington, "entró Pistarini a mi habitación echando bufidos de rabia. Me dijo que le acababan de hablar telefónicamente del Ministerio para avisarle que se había aprobado la compra de toda la flota de Dodero,la de ultramar y la fluvial. Me dio a entender que se había querido aprovechar su ausencia para llevar la operación a cabo. Pistarini quedó muy afectado y molesto por aquel episodio".

En su último ejercicio como empresa privada,la Compañía Argentina de Navegación Fluvial SA.tuvo un déficit de m$n 2,3 millones,habiendo transportado 613.000 toneladas de cargas y 497>000 pasajeros,lo que le representó ingresos por m$n 54,8 millones. Solamente en reparaciones se fue más de la mitad de aquellos ingresos,cosa que se explicaba por la alta edad promedio de su flota de barcos de más de 1.000 TRB: 33,3 años(42).

En este caso,no parece que haya dudas acerca de que don Alberto "ofreció" la venta de su flota fluvial. La competencia de la armadora estatal AGTF(eficientemente conducida por Alberto Chiappe),la rigidez tarifaria y las reglas de juego imperantes en el orden interno no permitían otra salida.

Pues bien; en el debate producido en Junio de 1949 en la Cámara de Diputados, tuvo lugar el siguiente diálogo entre el diputado radical Miguel Ángel Zavala 0rtiz(uno de los pocos rescatables de aquel episodio) y el Ministro de Hacienda, Ramón A.Cereijo, este último en uno de sus momentos más lucidos, seguramente por mérito del legislador radical:

Zavala Ortiz.¿ Podría informar el señor ministro si la flota fluvial de Dodero producía beneficio o quebranto en los últimos ejercicios?.

Cereijo...tengo el gusto de contestarle. La flota fluvial ha dado pérdida/no porque fuera antieconómica, sino por la falta de coordinación en los transportes fluviales, ya que sobre una misma ruta existía competencia de varias empresas, y entre éstas, de la Flota Fluvial del Estado (AGTF), que muchas veces competía con fletes menores. En estos instantes, el Ministerio de Transportes ha coordinado esa acción y la empresa comienza a producir beneficios (acabamos de ver que esto no fue así!).

Zavala Ortiz. ¿ Cómo puede hablarse de competencia o de coordinación cuando se trata de dos sistemas completamente distintos, el de la Flota Fluvial del Estado (la AGTF) de transporte a remolque (quiso decir "a empuje"?) y el de la Flota Fluvial de Dodero, de transporte en buques de autopropulsión?.

Cereijo.Lógicamente, la flota de barcazas, como se denominare denominaba "remolque por empuje") tiene que ser más económica, porque no necesita tanto personal como en el caso de los barcos de autopropulsión. Además ha faltado coordinación, porque ambas flotas hacían el mismo recorrido.

Zavala Ortiz. Son sistemas completamente distintos, señor ministro.

Cereijo. Si, señor diputado, lo acabo de expresar. Zavala Ortiz. Uno se emplea porque es económico; el otro, como no lo es, produce quebrantos. El concepto de la Flota Fluvial del Estado es el de realizar un servicio económico a base de barcazas, siguiendo los preceptos (sic) practicados con mucho éxito en los Estados Unidos, sobre todo en el río Mississippi. Cereijo. Exactamenté.

Zavala Ortiz. Esa es la orientación de la Flota Fluvial del Estado. En cambio, la orientación de la flota fluvial Dodero es absolutamente incompatible con la orientación trazada por la Flota Fluvial del Estado.(¡ cómo hubiera disfrutado Pistarini eso de la incompatibilidad!).

Cereijo. Pero en este instante, puede ser un complemento, porque la Flota Fluvial del Estado no darla abasto para transportar la totalidad de la carga. Si no dispusiéramos en este instante de una flota fluvial como la de Dodero, habría cargas que no se transportarían".

Alberto Dodero sabía perfectamente bien que en el campo fluvial no tenía escapatoria. Su competidor era el mismísimo Estado con su sistema de empuje (la Administración General de Transporte Fluvial-AGTF) bajo la conducción de un hombre sumamente competente, su tocayo Chiappe, y los ferrocarriles Ese mismo Estado, metido a empresario naviero y ferroviario era el que, en virtud de las normas vigentes, manejaba las tarifas del transporte interno, tarifas que por razones políticas aunadas a la inercia estatal, no eran actualizadas simultáneamente, ni mucho menos, con la evolución de los costos, lo que desalentaba toda inversión destinada siquiera a reponer el material flotante. El"empuje"-que el propio Estado venía operando jurídicamente a "título precario", conforme a las normas de Prefectura- era un campo que le estaba vedado al armamento privado fluvial. Con barcos viejos, la flota fluvial de Dodero tenía en las permanentes reparaciones, el cáncer que estaba devorando a la empresa, y eso en un doble sentido: por lo que las reparaciones costaban y por el tiempo que se llevaban y que, por lo tanto, achicaban la oferta de servicios en el mercado y disminuían los ingresos operativos.

No cuesta mucho, por lo tanto, explicarse que don Alberto intentara una y otra vez sacarse de encima aquel tumor. Lo que pasa es que cuando lo logró, aquel tumor, como si hubiera evolucionado hacia una metástasis fatal, arrastró con todo el resto de un organismo sano, pujante y con futuro, que hasta en las manos del propio Estado siguió rindiendo beneficios a la economía nacional. Que hubiera podido rendir mucho más en el campo privado y bajo una conducción competente, eso queda a juicio de cada uno.

 La Agencia Marítima Dodero.

Ya se vió en su momento que esta era la empresa más antigua de los hermanos Dodero,como que fue creada por el padre de ellos asociado al señor Malmus a comienzos del siglo XX. Esa misma empresa subsiste hoy en día  en el 2012.

La Agencia tuvo vinculación comercial con la naviera de don Nicolás Mihanovich, la cual prosiguió y se fortificó cuando Alberto, con sus hermanos Luis y José, se hizo cargo del Directorio local de la Mihanovich a partir de 1917. Por entonces, Nicolás era muy joven. El que quedó fuera de la Mihanovich inglesa fue el hermano mayor, Enrique. Es que había un motivo que tenía ribetes hasta sentimentales, sin olvidarse, claro está, de lo crematístico. En efecto; algunos de los hermanos debía continuar "full time" a cargo de la agencia. Y ese alguien fue Enrique.

En la Agencia, cada hermano tenía inicialmente una participación del 20%. Esta empresa no tenía nada que ver -salvo las relaciones comerciales normales-con el Grupo Dodero. Siempre fue independiente, y desde hacía muchísimos años lo tenía a Enrique Dodero al frente.

Cuando Luis Dodero se desvincula, totalmente en 1946 de la empresa cuyo Directorio todavía integraba, y de la cual fue su administrador general hasta 1942,decidió liquidar todo su acervo naviero para volcarlo íntegramente en la actividad agropecuaria. Y entré las cosas que don Luis realizó en ese momento, estuvo su 20% en la Agencia Dodero. Se lo vendió a sus hermanos José y Nicolás, que de esta manera pasaron a detentar el 30% cada uno. En cambio, Enrique y Alberto siguieron con su 20% original.

En circunstancias en que don Alberto montó su gigantesco "holding" Río de la Plata SA de Inversiones Marítimas, la Agencia Marítima Dodero quedó totalmente al margen. Cuando se centralizaron en Corrientes 389 las sedes de las empresas del Grupo Dodero, la agencia siguió trabajando en su local de Sarmiento al 400. Como sucedía en el caso de otros clientes, la Agencia percibía una comisión sobre los fletes de la Compañía Argentina de Navegación Dodero y la Río de la PlataSA de Navegación de Ultramar.

Quedamos, pues, en que la Agencia Marítima Dodero era ajena al Grupo Dodero. Pero, hete aquí un pasaje del celebérrimo debate de la Cámara de Diputados que nos viene ocupando, cabal ejemplo de lo que debe entenderse por el "Método Ollendorf," :

Santander. Quería completar la información para hacerle esta pregunta al señor ministro: si entre las entidades cuya nómina acaba de leer el señor ministro figura la Agencia Marítima Hermanos Dodero, con domicilio en Sarmiento 424, Capital Federal.

Cereijo. Tengo aquí la lista de las acciones compradas.

Santander. Yo pregunto si en la nómina figura la sociedad que he citado'.

Cereijo.No podría contestarle enseguida. Sigamos viendo los antecedentes.

Santander. Señor ministro: se trata de una compra. Yo pregunto si ésta está incluida o no. Cereijo. El monto de la compra es de 200 millones de pesos. Santander. ¿ incluye la Agencia Marítima Dodero? Cereijo. Le contestaré después. Absalón Rojas. Como el señor ministro ha mencionado las compañías anexas, era lógico preguntar si ésa está o no incluida. Cereijo: Quiero contestarles con seguridad. Presidente (Ricardo Guardo).Sírvanse no interrumpir al orador los señores diputados".

Con lo cual, todo quedó cabezonamente en la penumbra. Cabe imaginar que Santander estuviera bien aleccionado en el sentido de que la Agencia no estaba incluida, mientras que Cerei jo no lo sabría a ciencia cierta. La pregunta de Santander tenía una evidente mala uva, pues por entonces había quienes decían que a los Dodero, a pesar de vender su Grupo, les quedaba "la vaquita lechera" de la Agencia, con ingresos más o menos estables y asegurados, por un lado, y bajísimo costo operativo, por el otro. Para la vida rumbosa que don Alberto estaba acostumbrado a darse, con lo que la agencia podía darle (tenía apenas el 20%) apenas le alcanzaba para el desayuno.

En Junio de 1949, Enrique le comunicó a Alberto, que "Pino" le había ofrecido venderle su 20% en la Argentina. Don Alberto le aconsejó a su hermano mayor que comprara aquel 20%, que luego se lo repartirían "entre los tres"(Enrique, Alberto y Nicolás). La compra de Enrique se hizo pero el reparto no llegó a materializarse. Lo cierto es que Enrique terminó quedándose con toda la empresa y la siguió conduciendo. Al final de cuentas, llevaba en la empresa fundada por su padre más de treinta años de actividad.

Todavía le quedan a don Alberto más malos ratos que sufrir.

Producido el traspaso al Estado de todo el Grupo Dodero(47), todavía le quedaba a don Alberto otros tragos amargos por delante. De poco consuelo le servirla que poco después del 13 de Mayo de 1949, Perón lo nombrara asesor presidencial en materia de transporte marítimo, además de venir ejerciendo la presidencia del periódico "Democracia", del que, a decir verdad, se ocupaba poquísimo.

Nota:

Por Decreto 14.009,del 15.6.49, se aprobó una de las incontables "reestructuraciones" del Ministerio de Transportes. Habiéndose producido el ingreso del Grupo Dodero al patrimonio racionarse decidió,por lo tanto,que entre las reparticiones dependientes de la entonces Subsecretaría de Marina Mercante, revistara una Dirección Nacional de la Flota Dodero. la cosa no podía ser más "contra natura".

Recién por Resolución del Ministerio de Transportes 133,del 15-1-51 fue cuando se creó la empresa estatal Flota Argentina de Navegación de Ultramar (FANU), a quien se le transfirieron todos los barcos de ultramar del grupo Dodero, además de la imponente flota de remolcadores chatas y pontones portuarios, así como también los talleres de Avellaneda, Almirante Brown y San Femando, esto último, base de la futura empresa estatal TARENA. También recibió FANU todos los barcos fluviales, los que serían cedidos en arrendamiento, en un principio, a otra empresa estatal creada "ad hoc": La Flota Argentina de Navegación Fluvial (FANF). Luego vendrán EFFDEA y ELMA. Quien se interese en la evolución posterior a Mayo de 1949, puede ver los detalles en la "Historia de la Marina Mercante Argentina",Tomo V,pág.8l y siguientes.

Ya se ha dicho que en Julio se fue a Europa para restablecer su salud y superar la intoxicación mental que le produjo toda aquella pesadilla. Por supuesto, eso no impedía que la cabeza siguiera trabajando sobre tal o cual asunto pendiente, tal o cual iniciativa frenada. Ya no podía, como antes, distribuir el juego descargando preocupaciones y tensiones en sus hermanos, ni tampoco en quienes hablan sido sus más inmediatos colaboradores en la empresa, quien más quien menos procurando asegurar su supervivencia en el nuevo e impredecible escenario en el que tenían que desenvolverse. Además, estaba a la vista de todo el mundo que ya comenzaban a producirse las primeras víctimas de quienes eran etiquetados como "contreras".

De retorno de su viaje a Europa, se entera que durante su ausencia, el clan del Consejo Económico Nacional lo hablan colocado en una posición desairada ante el gobierno uruguayo. La cosa se había encarajinado hasta tal punto que don Alberto consideró que no tenía más salida por delante que pedirle a Perón que lo ayudara. Después de todo, era su asesor, tenia acceso directo al Presidente de la República. Pero para que la cosa quedara documentada, se decidió a enviarle a Perón una carta, fechada el 18 de Diciembre de 1949, en la que, a renglón seguido de un familiar "Mi querido Presidente y amigo", le decía que "si hay alguien que no debe pedir favores al Presidente, justamente por tener la distinción de ser su amigo, ese soy yo", pero que se atrevía a molestarlo por algo que consideraba de "toda justicia".

Y entonces, don Alberto le narra a Perón que en 1946, previendo el aumento de cargas que se iba a producir en el noreste del país, y teniendo presente el alto costo de los transbordos, le encargó a aquel recordado ingeniero Horn del que ya hemos hablado en varias oportunidades, que estudiara e hiciera construir lanchas especialmente adaptadas para traer directamente a Buenos Aires la producción de aquella zona, sin necesidad de hacer transbordos ni en Posadas ni en Corrientes, pasando "por encima del Apipé". Analizado todo el asunto .luego de los estudios de Horn, se decidió construir seis de aquellas embarcaciones. En esos momentos, era difícil conseguir los materiales en el país para comenzar de inmediato las tareas, y entonces se recurrió a la Compañía Uruguaya de Navegación Limitada, que pudo conseguir todo lo necesario del otro lado del río, donde además el Grupo Dodero tenía talleres propios en Carmelo, como ya es sabido.

Se trataba de la lancha Punta Guaycurú (construida en 1912), la lancha Punta Gorda construida en 1908), el carguero Canadá (construido en 1926) y el remolcador Riacho (construido en 1906). Todas estas unidades tenían un valor de libros de m$n 576.000.

También en aquellos momentos estaba prohibido en el Uruguay exportar materiales y embarcaciones. Pero se decidió encarar la obra y ya se encontraría la fórmula para eventualmente transferir las lanchas al pabellón argentino.

Explicaba don Alberto a Perón que "aquí existía la obligación de reintegrar las divisas de los fletes (¿ negociarlos en el Banco Central?), pero en aquella época no había, en realidad, cuestiones sobre las divisas uruguayas, que se cotizaban en muchos momentos por debajo del cambio oficial. Así se procedió, con toda buena fe, y la Compañía Uruguaya pagó el material y gastos de construcción con el producido de los fletes de cargas y pasajes de la Compañía Dodero, sin perjudicar en nada la cuestión de las divisas argentinas".

Llegó el momento en que habla que obtener el permiso para transferir las nuevas lanchas del Uruguay a la Argentina, para lo cual se propuso que la Compañía Uruguaya de Navegación le comprara a la Compañía Dodero varias embarcaciones de principio de siglo, que para ésta última habían dejado de ser rentables.

Por entonces, la Compañía Uruguaya de Navegación era propietaria de m$n 2.100.000 valor nominal de acciones preferidas del 62% de la Compañía Argentina de Navegación Dodero. Aquellas acciones habían sido bloqueadas por el Banco Central de la República Argentina como capital extranjero llegado al país antes de 1947."Estos valores-que son los únicos de que dispone la Compañía uruguaya para el pago de este material-se hablan destinado al pago de las unidades viejas, operación ésta que se hizo sobre todo para poder compensar la introducción e incorporación de las nuevas unidades que el comercio del Alto Paraná ahora tanto reclama", explicaba don Alberto al "Presidente y amigo", y le agregaba:" Debo advertirle que hay varios decretos firmados por Vd. autorizando la transferencia, y que al hacerse la venta de la Compañía Dodero ál Estado, figura en el convenio esta operación como una de las varias pendientes de ejecución. No tuve reparos en suprimir los detalles que se hablan puesto originalmente en el convenio, a fin de reducir éste al mínimo, y por consiguiente, no figura en él de dónde proceden los dos millones de pesos de la Compañía uruguaya".

Sigue narrando con Alberto que una semana antes de enviarle a Perón esta carta, ignoraba ("hasta que el señor ministro Cereijo me lo leyó") que hablan recaído resoluciones del Banco Central oponiéndose a la transferencia de las embarcaciones viejas al Uruguay "sin entrada de divisas", lo cual era lógico-acotaba don Alberto-"si no se tiene en cuenta sino una faz del asunto, y no la operación en conjunto, que contempla los intereses del país".

A su regreso de Europa, don Alberto fue informado por el Gerente de la Compañía Uruguaya de Navegación, señor Vidal, que había obtenido de las autoridades uruguayas un permiso para transferir a la Compañía Argentina de Navegación Dodero (ya en poder del Estado) tres de aquellas lanchas construidas en Carmelo, bajo la promesa de que el material argentino de "compensación" (las embarcaciones viejas) serian debidamente transferidas al Uruguay. Por otra parte, las autoridades uruguayas se proponían retener las otras tres lanchas nuevas "hasta formalizar conjuntamente todas las transferencias respectivas".

Ante esto, y en su carácter de asesor presidencial de marina mercante, don Alberto se decidió a intervenir, pero como el empresario de toda la vida y no del burócrata presupuestívoro aferrado al cargo. No pensó, seguramente, en que lo comprendían "las generales de la ley", no tanto por la Compañía Argentina de Navegación Dodero (ya en poder del Estado), sino por la Compañía Uruguaya de Navegación, en la que seguía participando. Acostumbrado a expedirse ejecutivamente, ni se le ocurrió pedir su excusación, y "bajo mi palabra de que todo se llevaría a cabo", consiguió la entrega de las embarcaciones, incluyendo una lancha tanque especialmente destinada al transporte de aceite de tung. Por eso fue que "nunca imaginé,al tomar este compromiso (ante las autoridades uruguayas), que el Consejo Económico Nacional pudiera exigir transferencia de divisas (por las embarcaciones viejas) para una operación que representa tal beneficio para el país. Primero, porque las seis lanchas que se transfieren a la Argentina costarían hoy tres veces más que lo que han costado a la Compañía Argentina de Navegación Dodero, hoy Estado. Segundo, porque de construirlas hoy, se tardaría lo menos un año antes de poder disponer de ellas. Tercero, porque de hecho, la Compañía Dodero percibe cuatro veces el valor de libros (de las embarcaciones viejas), y que si bien son pagos con capitales bloqueados, no deja de ser una operación de gran beneficio para la Compañía Dodero, hoy Estado".

"Mi querido Presidente-seguía diciéndole don Alberto a Perón-,en lo que a mi personalmente concierne como accionista de la Compañía uruguaya-acciones que me fueron vendidas por el Estado-me convendría más guardar el importe de las acciones preferidas que recibir las lanchas viejas para la Compañía uruguaya, pero como Asesor de Transporte, cargo con el que Vd.me honró en el mes de Mayo último, no he titubeado en tomar resoluciones que benefician al comercio argentino, y hoy me encuentro en la situación incómoda de no poder cumplir con mi palabra, dada a las autoridades uruguayas en un asunto de alto interés para el país. Es por eso que me permito acudir ante Vd. para que, considerando los factores que acabo de exponerle, quiera intervenir a efectos de que pueda cumplir con los compromisos que he contraído, en el bien entendido que los he contraído con mi intima convicción de servir al país. Por otra parte, se trataría de una suma insignificante de divisas en relación al beneficio que se presta al país, al incorporar elementos que facilitan la salida de su producción y que proporcionan, a su vez, cuantiosas divisas, dando además solución a un problema vital para los productores del Alto Paraná". Y remataba don Alberto aquella carta Perón diciéndole:"Disculpe la molestia que le ocasiono y créame siempre su afectísimo y seguro servidor".

Es de suponer que don Alberto, antes de enviarle a Perón aquella carta, ya había agotado con los burócratas del Consejo Económico Nacional todas las posibilidades. Allí lo que estaba en juego era su palabra ante las autoridades uruguayas, palabra que había permitido traerse las seis lanchas nuevas así incorporadas al patrimonio estatal.

Ignoramos cómo terminó este episodio que a don Alberto tanto lo había molestado. Es de suponerse que con la intervención de Perón, todo se anduvo. Al final de cuentas, monetariamente era una insignificancia.

Tampoco sabemos cuánto tiempo duró don Alberto como asesor presidencial. Por algo que veremos en su momento en relación a su hermano Luis y Perón, sospechamos que pudo haber sido hasta el final de la poca vida que le iba quedando. A lo mejor, Perón intervino en aquel episodio de poca monta a favor de su amigo, y aseguraba así una amistad que evidenciaba ser sincera.

Pero aún le quedaban por delante otros tragos amargos que afrontar a don Alberto con los Cereijo que en el mundo eran.

 

Este sitio es publicado por Histarmar - Argentina

Direccion de e-mail: [email protected]

Este sitio usa únicamente cookies técnicas y almacenamiento local para su funcionamiento. No compartimos datos con terceros. Más información