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Historia y Arqueología Marítima |
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Fuentes: Ver inicio de la historia de Mihanovich y del libro "Alberto Dodero, Su Vida, su obra, sus barcos" de Aurelio González Climent y otras fuentes del archivo de Histarmar.
Sugerimos leer ambien desde el principio de la Historia de la Cia de Navegacion Mihanovich, su venta a capitales ingleses y su re-argentinizacion.
| 1942 | 1943 | 1944 | 1945 | 1946 |
| 1947 | 1948 | 1949 | 1950 y 1951 | Epílogo |
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. El hotel "Victoria
Plaza" de Montevideo. El último favor que don Alberto le pidi6 a Perón. Al comenzar el año 1950, apenas le quedaban de vida a don Alberto un año, tres meses y monedas. Patrimonialmente, lo más importante que en esos momentos tenía entre manos era la construcción del hotel Victoria Plaza en Montevideo. En realidad, un tiempo atrás don Alberto se había propuesto levantar dos grandes hoteles en ambas márgenes del Río de la Plata: uno en Buenos Aires (en terrenos de Las Catalinas, cerca de donde hoy se levanta el Sheraton) y el otro en Montevideo. El primero se quedó en la etapa del proyecto. En cambio, el Victoria Plaza estaba en esos momentos en plena obra. Aún faltaba bastante para terminarlo. Allí había que invertir todavía mucho dinero. Don Alberto deseaba acelerar los trabajos lo más posible. Pensó en transferir a Montevideo el dinero recibido del Estado por la venta de su Grupo. Ya por entonces se había acabado aquel molesto oro que impedía caminar cómodamente por los pasillos del Banco Central. Ya se había extendido lá "mishia" de los dólares, que cada vez iba a ser más grave, teniendo al IAP1 como ladero, el Banco Central controlaba todo férreamente. Se hablaba, eso sí, de "excepciones" para determinados personajes como Jorge Antonio, Trichieri y Amar. La cosa era peliaguda. Don Alberto volvió a recurrir a Perón en busca de ayuda para sus propósitos, quien, a su vez, convocó a una reunión con Cereijo, Gómez Morales y otros altos funcionarios para discutir qué podía hacerse. Bloqueadas aparentemente todas las salidas,a alguien se le ocurrió que podían facilitársele las cosas a don Alberto, a caballo de una exportación de maíz al Uruguay. Porque la otra alternativa que a don Alberto le quedaba por delante era llevarse el dinero al mercado negro, con los riesgos y el mayor costo consiguientes, sin contar lo que para él seguía representando la amistad con el Presidente de la República y todo lo que de él decía por entonces "la contra". En aquellos momentos no era infrecuente recurrir a este tipo de piruetas, incluso para el pago de importaciones, pero que, después de todo, permitían canalizar operaciones sin salirse del mercado oficial de cambios. Ante aquella propuesta, don Alberto alegó que jamás en su vida había sido exportador. Pero prácticamente le dieron a entender que era "eso o nada". No tuvo más remedio que aceptar, haciendo de tripas corazón. Mas al llevarse a la práctica aquel operativo, las cosas se complicaron a extremo tal que don Alberto decidió volver a escribirle a Perón. Hemos tenido en nuestras manos el borrador de esa carta, redactada de puño y letra por don Alberto, incluyendo varias tachaduras y enmiendas. Finalmente la carta fue pasada en limpio y enviada al Presidente de la República. El borrador no tenia fecha. Aquella carta llegó a manos de Perón a principios de 1950. Allí don Alberto se quejaba amargamente de Ramón A. Cereijo, presidente del Consejo Económico Nacional y Ministro de Hacienda quien había montado un mecanismo paralizante, como hecho de intento, y que además le representaba a don Alberto mayores perjuicios. En otros términos; don Alberto intuyó que lo estaban "empaquetando" y manoseando. Don Alberto le pedía a Perón que interviniera nuevamente para solucionar aquel "imbroglio",informándole, de paso, que para continuar con las obras del Victoria Plaza, acababa de vender .su casa de los alrededores de Nueva York en 250.000 dólares, adobando esto con una extensa parrafada sobre toda la obra social que habla hecho en su empresa en consonancia con el ideario del Presidente, la amistad que los unía etc.(l). Finalmente, la cosa, con una serie de complicaciones y garantías documentadas, se hizo. Pero fue esta operación precisamente la causa de muchísimos malos ratos para "Bertie" y su hermano Pedro, cuando las comisiones investigadoras de 1955. Finalmente, aquello no pasó a mayores). NOTAS DE 1950 Cuenta don G. Climent que, al recibir esta carta, le comentó "Bertie" que "entre Perón y Evita por un lado, y la Betty por el otro, lo destruyeron a mi padre". Le dijimos, entonces, que si no cabía admitir otra posibilidad más, que le expusimos de la siguiente manera: Perón y Eva tenían a su alrededor un "entourage" de obsecuentes "suma cum laude".improvisados salidos de la nada, que para defenderse contra las pretensiones de otros que los quisieran imitar, formaron un Soviet cerrado que tenía a su cargo las palancas básicas de la administración pública. Aquellos tales verían con alarma el grado de amistad de un empresario prominente como don Alberto con la pareja gobernante, y posiblemente comenzaron a temer que eso les problematizara sus comederos y sus propósitos de sensuales sin escrúpulos. Siendo así,no sería nada de extraño que aquel Soviet urdiera la monstruosa trama de la estatización del Grupo Dodero para liquidarlo a don Alberto. Y luego. viendo que Perón lo había hecho asesor presidencial, trataron de ponerle todas las piedras posibles en su ya desmonetizado camino, algo así como el golpe de gracia. "Bertie" se quedó un rato callado y por ahí nos musitó pensativamente:"A lo mejor, había bastante de todo eso". En esa misma oportunidad, nos informó "Bertie" que su padre se había afiliado al Partido Peronista y llevaba siempre en la solapa el emblema del partido, pero el de Eva (que era con fondo blanco) no el de Perón. Muerto don Alberto,parece que Eva trató de recuperar aquel emblema que ella le había regalado, pero no lo consiguió. En su momento, el Victoria Plaza quedó terminado. En los primeros tiempos de ALAMAR, allí se hicieron varias asambleas de la entidad. También allí tuvo inicialmente sus oficinas la ex ALALC, hasta su traslado a la calle Cebollatí. Todo esto nos dio oportunidad de conocerlo. "Bertie" terminó vendiéndoselo unos años después a la Secta Moon. De Mario Vargas Llosa,"Entre la libertad y el miedo",en "La Nación",Buenos Aires,8.1.80. "Estas prácticas no sólo corrompen al Estado-.también a las empresas y a los empresarios. Pero conviene tener en cuenta, a la hora de señalar responsabilidades, las jerarquías en las culpas. La "empresa" está tan satanizada por la cultura política latinoamericana como el "capital extranjero" y la "transnacional". Ella es una de las heroínas de nuestra demonología ideológica. Los "progresistas" han convencido a innumerables latinoamericanos de que una "empresa" y un "empresario" no tienen otras finalidades en la vida que burlar impuestos, explotar a los obreros, sacar dólares a Miami y perpetrar operaciones turbias en complicidad con el Estado. Pocos advierten que si en muchos casos ocurre efectivamente así, es por culpa exclusiva de nuestros Estados, ya que son ellos. y no las "empresas" y los "empresarios" los que fijan las reglas del juego económico y los que deben hacerlas cumplir. Son ellos los que han procedido de tal modo que a menudo, para una empresa, la única manera de tener éxito sea recibiendo privilegios cambiarios o monopólicos .o corrompiendo funcionarios, y de que las condiciones de inseguridad sean tales que no haya incentivos para reinvertir en el país y sí para sacar el dinero al extranjero". 1951. La muerte de Alberto Dodero. Los veintidós meses que le quedaban de vida desde el fatídico mes de Mayo de 1949 los dilapidó don Alberto entre Buenos Aires, Europa y Montevideo. Siguió con su incurable desorden vital, abusando de la bebida, del tabaco (los famosos "medio cigarrillos"), de las festicholas con artistas cinematográficos internacionales. En 1946 se había divorciado de Betty, pero volvió a juntarse mas adelante, hasta que en Setiembre de 1953 ella terminó casándose con un tío bonito de Hollywood que le salió "hermafrodita". Nos comentó Ramón de Isequilla que estuvo al Ido de don Alberto hasta sus últimos momentos-que no podía negarse que don Alberto ira un reculado mujeriego. Su fama en ese campo era proverbial. Pero esa fama la podían perfecamente compartir los cinco hermanos "sin excepción". Todos ellos, acotaba Isequilla, "adolecían de la misma virtud". Don Alberto le decía al que lo quería oir que "prefiero vivir seis meses como me da la gana a vivir seis años como quieren los médicos". Lo tumbó en Montevideo una primera hemorragia hepática. La cirrosis había hecho estragos en su organismo. Con todo, mantenía su lucidez. Sus hijos "Bertie" y "Pedro se llevaron a la madre (doña Carmen Christophersen) a Montevideo. Desde Buenos Aires, Eva y Perón llamaban con frecuencia por teléfono, interesándose por el estado de salud de su amigo. Se produjo una segunda hemorragia hepática que sería fatal. Su hermano Enrique estaba en Montevideo en esos momentos. "Pino" se resistía a viajar a Montevideo, pero finalmente cedió al pedido de su hermano Nicolás, y ambos cruzaron el río. Luis estaba en su campo, y viajó a Montevideo tan pronto le dieron la noticia del súbito agravamiento de la salud de Alberto. En un momento dado, "Bertie" atiende el teléfono en la clínica donde su padre estaba internado. Era Evita, que enterada del estado de su amigo, gritó:"¡ Don Alberto no puede morirse!" (la infeliz no podía saber en esos momentos lo poco de vida que a ella le quedaba por delante).Y le agregó a "Bertie" : "Decime cualquier cosa, no importa qué, que yo pueda hacer por tu padre, por favor!". Fue entonces que "Bertie" le pidió: "Mire señora, yo le pedirla que Vd. haga lo posible para que mi hermano Pedro, que está en Europa, venga inmediatamente a Buenos Aires". A lo que evita contestó:"No te preocupes, dalo por hecho". Y Eva removió cielo y tierra, logrando que Pedro tomara un vuelo de KLM que salía de Rotterdam aquella misma noche. Doña Carmen llamó aparte a "Bertie" y le musitó que consultara a su padre si desearía que viniera un sacerdote para confesarlo. "Bertie" se fue a la habitación donde su padre se moría, y le formuló la pregunta. Don Alberto contestó con un gesto afirmativo de su cabeza. Vino el sacerdote, se encerró a solas con don Alberto y al rato salió buscándolo con la mirada a "Bertie". Lo logró, y con los ojos le transmitió algo así como "tu padre ya tiene la visa del "ego te absolvo". Y así murió don Alberto. Su hijo Pedro llegó pocas horas después, lo mismo que su hermano Luis. Era el 2 de Marzo de 1951- En esos momentos, don Alberto tenía 64 años de edad. Los acababa de cumplir el 9 del mes anterior. En su recordado libro, Luis Dodero consigna cae su hermano Alberto "terminó sus días en Montevideo el 9 de Marzo de 1951. Su última vdumad fu: que sus restos quedaran con los de sus padres en el cementerio del Buceo". En la revista "Marina", de Marzo de 1951 se publicó la infausta nueva de la muerte de Alberto Dodero, "un hombre de empresa y un caiballero a carta cabal. Hombre de intensa vida, dio a las actividades navieras,a las cuales se dedicó por mandato de sangre y por su visión de futuro, sus más preciosas energías. Estuvo ta,bién vinculado a otras empresas...Los buques de sus flotas fluvial y ultramarina abrieron aguas, aseguraron comunicaciones y estrecharon vínculos, no solamente entre las ciudades de los literales argentino, oriental, brasileño y paraguayo, sino también entre nuestro país y los puertos de nuestro continente, África, Europa y Asia...El cuartel general de sus actividades fué preferentemente en Buenos Aires. De ahí que haya sabido entender nuestros movimientos socio-políticos...Su muerte lo halló consustanciado con nuestro destino, colaborando en el despertar nacional, especialmente en lo que concierne a las actividades marítimas... Miembro de la Liga Naval Argentina, este consocio fue electo director de la entidad en el período 1946-1949, en cuyo transcurso se desempeñó en el cargo de Vicepresidente primero...". Perón y su esposa que se hicieron representar en el velatorio por el comodoro Pons Bedoya y por Juan Duarte, respectivamente- sugirieron a "Bertie" y a Pedro traerse los restos a Buenos Aires, pero los hermanos les hicieron saber que la voluntad de su padre era que sus restos descasaran junto con los de sus padres en el cementerio del Buceo. Perón y Eva comprendieron que no debían insistir sobre aquel punto, acatando la voluntad postuma de aquel amigo cuya pérdida sintieron sinceramente. Don Alberto dejó un testamento preparado cuatro años antes, en el cual no incluyó aquellas propiedades que pensaba trasmitir a Eva. Después de todo,l os regalos (incluyendo propiedades) que don Alberto le hizo en vida a Eva, superaban con creces lo que ella hubiera podido imaginar. Por lo demás, para hacer regalos a sus amigos, don Alberto era un manirrota desmesurado. Los únicos herederos de don Alberto fueron su; hijos "Bertie" y Pedro. Desde la muerte del padre hasta finales de aquella década del 50, la vida fue un verdadero infierno para ambos, con los problemas de la sucesión, la resaca de la estatizacion del Grupo Dodero, las insólitas pretensiones de Betty, la comisión investigadora de bienes de 1955 y otros problemas que don Alberto dejó tras suyo. Nos resumió "Bertie" su vida de aquela época as esta manera: "Hasta 1955 nos tuvieron locos por antiperonistas, y a partir de 1955 por peronistas". Nace el "Alberto Dodero".
Se recordará aquellos tres barcos de pasajeros y carga encargados a astilleros holandeses por el IAPI y la participación que le cupo a la Río de la Plata SA de Nave gación de Ultramar, perteneciente al Grupo Dodero, y a su ingeniero Horn. El primero de esos barcos, al ser botado, recibió el nombre de San Lorenzo.Al incorporar aquel barco a la flota estatizada, y como homenaje postumo, el gobierno peronista le cambió el nombre por el de Alberto Dodero. Al llegar la flamante unidad al puerto de Buenos Aires, se organizó a bordo una ceremonia en homenaje a don Alberto. Como no podía ser de otra manera, a esa ceremonia concurrió Perón. Desde Montevideo, vinieron "Bertie" y Pedro. Se descubrió a bordo un cuadro del 'homenajeado en el salón principal. Abajo puede verse una fotografía de aquella ceremonia, en el momento en que don Luis Dodero, teniendo a su frente al Presidente de la República, pronuncia unas palabras. Ni los feroces iconoclastas de la revolución é 1955 lograron que se le cambiara el nombre a este barco, pese a que lo intentaron porfiadamente. Cuando arreciaba más la campaña para sutprimirle el nombre de "Alberto Dodero", "Berte" se fue a verlo al entonces Ministro de Marina, Teodoro Hartung, quien le dio seguridades de que el nombre de su padre sería respetado. Y lo cumplió.
Por cierto, nos comentó doña Matilde Dodero,hija de don Luis, que su padre solía ser consultado por Perón acerca de problemas relativos a la marina mercante nacional. El Presidente de la República consideró que, desaparecido don Alberto, era su hermano Luis quien tenía la palabra más sensata en la materia. Por otra parte, es de sencilla comprobación histórica la incurable hidrofobia que padece el radicalismo, salvo honrosas y centadísimas excepciones que no hacen más que confirmar la regla. En cambio, ni sus más acérrimos enemigos pueden discutirle a Perón el haber sido siempre un decidido y convencido impulsor de la marina mercante argentina. Para nosotros no puede caber dudas de que don Alberto fue el mentor de Perón en esta materia, quien le hizo ver con claridad lo que significa la marina mercante para el país, pero no como "auxiliar de la Armada", como "generadora de fuentes de trabajo" y otros clichés "ad usum", sino como negocio en escala empresarial y en escala macroeconómica. Pero, claro está, a condición de estar en manos de hombres de negocio, y no de burócratas politizados o de militares sensualizados. Don Nicolás Mihanovich no tuvo como continuador da su actividad naviera a ninguno de sus hermanos, hijos o nietos. En cambio, Alberto Dodero tendría seguidores dentro de su propia familia, algunos de manera permanente, otros de forma circunstancial y errática. De ahí el Anexo que figura a continuación en esta historia, dedicado a reseñar lo que luego de la muerte de don Alberto, hicieron su hermano "Pino", Alberto Dodero (nieto de don Alberto ,hijo de "Bertie") y Alberto "Tito" Dodero (hijo de don Enrique Dodero, el mayor de los hermanos de don Alberto). El primer barco con el nombre de Alberto Dodero llegará un momento en que cambiará de rol y de funciones, según se explica en su historial. En la década del 80, aparecerá un segundo Alberto Dodero, de acuerdo con los detalles que figuran en su historial, pero fue dado de baja de la marina mercante argentina en I986.
Actualmente no hay ningún barco mercante argentino que lleve el nombre de Alberto Dodero. El lector tiene ya en su poder elementos de juicio suficientes como para aquilatar en su auténtica dimensión al empresario naviero Alberto Dodero, que además fue el genuino precursor en la Argentina de la aeronavegación comercial en gran escala. Hay quien prefiere detenerse apenas en las facetas negativas de la personalidad de don Alberto: farrista, "bon viveur", manirrota, exhibicionismo rastacuerista. A todo esto, la corrosiva envidia de su propio círculo social no le perdonó su peronismo militante, acusándolo de prenderse al favor oficial para ventajear en provecho propio. A juzgar por lo que le sucedió, primero con sus empresas aéreas y después con todo el Grupo Dodero, no se ve claramente si esto fue así o si le pasó más bien todo lo contrario. Aparte de los desgarrones familiares (Doña Carmen,"Pino") y la "borrada" de varios amigos en momentos que más lo hubieran podido ayudar. Don Alberto no fue un "travestí" mental en relación a Perón. Fue un hombre de honor. El gran empresario se parece, en el fondo, al gran artista. Armonizar voluntades detrás de un propósito, saber conducirlas respetando sus individualidades, asegurarse el uso de la mejor tecnología existente, prever el respaldo financiero autogenerado más el obtenido de fuentes ajenas a la propia empresa, tener el "feeling" en cada momento de cómo está el mercado donde la empresa se desempeña, intuir el futuro, calibrar acertadamente cada uno de los condicionantes externos e internos, y_tantísimos elementos más, son todos fragmentos de una partitura que hay que estructurar lo más armónicamente posible.En este sentido, ha quedado comprobado que don Alberto fue un artista de alto vuelo, imaginativo, audaz. Supo cómo autocapacitarse a fondo. Llegó a dominar todos los complicados vericuetos del "shipping". Su vinculación con aquel gigante que fue Lord Kylsant a lo largo de más de una década, debe haberle aprovechado enormemente. Así tuvo la Argentina el privilegio de contar con la figura más importante de la marina mercante nacional, dignísimo continuador de don Nicolás Mihanovich, a quien respetaba reverencialmente. Alberto Dodero le dio a la marina mercante argentina su "plus ultra", sacándola de su confinamiento en los tráficos internos y proyectándola a los tráficos de ultramar en escala sin precedentes en América del Sur, con una flota de barcos como jamás había existido en el país. La Flota Mercante del Estado, aquella histórica creación de Ramón S. Castillo (Perón la ignoró sistemáticamente, con una falta de grandeza digna de mejor causa) recién comenzó a actuar muy a fines de 1941- Para entonces, los cargueros de Dodero ya frecuentaban las rutas de largo recorrido. También a Albert Ballin, el insigne naviero alemán, se le reprochaba su estrecha amistad con el Kaiser Guillermo II, como queriendo dar a entender torcidamente que el fabuloso desarrollo de la Hamburg Amerika (HAPAG) se debía a aquella circunstancia y no a la fenomenal capacidad empresaria de aquel gran judío, que en 1919 se suicidó por no soportar la derrota de su patria y la pérdida casi total de los barcos de su empresa, cuando comenzó la repartija de tanta maravilla entre los países vencedores.Ballin también se llamaba Alberto. |
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