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Historia y Arqueología Marítima |
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Vapor URUGUAY, hundido por un submarino alemán en 1940.
Fuentes: Ver inicio de la historia de Mihanovich y del libro "Alberto Dodero, Su Vida, su obra, sus barcos" de Aurelio González Climent.
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Incorporaciones
de más cargueros
marítimos. Continuó durante 1935 el sostenido refuerzo de la línea a puertos brasileños con la incorporación de otros dos cargueros de segunda mano. En esta oportunidad, serán el Riogrande y el Toro. La empresa sigue "maritimándose".
RIOGRANDE y TORO. Dibujos de Guillermo Berger Durante el año se produjo la renuncia del director Ricardo Hambro, lo mismo que la del suplente Jorge M.Mayer, los cuales fueron substituidos por Walter C.Warwick (de Royal Mail y Houlder Brothers) y Emilio Vallebona, respectivamente. En la Memoria de 1935 tampoco se comenta el resultado del balance anual de la empresa. En cambio, se puntualizó que el comercio mundial venían entonándose, con el lógico efecto positivo sobre los tráficos. No obstante, en el caso específico de la Mihanovich, se señalaba el impacto adverso que la empresa seguía soportando debido al sistema cambiario implantado en el país y que le causaba estragos a la hora de pagar los intereses de los debentures y los dividendos de las acciones preferidas. Por ese motivo, la empresa había solicitado del gobierno que se le acordara, al menos, el mismo tratamiento cambiario favorable que por entonces recibían los ferrocarriles de capital extranjero que operaban en el país, incluso hasta por razones de equidad competitiva. Terminaba aquel documento expresando que el tráfico fluvial de pasajeros seguía creciendo. Por otro lado, las deudas estatales se venían cobrando mejor en los últimos meses. Se reintegra don Alberto y da a conocer su faceta de precursor en el país de la aeronavegación comercial ( Acta 14 3 j del 6.3.35). En esta reunión, retorn don Alberto el ejercicio de la presidencia del Directorio. Luego de explicar algunos asuntos que debió solucionar en Londres (la inscripción de las acciones preferidas, la substitución de Hambro por Warwick en di Directorio etc.), lanza una de sus iniciativas de empresario de gran vuelo (dicho esto casi sin metáfora, según se verá),anticipándose varios años a lo que finalmente seria para él y su impresa una realidad por todo lo alto (nuevamente, casi sin metáfora) . Por entonces, la aeronavegación comercial en trayectos intercontinentales estaba en sus primeros pasos. con todo, la Mihanovich ya habla adoptado la costumbre de hacer viajar por avión a sus inspectores y oficiales. Eran los tiempos en que desde Buenos Aires a Nueva York el vuelo tardaba no menos de una semana. Pues bien; en esta reunión de Directorio, don Alberto expone que entre los objetos de la sociedad determinados en el artículo 2 del Estatuto, figuraba la explotación del transporte aéreo. En el mismo artículo figuraba la facultad de suscribir acciones de otras empresas. En su reciente visita a Europa, don Alberto pudo constatar el gran incremento que venia experimentando el transporte de pasajeros, correspondencia y pequeñas cargas, lo que lo había llevado al convencimiento de que este medio de transporte podría alcanzar en la Argentina en poco tiempo un desarrollo extraordinario, dadas las distancias considerables a cubrir. Por otra parte, era indiscutible que las condiciones geográficas del país facilitaban de manera apreciable la utilización de hidroaviones. En este sentido, la Mihanovich se encontraba en inmejorables condiciones para iniciar esta explotación, por cuanto poseía una red de agencias en todo el litoral, cosa que le permitiría explotar el transporte aéreo sin mayores inversiones en lo que no fuera los hidroaviones en sí. Creía don Alberto que era prudente adelantarse a una competencia que el nuevo sistema de transporte plantearía a la empresa en parte de sus servicios fluviales de pasajeros. Mejor que aquella competencia, en lugar de estar en manos de otros, fuera iniciativa propia, iniciando una explotación aunque no fuera más que por la vía del ensayo. La prevención de don Alberto estaba más que justificada. Prueba de ello es que por Decreto 109.663, del 15 de Julio de 1937, el Poder Ejecutivo autorizó a la empresa norteamericana Pan American Airways a efectuar un servicio semanal de ida y vuelta para transporte de pasajeros, correspondencia y carga, entre Buenos Aires y Asunción (Paraguay) con escalas en Concepción del Uruguay, Concordia, Monte Caseros, Goya, Corrientes y Formosa, mediante la utilización de hidroaviones . Pero por el momento no creía conveniente que la Mihanovich diera ostensiblemente la cara en esta materia. Lo más práctico era encomendar las primeras puntadas a la SAPAGY en Londres, instruyéndola que fundara una empresa encargada de formalizar "los primeros contratos". Para eso, la SAPAGY necesitarla de fondos, pero podía disponer de ellos sin necesidad de aporte adicional alguno de Buenos Aires. Bastaba simplemente una operación de crédito, por lo que proponía que a tales efectos, la compañía otorgara a la SAPAGY una garantía para obtener en Londres un préstamo bancario por £20.000. Al fundarse aquella nueva sociedad anónima en Londres, las acciones suscriptas por la SAPAGY serían transferidas a la Mihanovich "en cualquier momento, a su requerimiento". Aquella garantía se extendería por un año. Tenemos para nosotros que los directores allí presentes se quedarían de una pieza ante la audacia que se les proponía. Ellos estaban para la cosa naviera, para representar a los banqueros ingleses, para tratar de amortiguar los "in-roads" que la Mihanovich padecía por causa del control de cambios, el tráfico fluvial, la línea al Brasil, la sistematización de la presencia de la empresa en el mercado del "second hand". Y ahora venía aquel "exiliado vocacional" a sacudirlos con una propuesta extravagante, sin imaginar que, n el fondo y con el tiempo, el tráfico aéreo les erosionaría uno de sus ingresos más seguros (los pasajes de primera clase de sus vapores y motonaves de pasajeros). Claro está que, si bien se miraba, y como dicen los ingleses "the writing is in the wall", era cuestión de hacer algo. Y ese "algo" que don Alberto proponía, respondía a la técnica norteamericana del "if you can't lick them, join them". Don Alberto veía ya que lo del avión era imparable y que su empresa sería a la larga una de las víctimas. Y como no era posible enfrentarse al avión, lo mejor era acoplarse armónicamente a su futuro. Quizás detectó en la cara de algunos de los allí presentes una mezca de escepticismo y de "horror al vacío". Al propio don Luis le correrla frío por el espinazo...pero tenía fe en su hermano. No hubo necesidad de llegar a una votación. Por unanimidad, lo propuesto por don Alberto fue aprobado, comenzando por aquello de la fianza. Las cosas tardarían mucho en madurar en este sector. Pero allí había quedado amojonada la piedra básica, y de paso, la evidencia de la distancia abismal que va del hombre de negocios corriente y moliente, y el empresario imaginativo, actualizado, sensible al momento, con "feeling" certero e intuición solamente concedida a los dotados. En aquellos momentos don Alberto estaba en la plenitud vital de sus 48 años. Se necesitan más barcos para el tráfico con Brasil.S e recibe una oferta local (Acta 151,del 4.4.35)» Por lo visto, don Luis Dodero se había convertido en el activista por antonomasia de la promoción de la línea al Brasil. Por lo demás, aquella actitud suya estaba basada en la realidad más contundente: el continuo aumento del tráfico. Y ese aumento corría el peligro de irse a las bodegas de la competencia si la empresa no aumentaba condignamente su propia oferta, para lo cual era necesario incorporar más barcos. Ya se ha visto, por otra parte, que todo esto venía desarrollándose en un imparable "crescendo" en los últimos años. Y don Luis se las había ingeniado para que el Directorio lo respaldara en la permanente compra de cargueros de segunda mano. En esta oportunidad, don Luis hacía ver a sus colegas que debido a la demanda creciente del tráfico con Brasil, y para no quedarse atrás frente a la competencia, hubo que sacar del tráfico a los puertos patagónicos al Oeste y al Toro. Pero esto era desvestir un santo para vestir a otro. Era necesario tener un mecanismo al que recurrir para la incorporación de cargueros, y no traer a Directorio propuestas que a los pocos días quedaban desactualizadas. Por eso fue que el Administrador General solicitó del Directorio que se lo autorizara a adquirir "un buque de mar de las condiciones aproximadas a los buques que tenemos actualmente en dicho servicio, tratando de no exceder el precio de £15.000". Por unanimidad, el Directorio le acuerda a don Luis lo solicitado. Pero no le va a servir de mucho, según se verá. Hubo,eso sí,una oferta, pero se refería a una unidad fluvial, el carguero Atahualpa, de la empresa Unitas. Este barco era de 1.150 TPB, estaba propulsado a motor y había sido construido en 1929. Unitas decía estar dispuesta a aceptar el pago en 36 mensualidades. Don Luis informó al Directorio que había entablado negociaciones y que había logrado adquirir este carguero fluvial en m$n 200.000, pagaderos en 36 mensualidades sin interés. El barco mantendría la bandera argentina. Se frustra la compra de un carguero marítimo (Acta 162, del 11.7.35). Con aquel límite de £15.000 que don Luis Dodero se autoimpuso para la compra de cargueros destinados a la línea al Brasil, y que el Directorio le aprobó, no podía hacerse nada. Explicaba don Luis que "debido a la reacción en los fletes y negocios marítimos en general", con aquella limitación de precio era imposible cerrar ningún negocio. Había que subir aquel límite a no menos de £25.000. El Directorio vuelve a otorgar su conformidad. Por ahí cae un mixto en el lazo. Don Luis aceptó la oferta de venta del vapor danés Gudrun Maersk, de 7.700 TPB, por el precio de £19.500,"para ser entregado en el puerto de Montevideo en Agosto, libre de averías y con su clasificación 100 A 1 Lloyd's, pero sujeto a nuestra inspección en el puerto de Río de Janeiro". Se hizo aquella inspección, pero se constató que el estado de las máquinas de este barco dejaba mucho que desear, por lo que se desistió de su compra^ Menos mal que antes que terminara el año, pudo hacerse la compra del Riogrande, en las circunstancias y condiciones explicadas en el historial de este barco que figura al final en este sitio web. 1936 Más tonelaje marítimo. Prosigue la decidida acción de la empresa hacia el crecimiento de su tonelaje marítimo, lo que en 1936 se materializa con la incorporación del carguero Uruguay. URUGUAY
Dibujo de Guillermo Berger En cambio, se produce la lamentada pérdida del carguero fluvial Madrid (gemelo del Roma), pero no pasará mucho tiempo sin que, con sus propios recursos técnicos, la empresa substituya aquella baja con una construcción propia que llevará el mismo nombre, según se verá a su hora. MADRID de 1926 Muerte de Sir Hilary Howard Leng(Acta 188,del 4.6.36). Esta reunión de Directorio fue convocada "al solo efecto de rendir homenaje al extinto director Sir Hilary Howard Leng, y expresar el profundo pesar que su fallecimiento había provocado en todo el personal de la compañía, tanto de esta administración central como de a bordo y las distintas dependencias de la empresa". Informó don Luis Dodero que se dispuso entornar las puertas del edificio central y mantener la bandera de la compañía a media asta en todos los barcos "el día de la inhumación de sus restos, no habiéndose hecho otras exteriorizaciones de duelo en mérito a la voluntad expresada por el extinto". Por último, el Administrador General mocionó para que los directores presentes se pusieran de pie y guardaran un minuto de silencio en-memoria de Sir Hilary. Así se hizo, y de inmediato se dio por terminada la reunión. El ilustre muerto había sido un consecuente ladero de don Nicolás Mihanovich desde los primeros años del siglo XX, y durante tres décadas mantuvo su cargo de director en la empresa a través de tres etapas bien definidas :la de Nicolás Mihanovich, la de Lord Kylsant y la de Alberto Dodero y sus hermanos. Mala racha debía encarar la empresa en su Directorio ya que el 18 de Junio hubo de hacerse una ceremonia parecida (aunque evidentemente no tan sentida) por el fallecimiento del vicepresidente segundo, Enrique Uriburu.La coordinación del transporte y la actividad naviera. Deuda del gobierno paraguayo (Acta 191,del 25.6.36). Carlos Mayer da cuenta al Directorio de una carta-cuestionario dirigida por el Senado de la Nación al Centro de Cabotaje Argentino-cuya presidencia ejercía Luis Dodero-y la contestación de esta entidad, señalando la inconveniencia e improcedencia de la inclusión del transporte por agua en el régimen de coordinación para los transportes terrestres, como lo establecía un proyecto de ley que el Congreso tenía por entonces a su consideración. El Centro de Cabotaje había editado, con este motivo, un folleto que fue distribuido entre los miembros del Directorio, y en el cual se reproducía el informe preparado sobre aquel problema por la Comisión Organizadora de la Marina Mercante. Sabido es que fue imposible parar aquel proyecto, que se convirtió en la ley 12.346, dictada bajo la no muy disimulada consigna de que "hay que salvar al riel". Aquella ley 12.346, lo mismo que la de la creación del Banco Central, las Juntas (Cames y Granos), el control de cambios, el Impuesto a los Réditos, la creación de la Corporación de Transportes de la Ciudad de Buenos Aires etc.,eran las consecuencias lógicas del discutido tratado Roca-Runciman. La referida ley, pese a las protestas del sector naviero nacional, fue sancionada por el Congreso el 5 de Ehero de 1937- Dos días después, el Centro de Cabotaje Menor pidió al Poder Ejecutivo el veto de la misma, pero sin resultado alguno. Con la ley 12.346 se trataba fundamentalmente de meter en vereda al transporte auto-motor, cuya competencia, y en manos de empresarios argentinos, estaba causando estragos en los ferrocarriles extranjeros que operaban en el país. Desde el momento en que el proyecto fue enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso Nacional, el senador Alfredo L.Palacios encabezó la lucha contra lo que se estaba tramando. El entonces secretario del Centro de Cabotaje Menor, Juan Carlos Parodi fue entrevistado por don Alfredo, pues había indicios de que, de paso que se iba contra el transporte automotor, también había algo contra la marina mercante. El legislador socialista sostuvo en el Parlamento que ]a inclusión del transporte por agua en la proyectada ley era incostitucional, además de representar un enorme perjuicio al cabotaje nacional. Incursionó Palacios también en tomo a las disposiciones del artículo 67,incisos 9 y 12 de la Constitución Nacional, y agregó que las facultades que el proyecto otorgaba a la Comisión Nacional de Coordinación de Transportes-organismo cuya creación se auspiciaba en el mismo proyecto- implicaría una delegación de atribuciones inadmisible. No se podía sustituir la acción del Congreso en cuanto a "reglamentar la libre navegación de los ríos interiores" y "reglar el comercio marítimo y terrestre", por una entidad creada por ley. Este punto estaba también desarrollado en un estudio que la Comisión de Organización de la Marina Mercante había elevado al Ministerio de Marina el 17 de Setiembre de 1936. El titular de dicho Ministerio, ELeazar Videla,"a nombre del Poder Ejecutivo", pidió al Congreso la exclusión del transporte marítimo y fluvial del proyecto en consideración, "porque su inclusión es antieconómica e inconstitucional". Palacios insistía una y otra vez. En 1972 nos dijo Parodi que en un momento dado, Palacios quiso hacer valer el informe de la Comisión de Organización de la Marina Mercante enviado al Congreso por Eleazar Videla. Pero en el recinto, quien actuaba en nombre del Poder Ejecutivo (el Ministro de Obras Públicas, Manuel R.Alvarado) se molestó por aquella interferencia de su colega ministerial y acusó a Palacios de recurrir a supercherías.¡Bueno era Palacios para tragarse semejante insolencia!. Abandonó su banca, y costó Dios y ayuda hacerlo volver a ella, con todo haberse rápidamente excusado el Ministro por aquella ligereza. Fue inútil la labor de Palacios, las gestiones de Juan Carlos Parodi, las presentaciones de varias entidades etc,etc. Véanse las ulterioridades de aquel episodio en Aurelio y Anselmo González Climent, "Historia de la Marina Mercante Argentina",tomo IV,pág.239 y siguientes. La guerra entre Bolivia y Paraguay terminó. Poco después, el gobierno paraguayo propuso devolverle a la Mihanovich los buques que tenía en su poder en el mismo estado en que se encontraban, pero previo el reconocimiento de su parte de una suma compensatoria a fijarse. Al informar de esto al Directorio, estimaba Luis Dodero que aquella suma no debía bajar de m$n 300.000 "por concepto de desgaste, conservación, reparaciones y faltas de inventario". El Directorio autorizó al Administrador General a entablar negociaciones. A los pocos días, don Luis viajó a Asunción (de paso le echó un vistazo a cómo iban las cosas por Corumbá), y de regreso presentó al Directorio un informe sobre el estado de cosas en Asunción, las gestiones llevadas a cabo con las autoridades para obtener la devolución de todos los barcos, con excepción del Pingo, "que continuará a disposición del Gobierno por un período de tres meses, previo reconocimiento por parte del Gobierno paraguayo de la suma de 300.000 pesos por concepto de reparaciones de los barcos". Se levantó acta notarial de las comunicaciones de la empresa al gobierno paraguayo, con un detalle completo de las deudas impagas, anteriores y posteriores a Julio de 1932 (fecha de declaración de la guerra a Bolivia). Todo esto tenía lugar en Agosto. A principios de Setiembre, don Luis informó al Directorio que se había llegado a un acuerdo con el Paraguay sobre las bases ya conocidas. A principios de Octubre, el Poder Ejecutivo paraguayo dictó el decreto correspondiente. Convenios ferro-fluviales con los Ferrocarriles del Estado (Acta 204, del 17.12.36), Por entonces, se renovaron con los Ferrocarriles del Estado los convenios vigentes en materia de combinaciones ferro-fluviales ,según los cuales el ferrocarril arrimaba cargas procedentes del interior del país a los puertos de Formosa, Barranqueras y Santa Fe, donde esas cargas eran transbordadas, con destino a Buenos Aires, en los barcos de la Mihanovich. Algo parecido existía con el Ferrocarril de Entre Ríos en relación a los puertos de Concordia y Diamante. Como se acaba de ver, en los convenios con los Ferrocarriles del Estado -un verdadero modelo de eficiencia y organización bajo la admirable conducción de Pablo Nogués- incluían a Santa Fe. Es decir que no se había materializado aquello de los "ferryboats". Conviene insistir en aquello de los "ferry-boats". En 1933, el Congreso sancionó la ley 11.735, por la cual se autorizaba a los Ferrocarriles del Estado a establecer un servicio de ferrobarcos entre Santa Fe y Buenos Aires. Sabido es que el Ferrocarril de Entre Ríos tenía ya varios servicios de este tipo, aunque ninguno de semejante extensión al proyectado (más de 600 kilómetros).la ley fue vehementemente criticada por los armadores fluviales, que lograron embarcar en su campaña a la Comisión de Organización de la Marina Mercante, la que produjo un estudio denominado "Gestiones para evitar que se lleve adelante el proyecto de los ferrobarcos aprobado por la ley 11.735 del año 1933 sin previo estudio de la. Comisión". La cosa iba por otro lado. Por lo pronto, quien había gestionado la ley no eran los Ferrocarriles ingleses, sino los del Estado. La ambición de Nogués era llegar a Buenos Aires con lo trocha angosta, para lo cual la única manera era incorporar a la red estatal el Ferrocarril Central Córdoba. Fueron inútiles los intentos que Nogués llevó a cabo para que los ingleses aceptaran venderle a la Nación aquel ferrocarril. El Estado, con su trocha angosta, estaba por lo tanto virtualmente condenado a morir en Santa Fe. Hasta que a Nogués se le ocurrió la idea de la ferrobarcos, pero no -como lo creían los armadores y la Comisión de Organización' de la Marina Mercante- para llevarla a la práctica, sino para usarla como arma de coacción en la negociación con los ingleses. Tan bien supo Nogués montar su máquina, con tanta rapidez logró la sanción de su ley, con tanto sigilo mantuvo el secreto de sus propósitos, que prontamente se le echaron encima los armadores, la referida Comisión, el Ministerio de Marina y demás. Justamente lo que Nogués necesitaba: una claque para demostrar a los británicos que lo cosa iba en serio. Hasta que éstos, convencidos que, de cualquier forma, Nogués llegaría con su propia trocha a Buenos Aries con los ferrobarcos, entraron en razones, y el Estado pudo "nacionalizar" aquellos ferrocarriles en condiciones honorables. Nogués se salió con la suya, el país se benefició y la ley 11.735,cumplida su misión, cayó en total olvido. Nogués se adelantó en el tiempo a lo que tan desprolijámente haría Miguel Miranda muchos años después con el resto de los ferrocarriles extranjeros que operaban en el país. El balance de 1937. No hubo en 1937 mayores alteraciones en la flota de la empresa. Apenas contra la entrada en servicio del carguero Novillo produjo la baja del Este.NOVILLO Los talleres de Salto y Carmelo en el Uruguay. Adquisición de embarcaciones a un astillero(Acta 220,del 10.6.37). En esos momentos, se había producido la pérdida en el puerto de Colonia del vapor de pasajeros Viena, de lo cual Luis Dodero dio detalles al Directorio. Los dos talleres de reparaciones navales que la empresa poseía en el Uruguay (uno en Carmelo y el otro en Salto) venían trabajando normalmente desde muchos años atrás, alimentados básicamente por tareas a realizar en los barcos de la propia empresa y alguna que otra construcción esporádica. En el Uruguay regía una ley del 24 de Mayo de 1909,que otorgaba a esta industria ciertas franquicias. Sin embargo, esas franquicias vencieron el 24 de Mayo de 1937, SIN que el gobierno adoptara alguna medida similar. En vista de esto, el Directorio de la Mihanovich decidió el cierre provisorio de ambos establecimientos, "a la espera de la resultancia(sic) de los pedidos interpuestos por el personal obrero y otros interesados, con el objeto de obtener la promulgación de una nueva ley"(3). Poco después, la empresa procedió a la compra de un lote de embarcaciones menores pertenecientes a Astilleros Campana. Adquisición de balleneros para transformarlos en remolcadores (Acta 235,del 30.9.37)/ Con la reincorporación de don Alberto, ya de retorno de su último viaje a Europa, su hermano Luis informa al Directorio que un señor Jacobsen lo había contactado para interesarlo en la compra de cuatro vapores balleneros ("catchers") construidos entre 1924 y 1925, susceptibles de ser transformados en remolcadores. La empresa estaba necesitando remolcadores en los puertos de Mar del Plata, Necochea y Bahía Blanca. Ante lo cual, el Administrador General fue autorizado a negociar la compra de estas unidades sobre la base de m$n 25.000 cada una, con entrega en el puerto de Montevideo "y con cese de la bandera noruega". Previa inspección del ya infaltable ingeniero Horn, los cuatro balleneros fueron adquiridos en m$n 100.000. Hasta ese momento llevaban los nombres de "Bélgica","Smith","Powell" y "Wedell". El trabajo de transformación en remolcadores correría por cuenta de los talleres de la propia empresa situados en Avellaneda (provincia de Buenos Aires).Al terminarse este trabajó al año siguiente, estos remolcadores recibieron los nombres de Legador, Lidiador, Libertador y Lucidor. Tenían una potencia de máquinas de 800 CV. Por entonces, también fueron comprador al Ferrocarril del Sud dos remolcadores y seis lanchas que operaban en el puerto de Bahía Blanca.
Legador y Lucidor. Intento de nacionalización total de la empresa. Desde su última reincorporación a la presidencia del Directorio, don Alberto no se movió de Buenos Aires. Había un motivo de gran importancia que lo retenía aquí. Ya se han hecho reiteradas referencias al hecho de que la Mihanovich sufría un fuerte drenaje de sus recursos financieros, debido al pago de amortizaciones e intereses de los debentures emitidos en Londres, más los dividendos de las acciones preferidas pertenecientes a titulares de la City. La conversión de los debentures apenas pudo cosméticamente mitigar el impacto adverso de aquella situación, que se agravaba aún más por la desfavorable relación cambiaria del peso argentino con respecto a la libra esterlina, aspecto este último que era manejado por la Comisión de Control de Cambios. La empresa podía ganar mucho dinero, pero no le alcanzaba para hacer frente a los referidos pagos al exterior. Esto, a su vez, condicionaba absolutamente los intentos de aumentar la flota con unidades que se necesitaban para hacer frente al incremento del tráfico con Brasil. Dada la situación de la plaza, era imposible paliar aquella delicada situación mediante créditos bancarios en el orden interno, mucho menos recurrir al levantamiento de capitales locales mediante la emisión de acciones. La compañía, por lo tanto, estaba amenazada de ir hacia una paralización gradual de su desarrollo. Como si todo esto fuera poco, había que sufrir en el Directorio las interferencias de los representantes de los intereses británicos ,las exigencias formales de los "trastees" representantes de los debenturistas ,los condicionamientos, en suma, que trababan su vida. Es verdad que desde comienzos de la década del 30 se había dado un importantísimo paso hacia la "argentinización" de la empresa, pero eso no alcanzaba. Era necesario encontrar algún arbitrio que permitiera convertir en nacional la parte del capital accionario en manos inglesas, más los debentures. En aquellos momentos, ejercía la presidencia de la República Agustín P.Justo. Su Ministro de Marina era el vicealmirante León Scasso. Don Alberto y sus hermanos analizaron detenidamente el punto, y llegaron a la conclusión de que la única salida estaba en que el Estado argentino se convirtiera en accionista de la empresa, substituyendo a los capitales ingleses en ambos aspectos, esto es, las acciones preferidas y los debentures. De tal manera, lo que al Estado argentino le correspondiera en concepto de dividendo sobre las acciones que detentara, se arreglaba en casa, sin sufrir los efectos corrosivos de la situación cambiaria imperante. Comenzó don Alberto, en consecuencia, a moverse en las altas esferas gubernamentales en el sentido proyectado. Hemos tenido a la vista un Memorándum firmado por él, en el que, entre otras cosas, se decía que "es necesario liberar a la empresa de las circunstancias constitutivas que le impiden el aprovechamiento racional de sus utilidades y de la masa de operaciones que realiza...Las grandes utilidades realizadas constantemente ejercicio a ejercicio, son absorbidas, en primer lugar, por el pago de los servicios y obligaciones derivadas de los debentures,y en segundo lugar por el pago de los dividendos de las acciones preferidas, debiéndose tener presente que los unos y los otros deben ser efectuados necesariamente en Londres y exclusivamente en libras esterlinas. Es por eso que para evitar ese extraordinario drenaje de dinero, que priva a la compañía de la totalidad de sus beneficios y que la obliga a operar con la incertidumbre provocada por el valor de la moneda argentina en el mercado universal (sic)de cambios, se hace necesario concertar una operación que, manteniendo la nacionalidad argentina de la compañía, la haga todavía más argentina, si es posible hablar así, en el sentido de que sean también argentinos los capitales invertidos en concepto de debentures y acciones preferidas". Más claro, el agua. La empresa sería siempre la misma, pero totalmente argentinos su capital accionario y el tenedor de sus debentures. Adquiriendo las acciones preferidas y los debentures, el Estado argentino haría que quedara dentro del circuito económico interno la parte de sus utilidades- No había, por lo tanto,"estatización", ni quien tal vio. Sí, en cambio, había existido estatización cuando a Pablo Nogués le salió redonda la compra del Ferrocarril Central Córdoba.De llevarse a la práctica lo solicitado por Alberto Dodero, la Mihanovich quedarla protegida contra la desvalorización del peso argentino en relación a la libra esterlina. Por otra parte, las tenencias en poder del Estado no debían quedar necesariamente "sine die" en su poder, sino que tenían la posibilidad de recolocarse total o parcialmente en plaza de manera gradual. El solo hecho de evitar la salida de divisas para pagar utilidades e intereses afuera, equivalía a cumplir exactamente la misma función que unos barcos de ultramar explotados por la misma empresa bajo pabellón argentino. De haberse llevado a cabo la idea que proponía, pensaba don Alberto que se imponía crear una nueva empresa que fuera la continuación de la Compañía Argentina de Navegación Mihanovich Limitada, en la cual el Estado tendría los cargos en el Directorio acorde con su tenencia de capital. Explicaba don Alberto en este documento que estamos glosando que "el proyecto de fundar una nueva sociedad,que he llamado eminentemente argentina,plantea,desde el primer momento, la necesidad de obtener el apoyo oficial. La cooperación del Estado en la formación del capital de la nueva sociedad, constituye, en mi entender,la mejor forma de apoyo oficial que puede darse a la marina mercante argentina. Se trata, pues, de ofrecer al Estado la suscripción de las acciones preferidas...que darían a éste la seguridad absoluta de una justa remuneración, con un dividendo preferido del 5,5%, y además le otorgaría las más amplias facultades de inspección y contralor".Esta solución, insistía don Alberto, era muy superior al trillado expediente de otorgar subsidios, que casi siempre eran irrecuperables para el erario público. "He pensado muchas veces -y no sería honrado silenciarlo-que alguien se pudiera preguntar cómo se explica esta tentativa para obtener el apoyo oficial, frente a una situación tan sólida y una prosperidad periódicamente afirmada por cada uno de los resultados anuales. He pensado asimismo que el hecho tantas veces repetido y la solicitud planteada pudieran parecer paradojales, y es por eso que creo de mi deber insistir para demostrar, con pocas palabras, pero en forma que resulta axiomática, que la una y la otra son absolutamente compatibles y conciliables...La compañía explota un buen negocio, un excelente negocio...La dificultad es extraña al negocio en sí mismo, desde que arranca de raíces de un hecho independiente. La compañía produce, según hemos visto, pesos argentinos, y está obligada a pagar libras esterlinas, no sólo para el servicio completo de los debentures, sino también para el pago de los altos dividendos reconocidos a las acciones preferidas...Al eliminar al capital británico, se obtiene también la completa independencia para poder dar el impulso a todo proyecto de nuevas lineas, mismo cuando éstas pudieran estar en conflicto con las líneas británicas ya establecidas (y allí estaba Warwick en el Directorio de la Mihanovich, el mandamás de la Royal Mail y Houlder Brothers'). No es posible, pues, ninguna suspicacia... Si la compañía pudiera por algún otro procedimiento liberarse de la dependencia del capital británico, la cuestión relativa al apoyo oficial no se hubiera presentado nunca...La totalidad de la independencia del capital británico no se puede conseguir sino por medio de la cooperación del gobierno argentino". Muchos años después, en su recordado libro, don Luis Dodero evocó aquel episodio, explicando que quien trabajaba al lado de su hermano para lograr aquella solución fue el a-migo que tanto lo ayudó también cuando las duras negociaciones en Londres en los idos de 1930:Carlos A.Tornquist. Seguía diciendo don Luis que el Estado hubiera permitido la inmediata repatriación de la deuda y la consiguiente total nacionalización del capital de la compañía, acogiéndose a las mismas garantías acordadas a los banqueros británicos. Desde ese mismo momento, participaría en el Directorio de la empresa, en lugar de los representantes de los capitales ingleses. En aquellos momentos, el asesor jurídico del Banco Tornquist era Roberto M.Ortiz, que acababa de dejar el cargo de Ministro de Obras Públicas, y poco después accedería a la presidencia de la República. Ortiz le pidió a don Alberto todos los elementos de juicio del caso. Así se hizo, y además se le demostró a Ortiz que la depreciación del peso argentino le representaba a la empresa un recargo del 200$ en concepto de pago de amortización, intereses y dividendos afuera. Ortiz dio seguridades de que estudiaría todo para lograr la mejor forma de repatriar el capital existente en el exterior. Comenta Luis Dodero que las gestiones que Ortiz inició "obtienen apoyo en las esferas superiores del gobierno, pero en cuanto trascienden a los medios marítimos, una insidiosa e inexplicable campaña de armadores y políticos extraños-que opinan sin razón alguna en contra-se desata en el ambiente. Y resulta sorprendente que esa oposición airada parta de los mismos que callaron cuando el Estado levantaba la deuda de los "ferryboats" sin ningún respaldo, caso bien distinto, por cierto". Aludía don Luis a los ferrobarcos incorporados a fines de la década del 20 por la empresa inglesa del Ferrocarril de Entre Ríos. No caben dudas de que era relativamente fácil confundir a la opinión pública. Un simple cambio en la titularidad del capital (substituir a los ingleses por el Estado- argentino) fue desvirtuado y manoseado en relación a la empresa naviera más importante de la época, que venía luchando desde hacía varios años por argentinizarse cada vez más. Se esgrimió el argumento de que los Dodero procuraban obtener, de esta forros, un seguro de cambio "para uso exclusivo". Pero no se decía que eso mismo lo habían conseguido los ferrocarriles de capitales británicos como resultado de los malabarismos "rocarunci-manos".Y por supuesto, no se pensó en el efecto benéfico que una operación de este tipo hubiera representado con el tiempo para el balance de pagos del país. Todo este grotesco "quid pro quo" prendió también en el Estado Mayor Naval y en la Comisión de la Organización de la Marina Mercante, cada uno con su almirante a la cabeza. Ambos a dos perpetraron una cumplida demostración de qué es lo que debe entenderse por "tomar el rábano por las hojas". Lo menos que dijo la Comisión de Organización de la Marina Mercante, presidida por el vicealmirante Abel Renard es que antes que nada habla que estimular el desarrollo de las empresas particulares ( pero es que la Mihanovich era acaso estatal?) y que habla que evitar el monopolio "venga de donde venga", pues la única manera de asegurar el éxito de "una empresa estatal de esta naturaleza (sic!) es por medio del establecimiento de un monopolio absoluto"(!). 0 sea, la pavada en grageas. Según lo recordaría una docena de años más tarde el entonces diputado nacional Raymundo Pastor, hubo una comisión de la que formaban parte el vicealmirante Renard, el capitán de navio Guisasola, el abogado Benjamín Villegas Basavilbaso y el señor Carlos Attwell que también se pronunció en contra de la propuesta de Alberto Dodero. Pero donde se llegó a coronar el despiste más desolador fue en el informe del Estado Mayor Naval, firmado por su jefe, el contralmirante León Scasso. Este informe indicaba "la imprescindible necesidad de iniciar una política en el sentido de fomentar las lineas de navegación argentinas", pero "si las autoridades de la Nación creen llegado el caso de iniciar una política en ese sentido, debe advertirse que la nacionalización, o sólo la nacionalización parcial de líneas de navegación actualmente explotadas por lineas privadas, traería como consecuencia a breve plazo, un desastre económico, tal como ocurre invariablemente en todos los países que lo han intentado, y aún en aquéllos que como Gran Bretaña y los Estados Unidos, disponen de una organización eficiente y gran experiencia en materia de transportes por agua". Se confundía, según se ve, "estatización" con "nacionalización" : convertir una empresa privada en estatal con convertir en nacional una parte de su capital hasta entonces en manos extranjeras. Esta infernal "bouillabaise" se basaba en ideas mal digeridas de aquellas- célebres conferencia de veinte años atrás de Segundo Storni, que éste tuvo, mucho después, la honradez de rectificar. Seguía diciendo León Scasso: "Refiriéndome en particular al memorial presentado por el señor Dodero, las reflexiones anteriores me inducen a considerar innecesaria e inconveniente para el Estado la aceptación de su propuesta. Ella implica una socialización (sic) que no está justificada por ninguna necesidad manifiesta,y en la que se ponen en juego los intereses nacionales, con gravísimos riesgos de pérdidas cuantiosas para la Nación. Esta, por otra parte, no lleva miras de ganar ni económica ni militarmente aceptando la propuesta. Inicialmente, la propuesta me parece completamente desventajosa por las siguientes razones: implica para el Estado adquirir un número de acciones tal que le permita asumir el control general de las actividades de la empresa, porque sería inaceptable bajo cualquier concepto que los intereses de la Nación estuvieran supeditados al de los particulares"(sería, en todo caso, a los intereses particulares de los argentinos, porque el éxito de la campaña "salvar al riel" demostraba, de cabo a rabo, que los intereses de la Nación estaban hasta el caracú supeditados "al de los particulares" ingleses, en aquel gobierno-duramente etiquetado por José Luis Torres-del que Scasso formaba parte de algún modo). Aquel despeñadero mental, apoyado en falacias y en una evidente "falta de ignorancia" (como dicen en Colombia),no podía culminar sin dejar de postular que "se llegaría asi a la necesidad del capital total que, según inventario, posee a la fecha la compañía". Parece mentira, pero así quedó consignado en aquel documento oficial. El broche final no pudo sorprender a nadie. El Jefe del Estado Mayor Naval remató su lamentable "alegato de mal probado" con esta increíble afirmación: "La explotación de una marina mercante nacional no es conveniente; siempre produce pérdidas cuantiosas". Ahí quedó eso estampado para estupor de las futuras generaciones. Seguiremos viendo en 1938 las ulterioridades de este episodio, en el que la Mihanovich, que tenía por asociados a capitales ingleses, l que pretendía era asociarse con el País. ¡Cómo pasa el tiempo!. En 1988 el gobierno radical de Raúl Alfonsín decidió venderle a la empresa aérea escandinava SAS el 40% del capital de la empresa estatal Aerolíneas Argentinas. En esos momentos, la empresa argentina Pescarmona propuso (en combinación con Swissair y Alitalia) quedarse, no ya con el 40%, sino con todo el capital de Aerolíneas. NOTAS DELCAPITULO 04 - 1937 No está de más recordar que don Alberto y don Luis Dodero eran uruguayos, y que jamás se desarraigaron de su patria por el hecho de haber hecho toda su carrera comercial en la Argentina. Viajaban (don Alberto mucho más, naturalmente)con frecuencia al Uruguay, donde aparte de los dos talleres de reparaciones navales, controlaban una empresa naviera (Compañía Uruguaya de Navegación Limitada) y con el tiempo tendrán residencias veraniegas y colonia de vacaciones en Carrasco para los funcionarios de sus empresas. Sin embargo, más de una vez los Dodero tendrán sus choques en el Uruguay, según de documenta en al menos un par de historias de los barcos de la empresa. En esta oportunidad, la cosa reventó con motivo de una varadura del Ciudad de Buenos Aires en la costa uruguaya. La revista "Náutica", de agosto 1937, recogió ampliamente el episodio,y subraya la violenta campaña de la prensa montevideana contra la Mihanovich. Ciudad de Buenos Aires Según la empresa resultó que "el 15 del corriente (1937) a las 5,20 de la mañana el Ciudad de Buenos Aires, en viaje de esta capital a Montevideo, navegando con niebla cerrada, varó en el Banco Santa Lucía a unos 300 metros de la costa. Apenas en conocimiento de lo ocurrido, los directores de la compañía armadora enviaron de inmediato al remolcador Frithjorf, que por su poco calado era la embarcación indicada para llegar al costado del buque varado y prestar eficiente servicio. Por su parte, la Administración Nacional de Puertos (del Uruguay), sin siquiera consultar a los armadores del buque, envió al lugar del accidente al vapor Powerful, que llegó a las 15 horas sobre el lugar del siniestro, fondeando a larga distancia, 'puesto que su excesivo calado no le permitía aproximarse al buque. Luego llegaron el Lavalleja (l6,25 hs), que fondeó aún más lejos que el Powerful, por ultimo el guardacosta Paysandú, que llegó al anochecer.
Remolcador POWERFUL "Al enterarse la compañía de que la ANP había enviado el Powerful, y que sus servicios habían sido ofrecidos al capitán del buque, solicitó a la misma que fijara las condiciones para tomar a su cargo algunos servicios de asistencia. A pesar de no hacer cuestión de precio, ya que la compañía estaba dispuesta a pagar mucho más de lo que se cobra en casos análogos, la ANP se rehusó reiteradamente a determinar previamente la retribución, alegando que la cantidad a cobrarse sería facturada de acuerdo con la naturaleza de los servicios prestados". "Ahora bien; todo el mundo sabe que los servicios de asistencia (no de salvataje) se retribuyen por hora-sea estando a la orden o trabajando-o por recorrido. Es, pues, evidente que al no querer fijar precio por sus servicios, la ANP abrigaba el propósito de hacer aparecer el hecho como un verdadero salvataje, con todas las consecuencias que un acto de esa naturaleza trae aparejado. Es lógico, por lo tanto, que estando la compañía absolutamente segura de que el buque varado, y sobre todo los pasajeros, no corrían peligro alguno, rechazara el ofrecimiento del Powerful, cuya posición, por otra parte, no había mejorado respecto al buque. Mientras se desarrollaban estas tramitaciones, la compañía ordenó al paquete Ciudad del Salto, que se dirigiera con toda la premura que el caso requería, al lugar del accidente para recoger a los pasajeros y llevarlos a Montevideo. Desgraciadamente, las previsiones de la compañía sólo se cumplieron en parte, desde que el Ciudad de Salto, a causa de la niebla reinante, solo pudo llegar al lugar a las 1'8,30. Ciudad de Salto A todo esto, los pasajeros del buque accidentado no corrrían el más pequeño riesgo, ya que el buque se encontraba en una posición relativamente cómoda, no acusaba vías de agua y el tiempo se presentaba del todo favorable. No obstante la absoluta ausencia de peligro, algunos pasajeros, evidenciando una impaciencia que muy poco depone en favor de su serenidad, empezaron a formular protestas airadas y de mal tono por la demora en ser transbordados, sin reparar que al disponer que fuera el Ciudad del Salto y no un remolcador el que realizara esta operación, la compañía tenía presente que un viaje, cuya duración era imposible de prever a causa de la niebla, en una embarcación de esa naturaleza, representaba un riesgo para los pasajeros aún mayor que esperar la llegada del Ciudad del Salto. Así lo manifestó el capitán a los pasajeros, tratando de calmarlos, pero como la impaciencia para desembarcar de algunos iba en aumento, a las 18,30 se transbordaron 80 pasajeros al Lavalleja y al Paysandú, que los llevaron a Montevideo. Los 104 pasajeros restantes transbordaron a las 22,30 al Ciudad del Salto, con destino a Montevideo. Nótese que el transbordo de todos los pasajeros-se realizó por medio del Frithjof, pues era el único que podía acercarse al barco varado. Las fundadas razones que la compañía tenía para que los pasajeros fueran transbordados al Ciudad del Salto, fueron tergiversadas intencionalmente por algunos, los que para aparecer tal vez envueltos en una aureola de heroísmo, no vacilaron en manifestar que durante su permanencia a bordo del buque accidentado, estuvieron expuestos a toda clase de peligros y de privaciones, y que " hasta tuvieron que pagar 17 pesos para enviar un telegrama pidiendo auxilio". Tampoco faltaron los que aseguraron que el personal de abordo quiso cobrarles el almuerzo. Esta aseveración resulto ser absolutamente falsa, según declaraciones de personas insospechables, y de los pasajeros que no perdieron del todo el control de sus nervios. Por lo que respecta al cobro del telegrama enviado por un grupo de pasajeros, sólo nos queda por manifestar que el importe pagado corresponde a la tarifa fijada por la Dirección de Correos y Telégrafos, y que el capitán. al aceptar este telegrama, tuvo un acto de deferencia que no tiene paralelo en casos similares, en cuanto a la acusación que ciertos diarios irresponsables hacen a la compañía por haberse negado a aceptar los servicios de los remolcadores para "no gastar un puñado de pesos",reviste todos los contorns de un despecho mezquino, desde que al rechazar los servicios aludidos, La compañía tuvo en cuenta factores que mal podrían comprender ciertos diarios uruguayos, entre ellos el hecho de que el buque y los pasajeros no corrían ningún peligro, que el Frithjof era la única embarcación que podía acercarse al buque varado, y que todos los técnicos enviados sobre el lugar opinaron que sólo un generoso repunte de las aguas podía sacar al barco de la posición en que se encontraba. Los hechos se encargaron luego de demostrar que los técnicos y directores de la compañía armadora estaban en lo cierto, evidenciando así una pericia y una competencia que los mismos representantes de la compañía de seguros reconocieron amplia y cabalmente. "De lo expuesto sucintamente resulta que no solamente la compañía ha tomado desde un principio todas las medidas necesarias para salvaguardar la vida de los pasajeros y la integridad del buque, sino que, según declaraciones fidedignas-entre las que figura la del Cónsul General de la República Argentina en Montevideo-Ios pasajeros fueron tratados con toda la consideración que el personal de los buques argentinos acostumbra a tener con el pasaje. Es probable^ hasta cierto punto admisible, que en trances similares, el pasaje sufra los contratiempos propios de esas contingencias, pero es absolutamente falso que los pasajeros hayan sufrido privaciones ni extorsiones ,ni que hayan corrido en ningún memento el menor peligro. Todo se reduce, pues, a una demora más o menos prolongada, que no se puede imputar a la compañía sino a las condiciones atmosféricas y al deseo de evitar a los pasajeros los riesgos propios de un viaje sobre la cubierta de un remolcador, carente de comodidades y elementos indispensables para esta clase de operaciones. |
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