CRÓNICA FRUSTRADA
| Vito Dumas y su heroica hazaña | Persiguiendo el amanecer | Llegada a Capetown | Loco Lindo | ||
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DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL. Montevideo, 18 de julio de 1943. Muy otra hubo de ser esta nota si el sueño —diabólico enemigo de todo el que navega próximo a la costa— no hubiera apresado a Vito Dumas y dejado en mal rumbo al ya bien probado Lehg II. A no mediar este accidente en la costa vecina al faro Querandí, accidente que más vale llamar incidente por su real poca monta ya que sólo logra postergar en pocos días el cumplimiento del gran periplo realizado, como cabalmente dijera el capitán de fragata, señor Teodoro Caillet-Bois, "con algo más que arrojo".Otra hubiera sido efectivamente esta crónica si el ya legendario Lehg II llega a su amarra en el puerto del Buceo. Toda la emoción nacional apenas contenida que el pueblo uruguayo no se cuidaba de ocultar hubiera abierto ancho cauce de exteriorización.Aun cuando se dudaba que Vito Dumas pudiera llegar el sábado 17 al Buceo, como había sido anunciado, ya las previsoras au toridades del yachting uruguayo tenían ultimados los preparativos de recepción. La duda en la fecha de llegada fundábase en los persistentes vientos del sector N. que necesariamente tomarían al Lehg II por la proa obligándolo a bordejear en las 206 millas que median entre Mar del Plata y e! Buceo. De todos modos, la Comisión de homenaje al marino del queche encontrábase ya lista para festejar muy dignamente la llegada.Componen dicha Comisión, los señores R. A. Previtale, J. L. Ellauri y F. A. De Mar-tine, en representación del Yacht Club Uruguayo; los señores E. Henon y L. Castillo, del Montevideo Rowing Club; el señor A. Zorrilla de San Martín, del Nautilus Yachting Club; el señor A. Sierra, del Yacht Club Punta del Este; los señores J. Fabini y 0. R. Chichizola, del Club Nacional de Regatas ; y los señores H. Goldie y E. Cotelo del Cruising Club del Río de la Plata, Daba particular relieve a la expectativa pública la valiosa cooperación prestada por el gobierno uruguayo al recibimiento de Vito Dumas. Desde la base aeronaval de la isla Libertad, partían los aviones que sobrevolaban distintos sectores del estuario tratando de localizar al Lehg II. Cada vez que regresaba a su base uno de esos exploradores, subía de grado la curiosidad pública por saber si con el avión venía también la ansiada noticia. Aumentaban entonces los llamados telefónicos de todas partes a diarios y agencias noticiosas; en el Y. C. U. el bombardeo telefónico era continuo desde las primeras horas de la mañana hasta entrada la noche.
Uno de los hidroaviones de la base de la isla Libertad, que buscaron infructuosamente a Dumas. Si el sábado había pasado con una expectativa grande, e! domingo 18 de Julio — gloriosa fecha patria de nuestros hermanos río platenses — la tensión era enorme. La gente se apiñaba en la escollera del puerto deseando ver cuanto antes sobre la línea del horizonte la silueta del barco esperado. Dentro del local magnífico del Y. C. U. la concurrencia crecía desde la mañana. En verdad existe la impresión que está próxima la llegada de Dumas y se tiene un vivo deseo de verlo ese domingo para enlazar en una misma fecha el fasto patrio con el término de la navegación en agua de mar del Lehg II. Tanta confianza hay en la realización de tal coincidencia que lleva ésa fecha histórica la bella medalla de oro que el Y.CU. ofrecerá a Vito Dumas. La medalla ostenta en una de sus caras el gallardete del Club y la dedicatoria ; en la otra, debajo de un planisferio donde se ha trazado la ruta del Lehg II, una inspirada frase compendia la hazaña de nuestro gran navegante : "Telluris Gyrum Circuivi Solus" (La redondez de la tierra la contorneaste solo).
Con gran atención, el público congregado para esperar a Vito Dumas, observa la maniobra de atraque del guardacostas "Salto" al muelle del Buceo. La impresión de que Dumas arribaría ese domingo se vio favorecida por la llegada al local del Y. C. U. del Vicepresidente de la República O. del Uruguay, Dr. Alberto Guani, quien almorzó en el Club y permaneció en él buena parte de la tarde interesado por las noticias, tantas veces contradictorias, que llegaban. Entre tanto el guardacostas uruguayo "Salto", al mando del capitán de corbeta Alberto Sghirla, permanecía en el Buceo a la espera de alguna noticia concreta para apresurarse a recibir a Dumas.
Transcurrió así la tarde hasta hacerse evidente, con muy grande pesar, que el Lehg II no llegaba ese día; el público no se resignaba empero a abandonar la zona portuaria y en ella permaneció hasta bien entrada la noche. Hubo que esperar, pues, la llegada de un nuevo día para tener nuevos informes de los aviadores que explorarían por la mañana. Por pertinaces que fueran los vientos de proa —se decía— Vito Dumas debe estar ya al alcance de los aviones que para avistarlo contaban con una atmósfera bastante diáfana. Regresaron sin embargos los aviones vacíos de novedades. Esta situación era ya cosa seria y más de uno concibió la sospecha de que algo había pasado.Esta falta de noticias hacía que circularan, sobre todo en Montevideo, los rumores más contradictorios. Hubo diario que anunció en sus pizarras la llegada del Lehg II; otro lo daba navegando en aguas de Punta del Este. Cesaron los rumores cuando poco después de mediodía se conoció la varadura en la costa bonaerense. Con un amigo uruguayo fuimos a darle la deplorable noticia al hermano de Vito Dumas, que descansaba en esos momentos. Imagine el lector la triste impresión que la nueva pudo causarle. —Igual que en Mostarda, nos dijo; otra varadura y justamente en la penúltima etapa las dos veces—. Conversamos sobre las causas posibles del incidente y nos afirmamos en la idea de que el sueño sería el responsable. Hipótesis justificada —y luego confirmada por el propio navegante— si se tiene en cuenta la abundancia de agasajos y atenciones a que era sometido Vito Dumas en Mar del Plata por amigos y admiradores, con el consiguiente cambio de régimen que significaban en su vida de navegante metodizado. Felizmente el Lehg II había sido aligerado en Mar del Plata de cuanto elemento ya no tenía razón de ser en las breves etapas por cumplir; hasta las cartas de navegación y un compás soplón estaban ya en Buenos Aires.
El hermano del navegante, Remo Dumas, con su hijo, esperando noticias en el Y.CU. Inmediatamente de confirmado el incidente de Querandí, en ausencia del Comodoro, el Vicecomodoro del Y.CU., Sr. Raúl A. Previtale, radiografió al acorazado Belgrano solicitando informaciones sobre la índole del accidente; al mismo tiempo se dirigía a Dumas lamentando lo ocurrido y expresándole su confianza absoluta en que la firmeza marinera del navegante vencería el percance con felicidad. Sabíamos de la simpatía inmensa de que goza nuestro compatriota en Uruguay; sin embargo, debemos confesarlo, nos impresionó la magnitud de las expresiones de adhesión y de admiración que en distintas esferas pudimos verificar y que hubieran cobrado todo su desarrollo con la llegada de Dumas. Conmovía la cordial e intuitiva comprensión sentimental del pueblo hacia un héroe de hazañas casi de leyenda. Admiraba el ardor entusiasta con que los yachtmen colaboraban entre sí perfeccionando la organización de la bienvenida al gran navegante solitario. Digno de destacarse con perfiles propios es el espontáneo y muy valioso aporte de las autoridades gubernamentales uruguayas. Durante tres días el servicio de vigilancia establecido en distintos lugares costeros, faros, edificio Salvo, Capitanía del puerto de Montevideo, etc., enviaban informes continuamente. La aviación militar jugó un inapreciable papel al explorar minuciosamente gran parte de la enorme desembocadura del Río de la Plata. La marina de guerra encargó a uno de sus rápidos patrulleros la tarea de dar alcance al pequeño gran barco argentino en cuanto fuera avistado sobre el horizonte. Cabe proclamar con toda justicia que pueblo y gobierno se hallaban identificados en una alta emoción viril al rendir homenaje al muy hombre que, solo, supo y pudo, como queda dicho en letras de oro, contornear la redondez de la tierra. La demora del Lehg II avivará, si el sentimiento admirativo ante los contenidos épicos de la proeza máxima a que puede aspirar un navegante ríoplatense.
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