VITO DUMAS - EL ESLABÓN FINAL

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Nuevamente el agua dulce de nuestro gran río, (¡qué chiquito le debe haber parecido a Dumas después de haber cruzado tres océanos!), baña el casco del Legh II. Sólo ha transcurrido un año desde que partiera y en tan poco tiempo Vito Dumas ha sido capaz de tamaña hazaña como es el haber ido a buscar el escondrijo del Sol, todos los días, por los más grandes mares de nuestro planeta.Jubilosos tenemos otra vez entre nosotros a este bravo corazón de argentino y a ese Legh II, ese pequeño barco de milagro, que ha llamado la atención y ha hecho hablar de él a todo el mundo.Salvado con fortuna el incidente de faro Querandí, merced a la rápida y muy eficiente colaboración de los elementos que la marina de guerra envió desde Mar del Plata y a las previsoras y oportunas medidas adoptadas por Dumas desde que conoció su situación de verdadero apremio, varando al Legh perpendicularmente a las rompientes, aligerando el barco, etc., salvada esta situación, decimos, el Legh II, el 28 de julio hizo rumbo al Buceo, previa una breve estada en Mar del Plata.La llegada al puerto uruguayo el día 31 de julio, dio motivo a que se le tributara una recepción tan calurosa y significativa que bien puede afirmarse sin que pequemos de exagerados, que la fibra cordial uruguaya vibró con una nueva frecuencia al influjo de la admiración por la proeza del marino solitario. El alto honor para nuestro compatriota que comporta el habérsele conferido la ciudadanía uruguaya honoraria es claro exponente del afecto fraterno que Vito Dumas ha sabido despertar entre el pueblo uruguayo y sus autoridades.
Desde el "Muriel" se avista al "Lehg II"Escenas varias de la llegada de Vito Dumas a Montevideo.
El "Lehg" antes de salir de la isla Flores - A remolque
Entrando al "Buceo"
El recibimiento en el Y.CU. Para formarle escolta durante el viaje a Buenos Aires, fueron al Buceo el Sonny y el Huaira. En la mañana del día 7 de agosto, luego de despedirse, V. Dumas de sus amigos uruguayos, desprendió la amarra del Legh II y puso su proa rumbo a la ciudad de su corazón. ¡ Buenos Aires! Cuántas veces la nostalgia del terruño porteño no le habrá hecho entrever la ciudad añorada en medio de su tremenda soledad.Frente a su ciudad ahora, sacudido —que no mecido por la familiar marejada cortona del Plata— y entre gallos y medianoche del domingo 8 de agosto, fondeó el invicto Legh II a la espera de la claridad del alba.Quiso descansar su capitán y —desde que, inquieto, el barco atravesado presentaba su flanco al oleaje y no su roda— desprendióle el barbiquejo para que no trabajase sobre la cadena. Continuó el baile, empero, y fué inútil buscar reposo en su barco, ni en el Huaira, donde lo intentó. Llegó entretanto el día que amaneció ventoso, gris, encapotado. Entonces el Huaira tomó a remolque el Legh II cuando ya tenía a sus costados los primeros barcos que le adelantaban el saludo de Buenos Aires. Tuvimos la suerte, gracias a la hospitalidad gentil del señor José Milanese, de embarcaros en el gallardo Muriel y asistir al magnífico espectáculo de ver avanzar en pleno río la abigarrada flotilla de acompañantes admirados del guapo Legh II.Poco antes del kiló metro 5 Dumas volvió a saltar a bordo de su barco libre ya de un remolque al que no estaba acostumbrado; izó sus velas, en tanto, a camalote, corría aguas abajo arrastrado por la fuerte bajante. En marcha ya por sus propios medios entró al canal dejando a babor la baliza del K. 5, acompañado por una multitud de embarcaciones que más densa se hacía cuanto más se acercaba al antepuerto.A los saludos y las expresiones de amistad que partían de cruceros y veleros sumábanse los toques de sirena de aquellas embarcaciones de trabajo que, de vuelta encontrada, enviaban al capitán del Legh II su mensaje cordial.
Franqueó Dumas la entrada del puerto y, desde el espigón de la Asociación Argentina de Pesca recibió la primera adhesión de tierra firme. Navegando ya en aguas reparadas, el Legh II se encontró con la segunda ola de embarcaciones, esta vez menores, botes a remo y lanchas del servicio de puertos atestados de personas que vitoreaban al navegante.El momento era de verdad imponente. Empavesados los barcos, la multitud apiñada en la costanera, en el Y.C.A., a bordo de cuanta embarcación es posible imaginar, y el sonido penetrante de las sirenas de los colosos de hierro surtos en el puerto, la escena toda imponíase al espíritu. ¡Dumas había llegado! Con admirable calma y elegancia movíase el Legh II en medio de un vivo laberinto de embarcaciones, mientras saludaba Dumas a los amigos que iba descubriendo aquí y allá, y sonriendo retribuía las ovaciones del público aún quedándole tiempo para cargar tranquilo su vieja pipa, que había dejado un hilo de humo en todos los meridianos.A las 11 horas en punto, como lo tenía anunciado, puso su barco al viento ante la amarra que lo esperaba. Acababa de dar cumplimiento a su gran hazaña. Con incontenida emoción arrió Dumas la bandera patria que flameaba ondulante al tope del mesana y la estrechó sobre su pecho en un abrazo que conmovió a los millares de asistentes de este escena simbólica. Izada nuevamente la bandera, Dumas abandonó su barco y se dirigió al embarcadero del Yacht Club Argentino, donde lo recibieron las autoridades y un público impresionante. Contar los detalles de las distintas recepciones y los homenajes que se le tributan a nuestro gran navegante hállase fuera de la intención de la presente crónica. El periplo del Legh II nos demuestra dos cosas: primero la extraordinaria capacidad humana de Vito Dumas y segundo, que un navegante solitario puede realizar sus intentos más ambiciosos si además sabe encontrar al nutrido equipo de colaboradores indispensables y si en los largos días de preparación es capaz de organizar correctamente la empresa que puede intentar un hombre solo por más ardua que ella pueda aparecer.En efecto no hay que olvidar al Astillero Parodi que construyó al Legh II, al dibujante Manuel M. Campos que estudió y trazó el aparejo, a los hermanos Russo que confeccionaron esas velas que conocieron los vientos de los mares más bravios, y que todos contribuyeron con sus cerebros y sus manos al conseguimiento de tan maravilloso resultado.Dumas ha sabido realizar todo en forma magistral. Ha dejado un ejemplo que difícilmente se repitará, y una lección que debería ser comprendida por los que con ánimo deportivo, cazan una escotp. y empuñan un timón.
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