Historia y Arqueologia Marítima

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EL APORTE EXTRANJERO A LA CONFORMACION DE LAS TRIPULACIONES DE LAS ESCUADRAS ARGENTINAS
EN LAS GUERRAS DE INDEPENDENCIA Y DEL BRASIL, 1814-1830

Julio M. Luqui-Lagleyze
Buenos Aires - 2007

Introduccion Conscripcion y Reclutamiento de la Marinería Reclutamiento para la Escuadra de 1814
Estudio del Origen de la Marinería de 1814 Empleos y Funciones de las clases y la marineria en la Escuadra de 1814 Las Tripulaciones de las Campañas Corsarias
El reclutamiento de la Marinería durante la Guerra con Brasil Origen nacional o geográfico de las tripulaciones en la Guerra del Brasil. Conclusiones

 

El reclutamiento para la escuadra de 1814

A fines del 1813 ya se hacía patente la necesidad de formar una nueva y potente escuadra para poner fin al poder realista que tenía su base de operaciones en la plaza y puerto de Montevideo antes de que éste obtuviera mayores medios bélicos, se hiciera más fuerte y lograra imponerse sobre Buenos Aires y así dar fin a la revolución, como lo estaban verificando las fuerzas realistas en el resto del continente americano.

La necesidad se hizo clara en el seno de la Asamblea del Año XIII, y se encarnó en la persona de uno de los miembros de esta corporación, Juan Larrea, fuerte y rico comerciante de origen español, pero decidido revolucionario desde los días de mayo de 1810. Larrea había sido nombrado miembro de la Primera Junta por su estatus de rico comerciante, pero además tenía buenos contactos y era apreciado por sus pares, los comerciantes ingleses afincados en Buenos Aires, y en especial por los comodoros británicos de estación en el Río de la Plata.

La estación naval británica en el Río de la Plata existía desde antes de 1810 como un desprendimiento de la estación naval del Río de Janeiro, que había sido creada en 1808, cuando naves británicas trajeran de refugio y emigración al Brasil a la corte portuguesa del príncipe regente, futuro Juan VI, y a su esposa, la Infanta Carlota Joaquina, hermana del rey cautivo Fernando VII. Los oficiales navales ingleses tenían casa en tierra en Buenos Aires y una cordial relación, desde 1810, con los miembros de la Primera Junta de gobierno, en especial con Mariano Moreno y Juan Larrea (4).

En junio de 1810, al decretarse el destierro del virrey Cisneros, fue Larrea quien proporcionó el buque que lo llevaría a la Gran Canaria, el cutter inglés Dart, y también fue el fiador del capitán inglés, Marcos Bayfield, quien debía llevarlo sin tocar otros puertos5.

En 1813 Larrea pasó a integrar la Asamblea General Constituyente, donde le cupo, por su prestigio, ser nombrado presidente "por turno", entre el 30 de abril y el Io de junio de ese año, presidencia que alternó con el joven militar Carlos de Alvear. Luego, Larrea fue miembro del Triunvirato y, al crearse el Directorio, en enero de 1814, fue nombrado en la cartera de Hacienda, teniendo ya en claro su misión de formar la escuadra6.

Ya con fecha 28 de diciembre de 1813 había iniciado las gestiones para la formación de la escuadra al escribir al comerciante norteamericano Guillermo Pío White, un viejo conocido suyo, que estaba aprobado por el gobierno el proyecto de armamento naval para destruir la fuerza marítima de Montevideo. Le informaba que estaba facultado de la más amplia forma para tomar todas las disposiciones necesarias. En su carta señalaba crudamente: "Faltan hombres, buques, jarcias, cables y lonas, artillería, pólvora y aun fusiles". Es decir, no había nada con qué hacer una escuadra. Pero contaba con el apoyo de White y sus recursos, conocimientos y actividad.

 En la carta, Larrea le pedía a White que, con celeridad y sigilo, "se valga de cuantos arbitrios pueda a fin de conseguir lo que se necesita, especialmente artillería naval, sin detenerse en los precios..."7. En dos meses se debió formar la escuadra y pasar de no tener más que un falucho mal armado a una flota de 264 bocas de fuego, completamente armada, montada, marinada, comandada y lista para entrar en combate.

Veremos cómo se pudieron obtener los tripulantes para dicha escuadra y cuál fue su origen; ello nos dará luz sobre cómo y quiénes la armaron. Es una tradición ya muy arraigada que, para poder tripular los buques de la primera escuadrilla del almirante Brown, se debió recurrir al reclutamiento entre las tripulaciones de los buques mercantes extranjeros surtos en el puerto de Buenos Aires, los mismos buques mercantes que eran adquiridos -señala la misma tradición- con sus oficiales y todo por el encargado de armar la escuadra, Guillermo Pío White, en nombre del ministro Juan Larrea.

Para obtener las tripulaciones se encargó al marino mercante inglés Roberto Baxter, quien fue contratado el 2 de enero de 1814 por White8. La falta de buques de guerra podía reemplazarse con el artillado de buques mercantes, operación factible y no tan complicada, pues unos y otros eran de similar construcción; pero era imposible navegar sin hombres de profesión marinera como se había comprobado con el fracaso de la escuadrilla de Azopardo en 1811. El propio White, en una carta a Rondeau muchos años después de los hechos, dice que en el país había pocos buques extranjeros, ninguno nacional de porte y nada de pertrechos navales9.

Para algunos autores, las diferencias entre los marinos mercantes y los de guerra eran sólo en la maniobra, o sea, en el mejor manejo del velamen por los de guerra, pero, precisamente, en ello residía casi todo el éxito del combate naval de la época. En las tripulaciones mercantes no faltaban hombres avezados en el manejo del sable de abordaje, de la chuza, el fusil y la pistola, pero el artillero no se improvisaba, aunque hubiera mercantes capaces de poner una dotación en el transcurso de un viaje. En Buenos Aires y en el litoral no había la cantidad y calidad necesaria de hombres para la escuadra que se necesitaba. Cómo se solucionaría el problema, de dónde se obtendrían los oficiales de mar y los marineros necesarios es lo que trataremos de dilucidar estudiando los documentos detallados, aunque crípticos a veces, que dejó Guillermo Pío White.

Mediante la compilación y lectura pormenorizada de estos documentos comprobamos que la totalidad de los oficiales de mar -hoy los llamamos suboficiales- y la gran mayoría de los marineros de 1814, como demostraremos, fue extranjera; también hubo criollos, pero éstos estuvieron primordialmente entre los soldados de guarnición de los buques -que todavía no eran infantes de Marina-, entre los artilleros o sirvientes de pieza y armeros. Esto último lo confirman varios autores que señalan que, al incorporarse la tropa para el combate cercano y los desembarcos, fueron más los criollos, aunque eran tan reacios a embarcarse que produjeron diversos motines en la rada de Buenos Aires con el asalto de buques mercantes; o el motín en la Nancy y en la Zephyr por parte de la tropa de infantería pidiendo bajar a tierra un día antes de que zarpara la escuadra a campaña.

Por su parte, el historiador naval Rodolfo Muzzio, en su documentado estudio sobre la fragata Hércules y el bergantín Santísima Trinidad, confirma que la tarea de tripular los barcos fue sumamente difícil por no contarse entre los nativos con marineros profesionales. Por consiguiente -dice-, su reclutamiento debió efectuarse con extranjeros, lo que convirtió a los buques en verdaderas "Babeles flotantes" -en realidad no serían tales Babeles, pues todos los mandos y subordinados de importancia hablaban en inglés-. Confirma, además, que los embarcados como tropa o marinería de desembarco eran criollos, ya que se trataba de soldados provenientes de los cuerpos de infantería de línea de tierra. Pero no aclara el origen y la forma de reclutar a los extranjeros.

Era corriente en la época completar las tripulaciones con elementos tomados de las cárceles o prisiones. Para corroborar este aserto, Muzzio trae a colación un documento harto elocuente por el que el capitán de puerto, sargento mayor de Marina Martín Jacobo Thompson, en febrero de 1814, en vísperas de la campaña de Montevideo, se vio precisado de cumplir la misión, por orden suprema, de ir al presidio y a la cárcel pública a reconocer y separar a los presos que fueran marineros y reclutarlos para el servicio de la escuadra, exceptuando los que fueran o se creyeran peligrosos o que tuvieran pena capital.

El documento adjunta una nómina de los singulares tripulantes "reclutados" en la cárcel y el presidio en distintos días, desde el 9 de febrero al 25 de marzo de 181410: nueve de la cárcel, sólo uno de ellos con la aclaración de "inglés", y diez del presidio, o sea la cárcel militar de la fortaleza. Se dieron también muchos casos -señala Muzzio- de solicitudes de incorporación voluntaria, también para salir de la cárcel; y reproduce otro documento curioso de fecha 19 de febrero de 1814 en cual dos portugueses, Manuel Rodrigues y Manuel Fernándes, que se hallaban en el presidio de esta ciudad, señalaban que eran perfectos marineros y jóvenes, y que deseaban servir en la marina de la Patria, suplicando se les concediera servir en la fragata de guerra, y "según su comportamiento rebajarles algún tiempo de condena"".

Pero lo obtenido por este medio fue de por sí insuficiente para completar los números de los marineros de la escuadra de 1814. Según los documentos del AGN referidos, en especial el listado de White para el pago de los premios de presa de las tripulaciones de 1814, éstas estuvieron compuestas de más de un millar y medio de hombres, entre ellos 1.371 marineros y soldados, distribuidos de la siguiente forma:

Sargento Io                1 de infantería
Sargentos 2o               16 de tierra
Pilotos Primeros          2
2o piloto                      1
Pilotos prácticos          5
Contramaestres 2dos   34
Timoneles                   81
Patrones                     14
Calafates                   15
Cabos                        33 (de infantería y de cañón)
Marineros y soldados 1.371
Total:                        1.573 tripulantes (12)
Aun descontando o restando los soldados, los artilleros y sus suboficiales, igualmente queda una gran cantidad de marineros a cubrir. Por su parte, el propio comisario de Marina Goyena, en 1815, en pago de una provisión de vestuario -no aclara si de ese año o del anterior-, certificaba que la totalidad de los hombres de la escuadra era de 1.200, de ellos 800 eran marineros y los otros 300 infantes o tropa de guarnición13.

Y tomando debida cuenta de que todos los soldados eran criollos, igual quedaba una cantidad elevada de marineros. Resulta, por ello, interesante tratar de descubrir de dónde salieron y cómo fue reclutada tal cantidad de hombres en sólo tres meses -enero a marzo de 1814—. Es indudable que ello es imposible recurriendo sólo a los marineros y carpinteros de rivera, los de los buques mercantes en la rada, los presos y la leva forzosa.

Dice Mario F. Pensotti que el personal que se necesitaba primordialmente era el profesional, en cantidad y calidad suficientes para las necesidades mínimas óptimas de las unidades navales. Hombres que debían estar formados y capacitados en su profesión naval, pues no se disponía de tiempo para la capacitación individual, pese a que, en plena navegación de guerra, Brown y su oficialidad debieron trabajar duramente para el adiestramiento de conjunto14.

Para el citado historiador naval -lo que hemos confirmado analizando las listas de revistas y libros de anotaciones de los contadores de los buques, que se conservan-, los condestables artilleros, los gavieros, los cuartel maestres y todos los puestos claves y fundamentales fueron cubiertos por extranjeros en un porcentaje elevado de anglosajones (ingleses, escoceses, irlandeses y norteamericanos) y con un número menor de otras nacionalidades, todos los cuales -dice el mismo Pensotti- fueron reclutados en aguas del Brasil y provenían -aclaramos nosotros- en gran parte de los buques de la estación británica en Río de Janeiro y los alternados en el Plata, legalmente contratados como voluntarios para la escuadra patriota. Los marineros británicos así enrolados pasaron como "desertores" de la Royal Navy.

Al respecto, es. muy sugestiva la correspondencia mantenida en esos años por los distintos comodoros de la estación naval británica en el Plata, en especial la del comodoro William Bowles, dirigida al Director Supremo Gervasio de Posadas. En un primer momento se queja de que hay demasiados norteamericanos y franceses en los buques de la escuadra; pero luego, en la misma carta en que informa la llegada de Sarratea a Río de Janeiro, le reclama por la deserción de los marineros británicos, la que según él era fomentada por agentes del gobierno argentino que los seducían con promesas de protección y abonos de dinero15.

Ténganse en cuenta las palabras del comodoro británico. Menciona agentes, y si eran agentes, forzosamente el reclutamiento debía ser fuera del país, pues nadie tiene agentes en su propio país. Esta tarea de reclutamiento de la cual se queja el comodoro se debía sin duda a la labor del referido capitán Baxter, contratado por Guillermo Pío White para el reclutamiento y quien, en su afán de obtener profesionales promovía la deserción. Se podría aducir que eran marineros mercantes pero, si lo eran, ¿por qué el interés del comodoro británico en señalar la deserción si no eran marinos militares británicos sino civiles?

Por otro lado, que los marineros y los buques arribaban al Río de la Plata camuflados como de otras nacionalidades lo confirma una nota de Benjamín F. Seaver al propio Bowles, de fecha 9 de diciembre de 1813, en la cual, al explicar su llegada al Río de la Plata y las contingencias de su viaje -bastante desgraciado por cierto- señala que:

Habiendo zarpado de Río de Janeiro en la goleta Admira! Stafford, con un real pase del consulado de SMB, con destino al Río de la Plata... para evitar las molestias de los cruceros enemigos que en ese tiempo, según se decía rondaban las costas del Brasil... consideramos conveniente previas consulta con el Cónsul general interino de S.M., muñirme de un pasaporte portugués, para exhibirlo en el mar, caso de tropezar con algún buque enemigo... se hizo necesario que fuera de ese origen una parte de la tripulación. Bajo tales condiciones se hizo aquel a la vela reservando sus papeles verdaderos, hasta que estando a salvo, pudieran manifestarse16.

Se puede suponer que el enemigo aludido eran los corsarios franceses que se decía rondaban las aguas del Atlántico, pero una patente portuguesa no era precisamente un salvoconducto ante un apresamiento francés. Sí lo era si se trataba de evitar a los buques españoles de Montevideo.

El complemento de mano de obra naval, esto es los simples u ordinarios marineros y artilleros, sí se completó en Buenos Aires con individuos de todo tipo que se pudo reclutar de las formas ya vistas y señaladas. Pensotti lo considera inferior al 10 por ciento sobre el total, no siendo más que 130 hombres los provenientes de las cárceles públicas, los presidiarios y los sufridos "camiluchos", los indios jornaleros del campo. El porcentaje de criollos, o de hispanoparlantes, fue en verdad más elevado de lo que Pensotti afirma, pero igualmente la gran mayoría, si no la totalidad "profesional" de la escuadra, fue británica, en los puestos claves y en los buques claves, como veremos.

Confirmando esta mayoría británica que nos dan las cifras compiladas y las listas de los buques, tenemos que el sistema de graduaciones y funciones fue hecho siguiendo las reglamentaciones británicas, como se corrobora en la documentación original, para más datos toda ella llevada en inglés y por nueve contadores navales o pursers británicos distribuidos en los buques mayores17.

De tal modo era la mayoría anglosajona esperada para la escuadra, que ya en plena formación, en enero de 1814, y aun antes de tener ningún marinero alistado, se había dispuesto que "sean las reglas para el armamento, los reglamentos de los servicios navales inglés y norteamericano, en todo cuanto resulten favorables". Esto incluía desde las reglas para la distribución de presas hasta la ración diaria a bordo18. Sin duda quienes armaban la escuadra sabían de dónde provendrían los marineros.

Igualmente, a la hora de elegir comandante, el Io de marzo de 1814, el gobierno se decidió por Guillermo Brown, entre otras razones fundándose en que los ingleses reclutados para este servicio se hallaban en mayoría inmensa sobre los marinos de fortuna de otras once nacionalidades, además de por el ascendiente que Brown tenía entre sus compatriotas y la comunidad británica19.

De esta forma se aclararía cómo en sólo tres meses pudo reclutarse tal cantidad de profesionales marinos, desde los oficiales, suboficiales, contadores y hasta el medio millar de marineros hábiles en una zona donde no los había ni en cantidad ni en calidad.

Según las listas y documentos que compilamos, las fechas de alta de los marineros de origen criollo se remontan al 14 de febrero de 1814 y la mayoría figura como reclutada entre el 14 y 19 de febrero; las altas llegan hasta pleno marzo, día 7, y la más tardía está fechada 17 de mayo, esto es, en pleno combate naval de Montevideo. Por su parte, los marinos ingleses empiezan a arribar y a prestar servicios desde el 21 del mismo mes de febrero y van ingresando por partidas los días subsiguientes, 22, 23 y 24 de febrero, siendo los últimos reclutados de fecha 6 de marzo, a dos días de la zarpada de la escuadra. Es interesante comprobar, además, que la fecha 21 de febrero es también la de la llegada de la corbeta Belfast a Buenos Aires y el inicio de su alistamiento20.

Concluida la campaña, los marineros extranjeros iniciaron su retirada paulatinamente. Algunos generaron inconvenientes por deserción anticipada o por fugarse con algunos de los buques apresados en la campaña. En junio de 1814 un decreto de Posadas otorgaba los premios de ascenso a los tripulantes de la escuadra y concedía a todos un grado más sobre el que tenían cuando habían salido a campaña. Lo curioso es que el decreto hablaba del comandante general y oficiales de su mando, y a renglón seguido de recomendar en su servicio a los cabos y sargentos, "para que se atienda en sus ascensos por los jefes de los departamentos de infantería y artillería que se hallaron embarcados".

Es decir, ni una palabra de los marineros o los oficiales de mar. Esto que pareciera un hecho arbitrario o un olvido imperdonable, se explica si se considera que los nombrados, en su mayoría, eran extranjeros contratados, ya en franca retirada al momento del decreto y que no iban a continuar sus servicios en la Marina del Estado sino volver a la propia21.

Según los papeles de White la mavor parte de los marineros extranjeros obtuvo su baja definitiva con fecha 31 de julio, y recién el 22 de agosto comenzaron los pagos de las mesas prometidas a la tropa criolla.

Es curioso comprobar que, mientras transcurra la campana naval, los comodoros británicos en el Plata, primero Bowles y luego, en pleno mes de mayo el comodoro Manley Hall Dixon, hicieron un silencio absoluto sobre el tema en su correspondencia oficial; pero ya casi al término de la campaña, nuevamente la preocupación del comodoro Dixon fue el reclamar la captura de desertores británicos a bordo de nuestra escuadra, obviamente militares. El Director Posadas políticamente, pero recién al final de las acciones militares, resolvió los pedidos aludidos y prometió prohibir, en lo sucesivo, el reclutamiento de marineros extranjeros mediante tentadoras entregas de dinero al enganche22.

A partir de octubre de 1814 quedaría solo marinería criolla en los escasos buques que estaban en servicio, para la navegación en el litoral y para protección del puerto. Así, la lista de revista del falucho Fama, que fuera uno de los buques realistas capturados en Montevideo -incorporado el 26 de junio y puesto a órdenes del capitán Gabriel Picón-, muestra ya que toda su tripulación es criolla. Tiene entre sus clases y marineros: un contramaestre, un baqueano, un guardián y un despensero, criollos todos, además de 18 marineros igualmente criollos23.

Por la misma época, la zumaca, luego bergantín Santísima Trinidad, de construcción local, también está tripulada totalmente por criollos, pero cuenta con un contramaestre anglosajón. Mucha de su marinería es producto de las cárceles, ya que tiene 4 sentenciados a ración y sin sueldo -ex soldados de caballería-, otros 9 prisioneros -no aclara si prisioneros de guerra o ex marineros realistas- que pidieron sentar plaza de voluntarios, y 11 voluntarios más cuya extracción es dudosa. En tanto, el despensero, suboficial de víveres, no es otro que el criollo Leonardo Rosales, futuro coronel de Marina y subordinado de Brown en la guerra de Brasil, lo que muestra a las claras la movilidad social que existia entonces en las fuerzas armadas24.


4) Héctor R. Ratto, Los comodoros británicos de Estación en el Plata, vol. XVII, Buenos Aires, Sociedad de Historia Argentina, 1945, p. 18.

5) Pedro I. Caraffa, D. Juan Larrea, Buenos Aires, DEHN, 1961, p. 23.

6) ''ídem, ibidem, p. 25.

7) La nota de Larrea se halla en el archivo de Guillermo Pío White, en el AGN, Sala VII, Colección Carranza, junto a toda la documentación referente a la formación de la escuadra. Ha sido publicada como nota complementaria por Julio Arturo Benencia, en Ánjel J. Carranza, Campañas Navales de la República Argentina, 2da. Edición, vol. III, Buenos Aires, DEHN, 1962, pp. 205 y 206.

8) Historia Marítima Argentina, T. 5, Buenos Aires, DEHN, 1987, pp. 206 y ss.

9) Carranza, op. cit., notas complementarias, p. 204. Relación histórica del armamento naval de 1814, escrita por White para el general Rondeau.

10) Relación de presos extraídos de la cárcel para tripular las naves, Buenos Aires, 30 de marzo de 1814, en AGN, Sala X, 5-1-2. Rodolfo Muzzio, Fragata Hércules y Bergantín Ssma. Trinidad, Buenos Aires, 1955.
11) Pedido voluntario formulado por presos existente en el AGN, Sala X, 5-1-2. Muzzio, op. cit.

12) AGN. papeles de White, listado completo de la oficialidad y tripulantes para el pago de partes de presa, copia en DEHN, Listas de Revista legajo n° 1.

13) Solicitud de Benito de Goyena de Géneros que se necesitan para vestir a la Marina del Estado'' compuesta de 1.200 hombres del 31 de mayo de 1815 y Presupuesto del Io de junio de 1815. firmado por Antonio José de Escalada, Pedro Pérez y José de la Rosa, en AGN. Solicitudes, Sala VII, 11.7.3.

14) Mario F. Pensotti, Las dificultades de Brown en la Guerra de Independencia, síntesis de la obra inédita del mismo autor, expuesta como disertación en la Asociación Nativos de Almirante Brown, el 23 de septiembre de 1989. Fotocopia del original, dedicado por el CN Pensotti al autor, pp. 14 y ss.

15) AGN Correspondencia de Lord Strangford y de la Estación naval Británica con el gobierno de Buenos Aires, 1941, citado por Ratto, op. cit., p. 52. El destacado es nuestro.

16) Carranza, op cit. p 207 ver AGN Papeles de White VII, 7-1-8. White fué el apoderado de Seaver y lo propuso en su momento como comandante de la escuadra en oposición a Brown.

17) Otra pregunta que puede hacerse es: ¿de dónde salieron nueve contadores navales entrenados, de origen britámnico, para llevar detalladamente las cuentas de la escuadra? Esperamos poder dilucidarlo pronto.

18) AGN, Vil, 7-1-9, nota del 31 de enero de 1814.

19) 'Carranza, op. cit., vol. I, p. 230.

20) AGN, Sala VII, 7-6-3, Colección Carranza, ex archivo de Guillermo Pío White, reproducciones fotográficas en archivo DEHN, legajo de listas de revista n°l, carpetas varias ordenadas según los distintos buques de 1814.

21) Publicado en La Gaceta n° 110. Domínguez, Colección de Leyes, t.l, p. 134. Ratto, op. cit., p. 55,

22)  Lista de revista de octubre de 1814, en archivo DEHN, LR, legajo 1, carpeta falucho Fama.

23) Lista de revista de julio de 1814, archivo DEHN, LR legajo 1, carpeta Sumaca Trinidad.

 

 

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