Historia y Arqueologia Marítima

HOME

Indice Informacion Historica 

EL APORTE EXTRANJERO A LA CONFORMACION DE LAS TRIPULACIONES DE LAS ESCUADRAS ARGENTINAS
EN LAS GUERRAS DE INDEPENDENCIA Y DEL BRASIL, 1814-1830

Julio M. Luqui-Lagleyze
Buenos Aires - 2007

Introduccion Conscripcion y Reclutamiento de la Marinería Reclutamiento para la Escuadra de 1814
Estudio del Origen de la Marinería de 1814 Empleos y Funciones de las clases y la marineria en la Escuadra de 1814 Las Tripulaciones de las Campañas Corsarias
El reclutamiento de la Marinería durante la Guerra con Brasil Origen nacional o geográfico de las tripulaciones en la Guerra del Brasil. Conclusiones

 

El reclutamiento de la marinería durante la Guerra del Brasil

Durante la Guerra del Brasil, la obtención de marineros para la escuadra fue igual de difícil o peor que durante la época de la Independencia. El reclutamiento voluntario y la matriculación de los marineros de cabotaje nacionales no dieron ningún resultado desde el comienzo, por lo cual, en agosto de 1825, el capitán de Puerto de Buenos Aires, teniente coronel D. Juan Bautista Azopardo, propuso el reclutamiento forzoso y las levas como único medio adecuado para obtener tripulantes y más efectivo que los contratos de voluntarios, que no eran fáciles de concretar.

En el mes de septiembre, ante el mal cariz que tomaban las cosas con el Brasil, la Capitanía de Puerto ordenó el enganche de marineros de los partidos de la costa. Debían engancharse todos los de Ensenada, Las Conchas, San Pedro, Baradero y San Nicolás. Un mes después, la capitanía se dio cuenta de que con la orden de matrícula no alcanzaba y de que sólo se habían "registrado" 360 hombres, de los cuales 132 eran portugueses y por lo tanto no confiables para integrar la escuadra.

En San Nicolás lograron reclutarse unos 30, de los cuales 2 eran pulperos, 7 marineros y 21 "montaraces". En Baradero se reclutaron 14 marineros; en la ensenada de Barragán, 22, de los cuales 5 eran marineros de la falúa de ese puerto y 3 de la del resguardo. En esos reclutamientos ya se veía la heterogeneidad de las tripulaciones, puesto que los de Barragán eran: 5 ingleses, 1 correntino 5 porteños, 1 gallego, 1 de Cádiz, 1 canario, 2 portugueses, 2 • líanos (un0 de Genova y otro de Venecia) y 2 paraguayos. En San Pedro se reclutaron 37 "montaraces" y en Las Conchas 13 patrones, 20 marineros y 49 remadores.

La matrícula en el puerto de Las Conchas también era heterogénea. El resultado daba: 1 catalán, 5 portugueses, 1 peruano, 14 paraguayos, 4 santa-fesinos, 5 de Las Conchas, 3 tucumanos, 2 correntinos, 3 norteamericanos, 3 chilenos, 1 escocés, 2 mendocinos, 1 francés, 1 oriental, 2 de San Fernando, 1 cordobés, 1 entrerriano, 1 puntano, 1 sanjuanino, 1 de Arroyos y 2 de Santiago del Estero. De la lista de Las Conchas, que es la más detallada, se puede sacar la edad promedio de los candidatos. Ésta va desde los 55 el mayor a los 19 el menor, y es, por lo tanto, de una media de 34 años.

Visto que las levas eran insuficientes para llenar las necesidades de la escuadra, se decidió usar la formula del enganche pagando a cada individuo $17 por la Comisaría de Guerra (la de Marina aún no estaba organizada). Como tampoco ello dio resultado, se propuso aumentar la paga a 20 pesos o bien mantenerla en 17 pesos y dar de premio 3 pesos por cada uno de los reclutados en pulperías y fondas -obviamente esto era para los pulperos y fonderos, para evitar que ocultaran a los candidatos-.

A la vez se ordenó a los subdelegados de Marina en los puertos citados que remitieran las listas de marineros, remeros y otros matriculados en dichos puertos. Así como los comisarios de policía de la campaña hacían lo propio con los marineros que hallaban sueltos y con los vagos y mal entretenidos. Es curioso señalar que, además, algunos padres de familias humildes -o no tanto- mandaban a sus hijos por vagos y con conductas algo complicadas a fin de que los "encauzasen" en la Marina, y lo mismo hacían varios patrones con los peones reacios y complicados.

Para diciembre de ese año, y ya casi en estado de guerra, el Congreso decidió dictar una "Ley de remonta del personal de Marina". Ella disponía que las tripulaciones debían formarse mediante el sistema del enganche, que beneficiaba al marinero con un anticipo pero lo obligaba a buscar garantía por su embarco y permanencia. El sistema tenía varios inconvenientes: primero, la necesidad de reclutar; segundo, que los extranjeros, por lo general, no conocían quién les podía hacer de fiador. Tercero, que el sistema de fiadores y personeros se tornó engorroso y los marineros entraban y salían de los buques segun hallasen o no personeros y fiadores.

Por otro lado la ley misma estipulaba que todo individuo perteneciente a las tripulaciones de los buques nacionales y embarcaciones de cabotaje estaba obligado a entrar al servicio de la Marina, en especial todos aquellos aptos que se habían separado del servicio después de emprendido el armamento naval. No se salvaban de la leva ni los que se habían refugiado en el servicio de las unidades de milicias activas de tierra para evitar el embarco.

Si las medidas acordadas fuesen insuficientes, el Congreso facultaba al Poder Ejecutivo a obligar al servicio de la Marina a todo individuo apto que fuere necesario con la posible consideración de los intereses particulares de los llamados 39.

Para facilitar la leva forzosa se cerró el puerto varios días tras la promulgación de la ley, encerrándose a los barcos de cabotaje en el Riachuelo, sin posibilidad de escape de los marineros a bordo. El alistamiento, ya de modo casi forzoso, produjo un aumento de marineros, y se alistaron, como en la Guerra de Independencia, muchos extranjeros, generalmente en pos de recompensas en metálico. El llamado a la guerra de Corso aumentó estos enganches navales a la vez que quitó naves y marinería a las fuerzas "de línea" que protegían Buenos Aires, como señalaba en tono de queja en las notas oficiales, como las de Azopardo y Rosales, que decían que los precios exorbitantes pagados por los buques extranjeros, ya fuesen corsarios o no, quitaban la marinería de los buques nacionales.

Ya a inicios de 1826 se aumentó el valor del premio de enganche en 2 onzas de oro -probablemente en moneda boliviana, pues aquí no había amonedación de oro entonces- a cada uno que se enganchase. Posteriormente, por decreto de abril del mismo año, se entregarían a los marineros al servicio de la escuadra $40 por enganche, pero con la condición de que su empeño fuera por todo el tiempo que durase la guerra.

Como los ofrecimientos y pagas no lograron el resultado deseado, se ordenó "llenar de todos modos las tripulaciones de los buques de guerra", y por ello se iniciaron las "levas forzosas de vagos" por las noches, al estilo británico pero por partidas de la policía mandadas por oficiales de la Marina. Se montaron cuatro partidas de seis hombres al mando de los tenientes de Marina José María Pinedo, Antonio Toll, Juan Francisco Seguí y Pedro Antonio Nadal. Las partidas salieron de noche después del primero de año de 1826 y en varios días de cacería consiguieron 66 hombres entre marineros, remeros y peones.

En esa oportunidad se pidió, por parte del comandante general de Marina, un comisario de policía de Departamento para que colaborara en la clasificación de los individuos que la propia policía remitía a la Marina de las levas nocturnas. Con fecha 28 de enero, se designó al comisario Lorenzo Navarro y se ordenó a los comisarios de campaña que capturaran a los marineros que revistieran en sus jurisdicciones y los remitieran con la seguridad conveniente a la capital para ser redestinados al servicio naval40.

Estos marineros de leva forzosa, luego de un par de meses de prueba, si eran buenos y honrados, eran enganchados con una papeleta de recomendación de su comandante, la cual les servía de pasaporte con las autoridades. Los que no, bajaban a tierra y de ellos se encargaba la policía. Por otra parte, sin que significara una mancha policial, se ordenó separar de la escuadra a todos los declarados como "portugueses" y relegarlos al servicio de cabotaje y bien controlados41.

Otra fuente de enganche de marineros, nuevamente, fue el ejército de línea, el cual mandaba a bordo de los buques a los presos y encausados. Es curioso leer en las papeletas de remisión las clasificaciones de las conductas y penas como: "incorregible, ladrón cuatrero, matrero, vago y perjudicial, enemigo de la causa", o lisa y llanamente "sentenciado a la Marina".

En tanto, los gobiernos provinciales de Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos y la Banda Oriental aportaron contingentes de marineros desde los comienzos de la guerra; y en los pactos que se concretaron con Buenos Aires, tras la caída de Rivadavia y a fines de 1827, se obligaron a apoyar la guerra contra el Brasil y a proporcionar el apoyo humano y el auxilio que estuviesen a su alcance, incluso de gente de marinería. Una de las papeletas conservadas señala: "Los individuos contenidos en la adjunta lista en los que no debe haber más falta que aquellos que diere por muertos el capitán conductor, son destinados a la Marina y remitidos por el gobierno de corrientes"42.

Los remitidos por el ejército se concentraban primero en el cuartel de "cazadores" (entonces el Io de Línea) y de allí eran embarcados. Una vez hecho eso, y estando los buques en Balizas, se les prohibía bajar a tierra hasta que pasasen los meses aludidos y se hiciera la clasificación.

Con respecto a los extranjeros que formaron en la Escuadra Republicana, además de los reclutados en los buques mercantes en'el puerto de Buenos Aires, ello se debió en gran parte a que el momento de inicio de la guerra coincidió con la llegada de varios cientos de familias inglesas, provenientes muchas de ellas de Glasgow, que venían a radicarse en San Pedro, y hubo otras que trajo la compañía Rio de la Plata Agricultural Association para colonias en la provincia de Entre Ríos. Muchos de los colonos que debían ir a San Pedro, ante el incumplimiento por parte del gobierno de las promesas para colonizar, terminaron en las naves republicanas; mientras que los destinados a Entre Ríos, en su mayoría, fueron detenidos en Buenos Aires, seducidos y enrolados en la escuadra pese a los reclamos del gestor de esta empresa, Mr Barber Beaumont.

Finalmente, diremos que el reclutamiento por leva, que era sumamente impopular, fue suprimido por decreto del 20 de agosto de 1827 dado por el gobernador Dorrego, salvo en los casos extraordinarios o de urgencia, mandándose poner en libertad a los que así habían sido reclutados, pero "luego que haya cesado la causa por la que fueron tomados". La medida era popular y hasta humana, pero las necesidades de urgencia seguían en pie ya que la guerra continuaba, y completar tripulaciones no había dejado de ser un grave problema.


38 Archivo DEHN, Colección Vicente Anastasio de Echevarría, Caja 1, T. I.

39 Ley del 31 de diciembre de 1825. Domínguez, op. cit., p. 403, n° 465. Ver, además. AGN, Capitanía de Puerto III-27-5-6.

40 Cfr.AGN III-27-6-1, copia en archivo del DEHN, Fondo documental Colección Tenencia - La Guerra marítima Con el Imperio del Brasil, Caja 3, documentación referida al Personal de la escuadra.

41 AGN Capitanía III-57-4-4, ibidem.

42 Nota de Juan Ramón Balcarce de fecha 5 de febrero de 1826. Cfr. AGN, III-27-6-1. El destacado es nuestro.

 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

Direccion de e-mail: histarmar@fibertel.com.ar