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Historia y Arqueología Marítima

UN POCO DE HISTORIA

Estas paginas reproducen varios articulos publicados en la revista Neptunia durante los años 1926 a 1941 bajo el título "Un Poco de Historia" y habla sobre los clubes nauticos y sus veleros.

MIRANDO HACIA POPA TREINTA AÑOS DESPUÉS

1 - L´ Aiglon 2- 30 años despues 3- Palomas Mensajeras 4- Los viejos veleros
5- Fotos antiguas 6- Crecida 7-Fondeadero YCA 1901 8- El Bajo de San Isidro
9- Darsena Sud 1918 10- Puerto Madero 2a Parte 11- Dunskey YCA  

Neptunia 1938

Especial para NEPTUNIA» Por LONE HAND Gasal Ventoso - Portugal

Barca "Jenny" navegando frente al Km. 108 el 16 de Marzo de 1914

Cada vez que hojeo mi «NEPTUNIA» experimento en el espíritu una invasión ,de sentimientos entremezclados. Unos son representativos de nostalgias al leer en ella nombres. Otros surjen al recorrer las cartas náuticas que se insertan o las noticias que figuran en el «Cuaderno de Bitácora». Todos ellos en conjunto, despiertan en mi memoria los más variados recuerdos. Por ejemplo tómese esta anotación: «Río de la Plata. Pozos del Barca Grande y Barra del Paraná Mini. Reposición de 4 boyas ciegas.» Supongo que esta noticia implica, que los Pozos del Barca son navegados hoy mucho más que antes y más aún de lo qué lo eran hace 33 años cuando las boyas, eran estacas o, latas de kerosene y que cuando soplaba un lindo viento S.E. solia encontrarse con frecuencia en esas aguas a una docena de barcos de cabotaje,' pailebotes, balandras haciendo espuma con la roda cortante, orientada hacia el N. E. cuadro que proporcionaba un verdadero goce. Una vez vi a un pailebote remontando las aguas de la boca del Paraná de las Palmas con todo su velamen izado, trinquete, mayor y escandalosas que lo condujeron directamente a la boca del Mini. Era también algo muy común encontrar barcos-de tres mástiles descender a vela las aguas del Uruguay. Recuerdo que una tarde formando parte de la tripulación del «Medusa» estábamos frente a Punta Chaparro, J. gobernaba y yo estaba listo para arriar la driza de pifo en el momento en que fuera necesario hacerlo. Nubes de obscuro verde aceituna y-relámpagos al W., anunciaban que el pampero que se preparó durante el día estaba casi sobre nosotros.

No obstante esta amenaza y como nos proponíamos entrar al puerto de Nueva Palmira en lugar de fondear afuera, hicimos lo primero, pero el pampero sobrevino antes de cumplirlo. Después de la apresurada maniobra de arriar y aferrar en estas condiciones, bajamos a la camareta completamente empapados, con el fin de cambiarnos la ropa por otra seca y descansar de esa deliciosa fatiga que experimentan todos los cruceristas después de una larga singladura, en momentos en que escuchamos el estruendo de la cadena de un ancla al deslizarse por el escoben; era la de una barca de cuatro mástiles que descendía el Uruguay y fondeó en el canal por razón del tiempo reinante. Su tripulación en las vergas se ocupaba en aferrar el velamen y verdaderamente su conjunto constituía un resaltante cuadro, silueteado con las luces del moribundo día.

Barca «Jenny» de Porsground en el Km. 108 Marzo 16 de 1914

En aquellos días, los cruceros no eran frecuentes, aunque era muy común, encontrar frente a la Colonia al Y.C.A. «Recluta» con su «patota» acostumbrada, en la que figuraban entre otros conocidos yachtsmen don -Juan J. Coelho, Pablo Suárez y el Almirante Blanco. En esos años también el nuevo club Yacht Club Río de la Plata había comenzado sus actividades náuticas y los «colleens» del Tigre Sailing Club también navegaban mucho aunque pocas veces se les veia al Norte' del Carmelo.

Pailebote saliendo de Carmelo, Septiembre de 1913

He visto el nombre de Von Semasco en el número de Abril-de «NEPTUNIA» acompañado del prefacio del memento morí, al cual todos nosotros llegaremos más tarde o más temprano y - esta noticia me trajo a la memoria el encuentro que en navegación tuve con el Y. C.R.P. «Osilia», que fué de su propiedad, fondeado en una caleta abrigada de la otra orilla del Estuario tripulado por una feliz familia crucerista. Las hijas de Von Semasco interesantes niñas con sus cabellos trenzados, estaban a bordo como generalmente ocurría porque eran aficionadas. Otra familia crucerista de los primeros años novecientos era la de Sieburger cuyo barco «Iris» construido como el «Osilia» por el astillero Heidtmann en Hamburgo era un bon chien chasse de race y nadie que haya conocido a. los Sieburger en aquellos lejanos días podrá sorprenderse de. que hoy aquellos niños se .hayan convertido en yachtsmen  y yachtswomen de primera clase..; ¡Que grandes días fueron aquellos! No quiero afirmar que eran mejores que los actuales, pero convengo con Salvador Madariaga en que:

«Vivo si miro adelante»   «Muero si miro hacia atrás",

Don Juan S. Lea, gobernando el "Medusa» Abril 1913

Bajo algunos aspectos, aquellos días eran más divertidos o quizá pueda decirse qué los proporcionaban otras clases de placeres. Muchos de nosotros éramos jóvenes, trabajabamos para vivir ya enclavados en oficinas o ya dedicados a profesiones que reclamaban puntual  asistencia temprano al' día siguiente del feriado, lo que significaba que el regreso aguas abajo del Uruguay, exigia rizar la mayor, establecer mayor de capa y tormentin si una sudestada soplaba estando en Nueva Palmira.

Pailebote «Luisito» navegando frente a San Isidro, en demanda de la Boca del Lujan, Año 1912

En esos casos el regreso, estaba asegurado una vez avistada la boya bifurcación que entonces era la km. 108, porque desde ella el viento se convertía en franco haciendo rumbo a los Pozos de la Barca porque para los «colleens» habia agua suficiente para eliminar el peligro de varaduras y si el río estaba crecido podia hacerse rumbo directo a la isla Zarate y desde ella poner proa a la boca del Lujan. Esta era la ruta que convenia si se había dejado a popa la Boca del Guazú, pero si estaba por arribarse a ella o teniéndola enfronte quedaba siempre la alternativa de hacerlo por los Pozos del Barca o remontar por el Guazú si el tiempo era tan malo que hiciera azarosa aquella ruta. En este caso se arriaba la mayor y poniendo proa aguas arriba del Guazú se llegaba al Arroyo Naranjo, entonces sin canalizar, ruta que traía aparejada una noche muy tranquila pero que creaba gran incertidumbre respecto a la hora de llegar a la ciudad si el tiempo no mejoraba rápidamente.

Efectivamente, antes de que el motor auxiliar hiciera su aparición habia deporte más completo en la navegación a vela y mucho menos lujuria tanto sobre como bajo cubierta. Dudo que un joven de los tiempos presentes encuentre mayores placeres de lo que nos proporcionaban, la más simple de aquellas comidas de Gargantua.

Una semana de Navidad, tres «colleens» quedaron encalmados frente al Barca Grande. Reinaba un calor ardiente, dos de los barcos se habían acoderado al que estaba fondeado, decidióse celebrar en común una fiesta, a cuyo efecto en uno se preparó puchero, en otro chorizos asados y nosotros, los únicos «gringos» contribuimos con pasteles rellenos de picadillo y un «plum pudding» alto y negro. No quiero especificar de memoria por temor sa equivocarme todo lo que se puso al puchero, pero si puedo afirmar que más parecía un estofado porque la cuchara se mantenía erigida y bien clavada en el «caldo». ¡De todos modos la cuchara cayó y fué bien manejada! El puchero se consumió lubricándolo bien con abundante Barbera. Nuestros amigos argentinos atacaron al «plum pudding» a pesar de afirmar que era demasiado comer, agregando que no se explicaban como era posible injerir tanta rica comida y por cierto no muy sencilla, no obstante lo cual aprtaron para después por lo menos un kilo de carne, verduras, chorizos etc. ¿Tendrán lugar a bordo hoy tal clase do fiestas?

Dudo de que se lleven a cabo en estos degenerados días de los refrigeradores eléctricos, ventiladores y todas esas insidiosas lujurias do los modernos yachts a motor.

Debo amarrar. y adujar el chicote.

¿Que se han hecho los hombres que regateaban a Mar del Plata y velajeaban hasta Río Grande y Río de Janeiro y se esforzaban por arribar a Montevideo como en travesía común de fin de semana?

Ellos pueden gozar a bordo de mayores comodidades de las que gozaron sus padres, pero como el espíritu marinero se hereda leyendo «NEPTUNIA» de cuando en cuando, se desprende que los yachtsmen argentinos de hoy no son marinos de buen tiempo. Larga vida y vientos favorables deseo para todos ellos, sea cual sea el campo de crucero que hayan elegido.

Los colleens «Diamond» y «Beryl" en el Carmelo febrero 1914

 

 

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