Historia
y Arqueología Marítima
UN POCO DE HISTORIA
Estas paginas reproducen varios articulos publicados en la revista Neptunia durante los años 1926 a 1941 bajo el título "Un Poco de Historia" y habla sobre los clubes nauticos y sus veleros.
EL "BAJO DE SAN ISIDRO"

Principio del camino de acceso al C. N. S. I. con la vía tranviaria al costado (1925)
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Neptunia 1939 Mientras el automóvil colectivo del Club Náutico San Isidro o el propio conducen en breves minutos hasta el local social, así como se contemplan desfilar con vertiginosa rapidez metros y metros de pavimento, así también cruzan cinematográficamente por la imaginación los recuerdos de todos los panoramas que ofreció el mismo trayecto con el correr de los años. Es el esfuerzo intenso y continuado del Club Náutico San Isidro a quien se debe las sucesivas transformaciones experimentadas por el «bajo de San Isidro» desde el momento en que sus dirigentes sin descanso alguno lucharon por el progreso de esos lugares, que constituyen la antepuerta a sus dominios.
Un recodo del viejo camino (1925) Meditando sobre esa evolución, resurgen vivos en la memoria las impresiones que dejaron el camino carretero de arenoso fango, los enormes álamos de La Carolina que lo bordeaban, las grandes crecientes que alcanzaron hasta la vía férrea (F.C.C.A.), los hogares marineros del barrio de las «catorce provincias», el pastoreo de vacas y ovejas en potreros de las quintas de las barrancas, la soledad en los frondosos y sombríos montes de sauces, ceibos y álamos, el silencio que imponía la naturaleza, silencio animado, pero silencio porque entonces ella era la soberana de esos lugares, el pantano infranqueable, el sencillo local del club donde los socios se reunían familiarmente, la necesidad de cruzar en canoa el arroyo Sarandí para lograr el acceso al club, cuando no había creciente, las notas del piano armonizadas por hábiles manos, el recuerdo de los que entonces actuaron y hoy ya no existen. Todo esto y otro cúmulo de detalles se agrupan en la mente y pasan rápidamente para dejar lugar a otros de esa larga e interesante película.
Juanita esperando pasajeros (1925) Es también a los dirigentes del C. N. S. I. a quienes se debe la impresión de otra serie de recuerdos que componen una segunda parte de la escena que se desarrolla en esta cinta y constituyen otra época, en la que figuran el arreglo del camino, su terraplenamiento y pavimentación, la instalación de la línea tranviaria para conducir por vía de trocha angosta el único «coche abierto» ocupado por una docena de pasajeros, un solo conductor el finado Amelio Torres y la potencia propulsora de una sola mula, Juanita» que lo rodaba en un continuado ir y venir con frecuentes descarrilamientos que exigían el concurso de los pasajeros para suspender el coche y encarrilarlo de nuevo, mientras Juanita con paciencia admirable, echaba una larga y paciente mirada de soslayo a ese trabajo fatigoso, dejando traslucir en la expresión de sus ojos el íntimo deseo de que esa tarea no terminara para poder seguir gozando de esas vacaciones. Estos y otros muchos recuerdos asaltan ahora la memoria de quien rememora con cariño las largas caminatas, cargado con el equipaje deportivo, hasta llegar al club con ansias de embarcarse, pero encontrándose con gran sorpresa no poder realizar el programa porque el río estaba en bajante.
El actual camino con el galpón aduanero del puerto Hoy la existencia de excelentes caminos pavimentados, concurridos por cientos de automóviles que introducen peligros de tráfico en los viejos caminos encantadoramente solitarios, las actividades comerciales del nuevo puerto, la instalación de otros clubs náuticos, la ampliación y profundizarían de canales, establecimiento de astilleros y en general todas las actividades que han transfigurado el «bajo de San Isidro si bien lo han modernizado en su mayor parte debido a los planes progresistas del Club Náutico San Isidro en los que invirtió importantes capitales persiguiendo con éxito el mejoramiento de ese barrio, no es menos cierto también que ese progreso le ha hecho perder, en cambio- gran parte de su belleza natural. Pero esto no es felizmente un fenómeno local, ocurre en todos los rincones donde la mano del hombre procura mejorar, sin olvidar el utilitarismo, esa armonía artística que sólo la Naturaleza es capaz de crear sin mira alguna de aprovechamiento.
Parte del puerto actual de San Isidro (1939!) |
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