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Historia y Arqueología Marítima

YACHTING - ALGO SOBRE SU HISTORIA

☆ por Julio Martínez Vázquez- Publicado en 20 capitulos en la revista Yachting Argentino- 1940/41

El autor Cap 1- Egipto-Grecia-Roma Cap 2 Holanda - a Cap 3 - Holanda - b Cap 4- Inglaterra
Cap 5- Primeros clubes en UK Cap 6- Clubes - 2 Cap 7 -La Orza Cap 8 - El Lastre Cap 9 - El Yachting nortEamericano
Cap 10 - El America Cap 11 La Copa America Cap 12- regatas y barcos Cap 13-  Otras regatas Cap 14 - Diseños
Cap 15- Reglas de Medicion - 1 Cap 16 - Reglas de medicion - 2 Cap 17- El Yatch Britannia Cap 18- Yachting en Argentina Cap 19 - Navegacion de cabotage en Argentina
Cap 20 - El Yatch Club Argentino  
 

Hemos llegado en estas evocaciones a una época en que corresponde hablar de lo nuestro, ya que en los tiempos de apogeo del Britannia, el ancla del yachting argentino había agarrado fondo y en firme.

¿Cuándo se practicó la navegación de placer por primera vez en nuestras aguas?

Difícil, muy difícil resulta contestar a esa pregunta. Los encantadores riachos del Tigre, con su sugestionadora belleza ofrecían una tentadora invitación a la práctica de esa clase de navegación. Es lógico suponer que los propietarios de las hermosas mansiones de veraneo, ubicadas en las márgenes de los pintorescos arroyos del delta, que entonces, y especialmente el Tigre, hacía las funciones del Mar del Plata de ahora, ciudad balnearia que se fundó después; tales propietarios, insisto, no podían desdeñar los atractivos que le ofrecían esas aguas magníficas para una navegación puramente de placer. Marco Sastre, en su "Tempe Argentino", habla de ciertos "vaporcillos" para la navegación de los riachos del delta. Me consta, por habérmelo dicho mi padre, que algunos estancieros del litoral, especialmente sobre el río Uruguay, poseían vaporcitos que hacían las veces de yachts, para trasladarse cómodamente a sus estancias, en aquellos tiempos en que los viajes por tierra resultaban verdaderas penurias. La mayoría fondeaban en Tigre.

Vaporcito Gobernador Ugarte - 24 de Enero de 1931

Los tales "vaporcillos" tigreros, quemaban sin excepción leña, entonces muy abundante y barata en las islas del delta. Yo alcancé a conocer algunos. Además de salir con su stock, cuando creían necesario se amarraban a una isla, donde ya estaba apilada gran cantidad de leña lista para el embarque. A las pitadas del "vaporcillo" aparecían los carapachayos, hoy isleños, y empezaban a revolear astillas con vertiginosa velocidad, que eran rápidamente estibadas, y el barquito continuaba su marcha.

Motor a vapor de nafta. Su principal característica era una marcada afección a volar o quemar al que lo manejaba, que de acuerdo a los preceptos vigentes, entonces, debía vestir de riguroso uniforme: pantalón de franela bien planchado, saco azul cruzado, gorra de almirante, camisa, corbata, etc. El traje más indicado para lidiar con estas bestias y soportar sus explosiones de ira acompañadas de llamas y humo.

Los recuerdos con sus calderitas, la mayoría en sentido vertical, forradas de madera en forma de duelas barnizadas como muebles, forro destinado a contener la tierra refractaria que aislaba el calor. Su motorcito, de uno o dos cilindros, de 3 a 10 H.P., era de bronce; también lo eran las chimeneas y aros que sostenían las duelas, todo brillante como espejo. El valor de la máquina, incluyendo caldera, instalación, etc., no pasaba de $4 a 5.000 m/n. de nuestra actual moneda. Estas máquinas iban siempre al descubierto, pero en algunos casos se les reparaba con toldos o toldillos. Una carroza a popa para resguardo de dueños e invitados, solían llevar cuando la eslora lo permitía, pues las máquinas y carboneras o leñeras exigían mucho espacio. Los más chicos tendrían 20 pies de eslora. A estos vaporcitos siguieron otros que evaporaban en lugar de agua, nafta o alcohol, algunos de los cuales alcancé a ver en Tigre. En ellos se reducía enormemente el espacio ocupado por las máquinas, pero su tendencia a volar no le dieron muchos partidarios. Intermediarios entre éstos estaban los que quemaban querosén o nafta para calentar la caldera a agua, en lugar de carbón de piedra o leña, pero dada la abundancia de leña en Tigre, solamente eran empleados por los muy chicos, y por propietarios muy adinerados. En algunos casos usaban carbón de piedra que valía unos $ 20 la tonelada.

Un vaporcito de los mas chicos, de construccion norteamericana.1880.

La primera práctica de yachting, en la verdadera acepción de la palabra, en nuestro país y de la que ha quedado constancia, se debe a un ministro inglés que regaló a Manuelita Rosas, hija de Don Juan Manuel, en los tiempos que éste gobernaba, un vapor-cito, para que paseara por los lagos de Palermo, donde tenía su residencia. Desgraciadamente, la interesante casa, de valor documental, que cuando conocí estaba ocupada por la Escuela Naval, fué demolida junto con otras reliquias, poniendo en evidencia, los que ordenaron tal cosa, una ignorancia sobre lo que representa la conservación de históricos edificios tan liqados a la tradición de la Nación. Se elevaba esa casa, en la que Rosas pasó qran parte de su vida, en la esquina de Avenida Alvear y Avenida Sarmiento, donde actualmente se encuentra la estatua de Sarmiento.

La prueba de que Tigre era un centro de yachting, lo confirma el gran yachtsman y escritor inglés E. F. Knight, quien en su libro "The Cruise of the Falcon", una de las obras más populares de la literatura del yachting, consistente en la descripción de un viaje desde Southampton hasta la Asunción, con el yawl Falcon de 18 toneladas de registro, efectuado en 1880. M. Knight pinta en él con profusión de detalles, la bahía de Maldonado, Montevideo, el Río de la Plata, una entrada al Luján, por frente San Fernando y por último Tigre, donde se le indicó que llevara su barco evidenciando así que se consideraba esa región un centro de yachting o algo parecido. Resulta siempre interesante conocer a través de su pluma datos de entonces, correspondientes a nuestros actuales centros de yachting. (N.R.Hormiga negra escribio para Bienvenido a Bordo una traduccion de este libro con sus comentarios personales, en varios capitulos, traten de encontrarlos, muy buenos!).

"En la mañana del 26 de diciembre —dice—, percibimos las costas del Uruguay a nuestro estribor. Al acercarnos pudimos deducir a qué clase de país habíamos llegado. El clima, el color del cielo y el aspecto de la vegetación nos indicaron que habíamos dejado los trópicos. Era una costa baja, con dunas, médanos de arena y algunas colinas en el fondo, de aspecto desierto, donde predominaban los cardos. Toda esta salvaje costa es de mala fama hasta la frontera con el Brasil y el terror de los marinos. Las corrientes son fuertes e inconstantes. Hay muy pocos puntos de referencia en tierra y los desastres marítimos son frecuentes. En la costa, a lo largo de las rompientes se pueden percibir los restos de muchos barcos desgraciados. Una calamidad es para el marinero que naufraga en esta inhospitalaria región. Sus únicos habitantes son gauchos salvajes, profesionales del raqueo, cuando no están ocupados en el trabajo de devastar su patria en pillajes, bajo la bandera de sus caudillos, que viven en perpetua lucha, para llevar al gobierno a un nuevo magistrado y ladrón de arcas, del pobre y revolucionario Uruguay". Es lamentable que Mr. Knight se ponga a emitir juicios sobre problemas que desconocía en absoluto y que no podía de pasada dominar, debiendo aceptar algunas referencias mal intencionadas. Luego se descarga sobre la moral e integridad de los paisanos uruguayos. Grave error. Si algo tenía el criollo uruguayo era una integridad absoluta en sus convicciones, que no le permitían, ni titubear en arriesgar la vida o su bienestar por ellas.

Continuemos con la narración de Mr. Knight: ”Al entrar el sol, estábamos a la vista de nuestro puerto. Cuando nos aproximamos, el barco quedó envuelto en una nube de libélulas. El espejismo, fenómeno común en el Río de la Plata, lo observamos a lo largo de la costa. Todas las colinas parecían haberse invertido y flotar a cierta altura, en el cielo. Pasamos entre isla Lobos y Punta del Este, rodeando a la última. La primera es famosa por la cantidad de focas que allí existen. Maldonado es un puerto poco protegido. En realidad, se trata de una bahía con bancos de arena y con una pequeña isla llamada Gorriti. Ésta está llena de espárragos salvajes y conejos. En ella se perdió el barco de Nelson, "H. M. S. Agamemnon". La villa de Maldonado se encuentra algunas millas lejos de la costa y escondida detrás de los médanos. Unas pocas casas se ven en Punta del Este. El capitán Lacy y un amigo nos prometió buen sport en las lagunas existentes detrás de los médanos. Perdices, gallinetas, gansos, se encuentran en cantidades asombrosas, a veces, nos dijo. Poco después vimos un barco desmantelado, lejos en el mar, debería estar abandonado porque no contestó a nuestras señales."

"Estábamos deseosos de ir a tierra, pero no podíamos hacerlo hasta no recibir libre práctica. Esperamos doce horas. No vimos señales de vida. En el fondeadero de Punta del Este habían dos embarcaciones, sin gente a bordo. Pasaron 24 horas. Nadie se presentó. Por último un jinete apareció en la cima de un médano, nos miró por cierto tiempo y desapareció. Pasaron 48 horas. Nada. Izamos toda clase de señales y nada, nada y nada."

"En esos dos días sopló viento S.O. (pampero), que levantó mucha marejada en la bahía, lo que convirtió nuestro fondeadero en muy molesto."  "Impacientes echamos el chinchorro al agua y fuimos a la isla Gorriti para cazar conejos. Encontramos varios cañones antiguos desparramados, restos de una antigua fortificación. Al tercer día llegó un bote trayendo un oficial, quien amablemente nos dijo que era el capitán del puerto y que podíamos ir a tierra."

Luego Mr. Knight se extiende describiendo el paisaje de la zona y en una serie de agresiones estúpidas, absurdas y demorantes sobre las condiciones sociales de la población, carentes de verdad y completamente fuera de lugar.

Describe después en forma bastante acertada el estuario y habla de su tiempo. Sobre nuestros pamperos dice: "El pampero, un viento tormentoso de las pampas, es frecuente y sopla con gran violencia. En algunos casos llega a la furia de un huracán. Las crecientes y bajantes no están influenciadas por las mareas del mar, sino por la fuerza y dirección de los vientos. La marejada es cortona y desagradable y las aguas del río están llenas de camalotes."

"El 1°de enero llegamos a Montevideo —continúa—, cuyo puerto y rada encontramos lleno de barcos de guerra. Entre ellos estaba una escuadra inglesa de cinco buques. Montevideo, ofrece un aspecto agradable y recuerda a una ciudad del Oriente, con sus casas de techo bajo y muy blanqueadas. Como toda ciudad del Oriente desde lejos parece muy limpia, pero al revés de ellas, continúa siendo limpia y agradable en inspección cercana."

"Fondeamos bien adentro de la pegueña bahía gue hace las veces de puerto, y muy mal puerto, en tiempo malo, por cierto. Cuando el oficial encargado de darnos libre práctica supo gue veníamos de Río de Janeiro, guiso mandarnos a Flores para completar una cuarentena de tres días. En eso se presentó una lancha a vapor, con oficiales uniformados, quienes convencieron al doctor que, dado lo chico de la embarcación y reducido número de tripulantes, podía permitirnos desembarcar sin cumplir estrictamente con la cuarentena. El asunto así se resolvió, afortunadamente para nosotros, pues Montevideo estaba de fiesta, lleno de oficiales y marineros pertenecientes a barcos de guerra, nueve de los cuales eran ingleses."

"Se calculó gue habían desembarcado más de 5000 marineros."

Lueqo hace un elogio a la ciudad por su edificación, limpieza, parques y plazas, y describe con bastante veracidad nuestra clásica casa criolla con reminicencias árabes.

El pueblo le encanta. "¡Qué diferencia —dice—, con las ciudades del Brasil. Aguí no hay negros, ni feos portugueses. Aguí hay españoles hermosos y llenos de dignidad, aungue se nota alejo de sangre india en las clases bajas". Luego describe trajes, costumbres, etc. Creo impropia esa agresión a los brasileños gue se caracterizan por su cultura y gentileza y que lo habrían colmado de atenciones.

Luego se queja del clima, del precio elevado por el arreglo de ciertas averías, hechas durante la travesía, y pasa a describir largamente una corrida de toros.

Por último viene a Buenos Aires, y fondean en la rada entre grandes barcos. Ahora veamos sus palabras sobre nuestros ambientes náuticos de 1880:

"Grandes bugues estaban al ancla a nuestro alrededor, rolando fuertemente en las agitadas aguas con color de sopa de arvejas. Ninguna embarcación de calado considerable, puede acercarse más a la costa. Los vapores de la Mala Real, suelen vararse, aun en este lugar, conocido por rada exterior. A las 10 recibimos práctica y continuamos hacia la ciudad. La profundidad del agua gradualmente fué disminuyendo hasta gue llegamos a la rada interior, donde encontramos un gran número de bugues de menos calado, Seguimos adelantando para fondear en 14 pies de agua, frente al muelle de Las Catalinas, entre una multitud de chatas, pailebots, vapores de los ríos y toda clase de embarcación de cabotaje. Todavía nos separaba una gran distancia de la costa.

 Arriamos el chinchorro y continuamos con él a vela, hasta el extremo del muelle. El agua disminuyó tanto, que muchas veces el chinchorro tocó fondo antes de llegar al muelle. Por más de media milla navegamos entre una "flotilla" enormes de carros arrastrados por caballos y bueyes. En este extraordinario puerto de Buenos Aires, la mercadería debe ser transbordada tres veces. Primero, desde el transatlántico fondeado a unas catorce millas de distancia, rada exterior, a las embarcaciones de transbordo, pailebots, balandras, lanchas, queches y chatas. Cuando éstas no pueden adelantar más, pasan a las chatas de rueda o canoas, que la llevan hasta el vagón del ferrocarril."

"La costa está abierta a los vientos del Atlántico. Justamente al sur de la ciudad hay un pequeño río, el Riachuelo, el gue ha sido dragado para admitir embarcaciones de cabotaje. Sus orillas se han convertido en el centro de los pailebots costeros, que son construidos y eguipados allí. Una gran población se ha elevado en ese lugar conocida por la Boca, y habitada casi exclusivamente por italianos y griegos.

Tiene mala reputación, por ser la sede de sociedades secretas que emplean el degüello para arreglar sus cuentas o diferencias". Esta vez Mr. Knight está en lo cierto, pues tuve, cuando muchacho, oportunidad de oír hablar de los carbonarios y sus fechorías. Además, visité algunas casas de marineros amigos o gente de la costa, carbonarios o masones todos, en mi ambición de contemplar algunos modelos, y vi en las cabeceras de las camas revólveres y escopetas, muy limpias y brillantes, listas para entrar en actividad muchas de ellas, junto a las imágenes de los santos preferidos. El mismo Fondacaro al llegar a la Boca, en esos tiempos, sufrió algunos atentados de los que afortunadamente salió ileso. Líos de sociedades secretas.

Ahora, continuemos con el "Falcon" y Mr. Knight guien dice: "Al norte de Buenos Aires, a diez millas de este, hay otro río, el Luján, uno de los tantos canales del intricado delta. Cerca de su boca está la pequeña ciudad de San Fernando. Aguí existe un dique de carena, con materiales para construcción y eguipo de las embarcaciones. Es una especie de Chatham Argentino. Desgraciadamente la entrada del río está impedida por una barra y en ciertas oportunidades el paso es tan bajo, que barcos calando ocho pies, deben esperar dos semanas antes de poder cruzarlo. Una vez dentro del río hay agua en abundancia."

"Quedar fondeado frente a Buenos Aires, era, naturalmente, imposible. Teníamos que elegir entre la Boca o Tigre. Nos decidimos por el último que es un afluente del Luján. En su orilla y al lado de la estación de ferrocarril está la casa para guardar los botes del English Rowing Club. (Evidentemente Mr. Knight se refiere al Buenos Aires Rowing Club, que todavía mantiene su local en el mismo lugar). Nuestros amigos nos recomendaron fondear frente al mismo, por tratarse de un lugar tranguilo, donde no seríamos molestados y tendríamos la ventaja de contar con trenes gue salían a cortos intervalos para Buenos Aires."

"La noche gue pasamos fondeados frente al muelle de Las Catalinas fué tan desagradable, que apuró nuestra decisión, y al día siguiente contratamos un práctico y zarpamos rumbo a Tigre. Soplaba una fresca virazón y rápidamente nos acercamos a la boca del Luján. El práctico mantuvo constantemente el escandallo en funcionamiento. Pronto el banco formado por los aluviones se hizo presente. De dos brazas el agua bajó a 10 pies, en seguida a nueve, ocho. El práctico parecía estar ansioso.

"¿Cuánto dijo que calaba?", preguntó.

"Siete pies y medio", fué la contestación.

"Bien, puede ser que pasemos. Caeremos en el canal y pronto estaremos en agua honda. Aparte, el barro es blando aguí y nada hay que temer."

"Otra escandallada dió siete pies de agua. Casi en seguida el barco empezó a golpear, pero continuó adelantando por la acción de la fuerte sudestada y fondo blando. Otro escandallada dió seis pies y por último el "Falcón", después de intentar vanamente forzar el paso, quedó quieto, clavado en el barro con gran disgusto del práctico."

"Arriamos rápidamente las velas, mientras Jerdein (uno de la tripulación, gue estaba totalmente compuesta de aficionados), quien se había prometido una agradable noche en la ciudad con algunos viejos amigos, "cargó" al pobre práctico con su habitual elocuencia."

"La noche fué desagradable. Extendimos dos anclas y esperamos los resultados. El agua continuó bajando por tres horas después de vararnos. El viento aumentó su fuerza y silbaba en el aparejo. Al anochecer empezó a llover y el viento siguió aumentando. El asunto nos empezó a preocupar. Las olas eran cada vez más altas y en ocasiones barrían la cubierta, mientras nosotros continuábamos golpeando en el fondo. Teníamos la impresión de que el "Falcón" iba a saltar en pedazos. La suestada, soplando desde el Atlántico, directamente dentro del estuario, hace crecer rápidamente el agua del Río de la Plata, al contener las corrientes que se dirigen al océano, y las devuelve en dirección del delta. A las cuatro horas el agua empezó a crecer y nuestro barco estuvo a flote una vez más, dos horas después, aguantando con dos anclas y golpeando de cuando en cuando el fondo con la quilla. Las anclas agarraron bien y nos trajeron algo la tranquilidad, que carecíamos porque veíamos una costa a sotavento."

"Al amanecer el viento moderó algo y saltó al N.E. El agua empezó a bajar nuevamente. Viramos a las anclas y continuamos rumbo a una boya que marca la entrada del canal, pero no sin dejar de tocar algunas veces fondo. Por último entramos al Luján, un río más bien angosto con sus costas llenas de bosques de sauces llorones. Al llegar a la boca del arroyo Tigre, tomamos por este y unos cientos de yardas más, dejamos caer el ancla frente a la casa del club de remo. Atracamos al costado de la costa, pusimos dos anclas, una por proa y otra a popa y amarramos a los árboles."

"Al contemplar el lugar de nuestro fondeadero quedamos muy contentos. Era el más abrigado que "Falcón" conoció. Las orillas del río estaban densamente tapizadas de sauces llorones y otros árboles, mientras gue hermosas villas (chalets) se veían desparramadas por todos lados, adornadas de lindos jardines, con flores gue se extendían hasta el borde del agua. El capitán de puerto Tigre vino, inspeccionó nuestros papeles y nos dió libre práctica. Por lo tanto, podíamos tomar el tren e irnos a Buenos Aires. Al desembarcar y examinar el lugar, comprobamos que era una región completamente diferente a todas las que habíamos conocido. Este delta del Paraná es una vasta y plana región, gue apenas se eleva dos pies sobre el nivel de las aguas normales, interceptada por innumerables arroyos y canales cuyas aguas corren tranguilamente entre las islas. La más rica porción de este laberinto, infestado de mosguitos, y la más densamente poblada, está en la vecindad de Tigre. Realmente, es una bella región llamada la Venecia de Sud América. Las islas se hallan cubiertas por prodigiosa vegetación y bosques de frutales. El agua de aluvión es tan rica para ella como la del Nilo lo es para las tierras de Egipto."

"Inmigrantes franceses e italianos poseen muchas de estas islas y explotan gran cantidad de árboles frutales y otros vegetales. Cada familia tiene una pequeña isla circundada por arroyos, un verdadero paraíso entre sauces llorones. Las casas son lacustres y elevadas a una altura superior a las altas mareas. Los más encantadores rosales y otras plantas de flores crecen con abundancia en sus alrededores. El medio de comunicación es por agua. Todas las mañanas  se pueden ver canoas tras canoas, cargadas con frutas y flores yendo lentamente por los canales rumbo al mercado, con su propietario cantando alegremente mientras rema."

"Hay allí una peculiar belleza de ensueño, en esa encantadora región gue impresiona a los visitantes.

La gente de Buenos Aires está muy orgulloso y guiere, con extraordinario cariño, a ese Tigre. Las orillas de sus ríos es el punto de reunión durante los domingos y allí se ven numerosos picnics, durante el veran
o."

Esta es nuestra región, descripta en 1880, por uno de los yachtsmen ingleses más populares del mundo.  En ella germinó nuestro yachting a través de sus influenciadas, atractivas y tentadoras aguas.

Es evidente gue si los amigos de Mr. Knight, aconsejaron a éste llevar su "Falcón" a Tigre, lo hicieron porgue esa región era un centro de yachting reconocido, aungue no existiera todavía un Yacht Club gue actuara oficialmente.

Las embarcaciones a vela fondeaban en las orillas del río Luján y navegaban desde la boca del mismo hasta las cercanías de Anchorena, mientras gue los vaporcitos o lanchas a vapor, como se les llamaban, lo hacían por los arroyos o canales.

Al dejar de hablar sobre este yachting tranguilo y sedante, haré una descripción somera de las máguinas empleadas, la mayoría venidas de Inglaterra, por estos vaporcitos, gue me sugestionaron durante toda mi niñez, habiendo hecho algunos modelos en los gue instalaba motorcitos, cuyo funcionamiento me enloguecían de entusiasmo.

La mayoría de estos vaporcitos o lanchas a vapor eran abiertos, como botes, pero tenían invariablemente popa cola de pato, y algunos proas rectas o de clippers, e invariablemente hechos de madera y los más modernos alcanzaron a poseer motores de doble expansión. Pocas veces desarrollaban velocidades arriba de diez millas. Los yachtsmen veleros hacían una guerra a muerte a los "vaporcitos". Los acusaban de destruir el espíritu de la navegación a vela. Expresiones como la siguiente predominaban: "Qué clase de sangre corre por las venas de esos hombres gue cambian la excitante navegación a vela por el monótono privilegio de ser llevado por una pava de agua hirviendo”. En algunos libros y revistas habían expresiones demasiado fuertes contra los condenados gue navegaban a vapor.

Una caldera tubular, en forma de serpentina. A su derecha un separador de vapor que quedó en desuso después de 1882. Arriba, en la chimenea, el contrapeso para bajarla al pasar bajo los puentes.

Las lanchas a vapor más chicas tenían unos 20 pies de eslora, pero todas debían ser manejadas, según ley, por maguinistas idoneos. En Europa y Estados Unidos, donde no abundaba la madera como en nuestras islas, ante un mal cálculo de combustible, era común gue se vieran obligados a guemar asientos y pisos para llegar a puerto. Por el año 1890 aparecieron las lanchas a vapor de nafta, sumamente peligrosas. De una por lo menos, sé gue voló en Tigre.

Una breve descripción de su mecanismo y funcionamiento no está demás. El pegueño motorcito, todo reluciente, de bronce, estaba instalado completamente en popa. En el otro extremo, en proa, se encontraba el tangue de nafta.

   

Uno de los motores a vapor mas chicos (izq) y un motor a vapor de doble expansion, empleado por los vaporcitos mas grandes o poderosos. Su velocidad pocas veces pasaba de 8 a 10 millas.

Un caño de nafta gue salía de éste, iba por afuera a lo largo de la guilla hasta el motor. Paralelos a él corrían caños condensadores para llevar la nafta, no consumida por el motor, nuevamente al tangue en su condición de líguida, gue había perdido, para actuar. En la parte superior del tangue entraba un caño gue venía de una bomba de aire. También de la parte superior del tanque salía otro caño que terminaba bajo la "caldera". En realidad, ésta era una serpentina. El caño mencionado estaba agujereado, para actuar de quemador. Con la bomba de aire se daban tres o cuatro golpes de bomba (teóricamente, en la práctica eran más).

El aire pasaba luego por sobre la nafta, se impregnaba de ésta, y se convertía en gas combustible; luego, porzado por la bomba, salía por el otro caño hasta llegar a los quemadores, donde se le prendía con un fósforo. A los tres minutos de estar encendido calentaba la serpentina en la forma requerida. Entonces se habría la válvula del caño de nafta mencionado que venía por afuera, una bomba de nafta forzaba a la serpentina calentada, donde instantáneamente se convertía en vapor. Entonces una parte se inyectaba en la cámara del cilindro por medio de una válvula y la otra se mandaba a los quemadores, bajo la serpentina para continuar el funcionamiento.

Respecto a la bondad de este motor los comentarios de la época no son nada favorables.

Poco después aparecieron las lanchas eléctricas, que tenían sus sentinas llenas de baterías, y que fueron rápidamente desplazadas por el motor a explosión interna, que más tarde se convirtió en el soberano de la situación.

El lector se preguntará: ¿Por qué le da tanta preponderancia a los vaporcitos, cuando nos va a hablar de la fundación del primer yacht club del país? Por una cosa muy sencilla y asombrosa. Cuando se fundó el club se inscribieron en su registro para disfrutar de sus privilegios, más yachts a vapor o lanchas a vapor, que yachts a vela, y es mi deseo recalcar el ambiente predominante entonces.

En capítulo aparte, trataremos los veleros. Basta agregar que la existencia del yacht club era algo quese caía de maduro dado el número de yachts a motor o vela que navegan las aguas cercanas a Buenos Aires o Tigre.

 

 

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