Historia y Arqueología Marítima
YACHTING - ALGO SOBRE SU HISTORIA

☆ por Julio Martínez Vázquez- Publicado en 20 capitulos en la revista Yachting Argentino- 1940/41
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Hemos llegado en estas evocaciones a una época en que
corresponde hablar de lo nuestro, ya que en los tiempos de apogeo del
Britannia, el ancla del yachting argentino había agarrado fondo y en
firme.
Vaporcito Gobernador Ugarte - 24 de Enero de 1931 Los tales "vaporcillos" tigreros, quemaban sin excepción leña, entonces muy abundante y barata en las islas del delta. Yo alcancé a conocer algunos. Además de salir con su stock, cuando creían necesario se amarraban a una isla, donde ya estaba apilada gran cantidad de leña lista para el embarque. A las pitadas del "vaporcillo" aparecían los carapachayos, hoy isleños, y empezaban a revolear astillas con vertiginosa velocidad, que eran rápidamente estibadas, y el barquito continuaba su marcha.
Motor a vapor de nafta. Su principal característica era una marcada afección a volar o quemar al que lo manejaba, que de acuerdo a los preceptos vigentes, entonces, debía vestir de riguroso uniforme: pantalón de franela bien planchado, saco azul cruzado, gorra de almirante, camisa, corbata, etc. El traje más indicado para lidiar con estas bestias y soportar sus explosiones de ira acompañadas de llamas y humo. Los recuerdos con sus calderitas, la mayoría en sentido vertical, forradas de madera en forma de duelas barnizadas como muebles, forro destinado a contener la tierra refractaria que aislaba el calor. Su motorcito, de uno o dos cilindros, de 3 a 10 H.P., era de bronce; también lo eran las chimeneas y aros que sostenían las duelas, todo brillante como espejo. El valor de la máquina, incluyendo caldera, instalación, etc., no pasaba de $4 a 5.000 m/n. de nuestra actual moneda. Estas máquinas iban siempre al descubierto, pero en algunos casos se les reparaba con toldos o toldillos. Una carroza a popa para resguardo de dueños e invitados, solían llevar cuando la eslora lo permitía, pues las máquinas y carboneras o leñeras exigían mucho espacio. Los más chicos tendrían 20 pies de eslora. A estos vaporcitos siguieron otros que evaporaban en lugar de agua, nafta o alcohol, algunos de los cuales alcancé a ver en Tigre. En ellos se reducía enormemente el espacio ocupado por las máquinas, pero su tendencia a volar no le dieron muchos partidarios. Intermediarios entre éstos estaban los que quemaban querosén o nafta para calentar la caldera a agua, en lugar de carbón de piedra o leña, pero dada la abundancia de leña en Tigre, solamente eran empleados por los muy chicos, y por propietarios muy adinerados. En algunos casos usaban carbón de piedra que valía unos $ 20 la tonelada.
Un vaporcito de los mas chicos, de construccion norteamericana.1880. La primera práctica de yachting, en la verdadera acepción de la palabra, en nuestro país y de la que ha quedado constancia, se debe a un ministro inglés que regaló a Manuelita Rosas, hija de Don Juan Manuel, en los tiempos que éste gobernaba, un vapor-cito, para que paseara por los lagos de Palermo, donde tenía su residencia. Desgraciadamente, la interesante casa, de valor documental, que cuando conocí estaba ocupada por la Escuela Naval, fué demolida junto con otras reliquias, poniendo en evidencia, los que ordenaron tal cosa, una ignorancia sobre lo que representa la conservación de históricos edificios tan liqados a la tradición de la Nación. Se elevaba esa casa, en la que Rosas pasó qran parte de su vida, en la esquina de Avenida Alvear y Avenida Sarmiento, donde actualmente se encuentra la estatua de Sarmiento. La prueba de que Tigre era un centro de yachting, lo confirma el gran yachtsman y escritor inglés E. F. Knight, quien en su libro "The Cruise of the Falcon", una de las obras más populares de la literatura del yachting, consistente en la descripción de un viaje desde Southampton hasta la Asunción, con el yawl Falcon de 18 toneladas de registro, efectuado en 1880. M. Knight pinta en él con profusión de detalles, la bahía de Maldonado, Montevideo, el Río de la Plata, una entrada al Luján, por frente San Fernando y por último Tigre, donde se le indicó que llevara su barco evidenciando así que se consideraba esa región un centro de yachting o algo parecido. Resulta siempre interesante conocer a través de su pluma datos de entonces, correspondientes a nuestros actuales centros de yachting. (N.R.Hormiga negra escribio para Bienvenido a Bordo una traduccion de este libro con sus comentarios personales, en varios capitulos, traten de encontrarlos, muy buenos!). "En la mañana del 26 de diciembre —dice—, percibimos las costas del Uruguay a nuestro estribor. Al acercarnos pudimos deducir a qué clase de país habíamos llegado. El clima, el color del cielo y el aspecto de la vegetación nos indicaron que habíamos dejado los trópicos. Era una costa baja, con dunas, médanos de arena y algunas colinas en el fondo, de aspecto desierto, donde predominaban los cardos. Toda esta salvaje costa es de mala fama hasta la frontera con el Brasil y el terror de los marinos. Las corrientes son fuertes e inconstantes. Hay muy pocos puntos de referencia en tierra y los desastres marítimos son frecuentes. En la costa, a lo largo de las rompientes se pueden percibir los restos de muchos barcos desgraciados. Una calamidad es para el marinero que naufraga en esta inhospitalaria región. Sus únicos habitantes son gauchos salvajes, profesionales del raqueo, cuando no están ocupados en el trabajo de devastar su patria en pillajes, bajo la bandera de sus caudillos, que viven en perpetua lucha, para llevar al gobierno a un nuevo magistrado y ladrón de arcas, del pobre y revolucionario Uruguay". Es lamentable que Mr. Knight se ponga a emitir juicios sobre problemas que desconocía en absoluto y que no podía de pasada dominar, debiendo aceptar algunas referencias mal intencionadas. Luego se descarga sobre la moral e integridad de los paisanos uruguayos. Grave error. Si algo tenía el criollo uruguayo era una integridad absoluta en sus convicciones, que no le permitían, ni titubear en arriesgar la vida o su bienestar por ellas. Continuemos con la narración de Mr. Knight: ”Al entrar el sol, estábamos a la vista de nuestro puerto. Cuando nos aproximamos, el barco quedó envuelto en una nube de libélulas. El espejismo, fenómeno común en el Río de la Plata, lo observamos a lo largo de la costa. Todas las colinas parecían haberse invertido y flotar a cierta altura, en el cielo. Pasamos entre isla Lobos y Punta del Este, rodeando a la última. La primera es famosa por la cantidad de focas que allí existen. Maldonado es un puerto poco protegido. En realidad, se trata de una bahía con bancos de arena y con una pequeña isla llamada Gorriti. Ésta está llena de espárragos salvajes y conejos. En ella se perdió el barco de Nelson, "H. M. S. Agamemnon". La villa de Maldonado se encuentra algunas millas lejos de la costa y escondida detrás de los médanos. Unas pocas casas se ven en Punta del Este. El capitán Lacy y un amigo nos prometió buen sport en las lagunas existentes detrás de los médanos. Perdices, gallinetas, gansos, se encuentran en cantidades asombrosas, a veces, nos dijo. Poco después vimos un barco desmantelado, lejos en el mar, debería estar abandonado porque no contestó a nuestras señales." "Estábamos deseosos de ir a tierra, pero no podíamos hacerlo hasta no recibir libre práctica. Esperamos doce horas. No vimos señales de vida. En el fondeadero de Punta del Este habían dos embarcaciones, sin gente a bordo. Pasaron 24 horas. Nadie se presentó. Por último un jinete apareció en la cima de un médano, nos miró por cierto tiempo y desapareció. Pasaron 48 horas. Nada. Izamos toda clase de señales y nada, nada y nada." "En esos dos días sopló viento S.O. (pampero), que levantó mucha marejada en la bahía, lo que convirtió nuestro fondeadero en muy molesto." "Impacientes echamos el chinchorro al agua y fuimos a la isla Gorriti para cazar conejos. Encontramos varios cañones antiguos desparramados, restos de una antigua fortificación. Al tercer día llegó un bote trayendo un oficial, quien amablemente nos dijo que era el capitán del puerto y que podíamos ir a tierra." Luego Mr. Knight se extiende describiendo el paisaje de la zona y en una serie de agresiones estúpidas, absurdas y demorantes sobre las condiciones sociales de la población, carentes de verdad y completamente fuera de lugar. Describe después en forma bastante acertada el estuario y habla de su
tiempo. Sobre nuestros pamperos dice: "El pampero, un viento tormentoso
de las pampas, es frecuente y sopla con gran violencia. En algunos casos
llega a la furia de un huracán. Las crecientes y bajantes no están
influenciadas por las mareas del mar, sino por la fuerza y dirección de
los vientos. La marejada es cortona y desagradable y las aguas del río
están llenas de camalotes." Arriamos el
chinchorro y continuamos con él a vela, hasta el extremo del muelle. El
agua disminuyó tanto, que muchas veces el chinchorro tocó fondo antes de
llegar al muelle. Por más de media milla navegamos entre una "flotilla"
enormes de carros arrastrados por caballos y bueyes. En este
extraordinario puerto de Buenos Aires, la mercadería debe ser
transbordada tres veces. Primero, desde el transatlántico fondeado a
unas catorce millas de distancia, rada exterior, a las embarcaciones de
transbordo, pailebots, balandras, lanchas, queches y chatas. Cuando
éstas no pueden adelantar más, pasan a las chatas de rueda o canoas, que
la llevan hasta el vagón del ferrocarril." Tiene mala reputación, por ser la sede de sociedades secretas que
emplean el degüello para arreglar sus cuentas o diferencias". Esta vez
Mr. Knight está en lo cierto, pues tuve, cuando muchacho, oportunidad de
oír hablar de los carbonarios y sus fechorías. Además, visité algunas
casas de marineros amigos o gente de la costa, carbonarios o masones
todos, en mi ambición de contemplar algunos modelos, y vi en las
cabeceras de las camas revólveres y escopetas, muy limpias y brillantes,
listas para entrar en actividad muchas de ellas, junto a las imágenes de
los santos preferidos. El mismo Fondacaro al llegar a la Boca, en esos
tiempos, sufrió algunos atentados de los que afortunadamente salió ileso.
Líos de sociedades secretas.
La mayoría de estos vaporcitos o lanchas a vapor eran abiertos, como botes, pero tenían invariablemente popa cola de pato, y algunos proas rectas o de clippers, e invariablemente hechos de madera y los más modernos alcanzaron a poseer motores de doble expansión. Pocas veces desarrollaban velocidades arriba de diez millas. Los yachtsmen veleros hacían una guerra a muerte a los "vaporcitos". Los acusaban de destruir el espíritu de la navegación a vela. Expresiones como la siguiente predominaban: "Qué clase de sangre corre por las venas de esos hombres gue cambian la excitante navegación a vela por el monótono privilegio de ser llevado por una pava de agua hirviendo”. En algunos libros y revistas habían expresiones demasiado fuertes contra los condenados gue navegaban a vapor.
Una caldera tubular, en forma de serpentina. A su derecha un separador de vapor que quedó en desuso después de 1882. Arriba, en la chimenea, el contrapeso para bajarla al pasar bajo los puentes. Las lanchas a vapor más chicas tenían unos 20 pies de eslora, pero todas
debían ser manejadas, según ley, por maguinistas idoneos. En Europa y
Estados Unidos, donde no abundaba la madera como en nuestras islas, ante
un mal cálculo de combustible, era común gue se vieran obligados a
guemar asientos y pisos para llegar a puerto. Por el año 1890
aparecieron las lanchas a vapor de nafta, sumamente peligrosas. De una
por lo menos, sé gue voló en Tigre.
Uno de los motores a vapor mas chicos (izq) y un motor a vapor de doble expansion, empleado por los vaporcitos mas grandes o poderosos. Su velocidad pocas veces pasaba de 8 a 10 millas. Un caño de nafta gue salía de éste, iba por afuera a lo largo de la guilla hasta el motor. Paralelos a él corrían caños condensadores para llevar la nafta, no consumida por el motor, nuevamente al tangue en su condición de líguida, gue había perdido, para actuar. En la parte superior del tangue entraba un caño gue venía de una bomba de aire. También de la parte superior del tanque salía otro caño que terminaba bajo la "caldera". En realidad, ésta era una serpentina. El caño mencionado estaba agujereado, para actuar de quemador. Con la bomba de aire se daban tres o cuatro golpes de bomba (teóricamente, en la práctica eran más). El aire pasaba luego por sobre la nafta, se impregnaba de ésta, y se convertía en gas combustible; luego, porzado por la bomba, salía por el otro caño hasta llegar a los quemadores, donde se le prendía con un fósforo. A los tres minutos de estar encendido calentaba la serpentina en la forma requerida. Entonces se habría la válvula del caño de nafta mencionado que venía por afuera, una bomba de nafta forzaba a la serpentina calentada, donde instantáneamente se convertía en vapor. Entonces una parte se inyectaba en la cámara del cilindro por medio de una válvula y la otra se mandaba a los quemadores, bajo la serpentina para continuar el funcionamiento. Respecto a la bondad de este motor los comentarios de la época no son
nada favorables.
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